lunes, 8 de abril de 2013

Te hundes.

Te siento, a veces, tan lejana. Me da miedo, te sumerges y te hundes, y yo no tengo el valor de sacarte a flote. Temo a hundirme si no consigo rescatarte. Te podría salvar mil veces, y arriesgar, sacrificar muchísimas cosas, como he hecho demasiadas veces. Y aunque tú no te des cuenta, siempre he caminado a tu lado, callada incluso intentando comprender tu silencio. Dándote palabras aunque no las quisieras escuchar, o no las necesitaras. He dado lo mejor de mí contigo, y aunque tuviera un mal día, mil problemas e incluso estuviera enfadada contigo, jamás te he dedicado una palabra distante, fría.  Es por eso que a veces se cansan mis brazos de luchar por ti, por ambas. A veces necesito que seas tú quien tire de ésto, quien cargue conmigo sobre las espaldas. Necesito sentir que me sujetará tu mano cuando me pierda y me encontrarás. Necesito que tenga sentido para ti también la palabra mejor amiga, que siga latente y que por mucha distancia que nos separe a veces, todo volverá a ser lo de antes. Te necesito aunque no sea de las que piden ayuda. Necesito saber que tienes ilusiones y ganas de vivir. Necesito que le mires a él y seas capaz de contemplar la suerte que tienes al estar con una persona que te da tanto. Mantente en pie, por favor, y deja tus cumplejos, tus manías y tu tristeza aparcada. Él necesita de tus brazos para continuar, eres donde quiere apoyarse cuando añore refugiarse de todos los problemas. Sé su luz, por favor, y demuéstrale que la vida se compone también de instantes perfectos. No te vayas, porque te quiero. No te vayas, porque mereces ser feliz, aunque no te comprenda, aunque no me comprendas, aunque te vayas y después vuelvas...
Necesito verte sonreír una vez más.

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