Da miedo no tenerle miedo a nada.

Me habría pasado horas mirándote.
No había sol, tampoco era necesario para verte brillar. Tu piel hablaba de ti tanto como tus ojos.
Pero no podía ver tu mirada, porque los tenías cerrados.
¿Alguien sabe cómo se guardan los instantes para hacerlos eternos?
Aquel fue digno de guardarlo para siempre.
Una sonrisa en tu rostro, que surgía, como si nada, tras el tacto de mi piel. Me sentí tan parte de ti, que por un momento, pensé que éramos la misma persona.
¿Has tenido alguna vez la sensación de que te sobraría el aire? ¿De que podrías existir a base de besos? ¿De que el mundo dejaría de girar por un instante y frenaría, justo bajo tus pies?
De volar.
Me habría pasado horas y horas a tu lado, sin hacer absolutamente nada. Porque hacer nada contigo era mucho más que hacerlo todo con cualquier persona. 
Tus brazos en mi cintura, tus labios en mi piel. ¿Se puede pedir más?
Tener la seguridad de ya no tener miedo de nada. De vivir de sueños, de contemplar momentos, de lograr imaginar cualquier instante y hacerlo perfecto. De caminar sin rumbo aun sabiendo que cualquier meta será la correcta. ¿No lo entiendes? No es necesario abrigo para cubrir el frío, ni paraguas para no mojarse con la lluvia, tú eres todo lo que me hace falta cuando lo único que quiero es ser feliz.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.