Tiró el cuchillo al suelo y sonrió.
- Ya está.
Pero no había acabado, no todavía. Jack cogió la espada y la lanzó al mar, y después observó el cuchillo.
- Alguien podría vernos por aquí.
- ¿Confías en mí?
- Sí.- No fue una afirmación, más bien lo dije en tono pregunta. Él se hizo el sordo y continuó caminando. No sabía dónde estábamos. - ¿Por aquí es por donde habíamos venido?
Se giró bruscamente y contempló mis pupilas prendidas en él.
- Creo que sí, no estoy seguro. De todos modos, aquí no podrían encontrarnos.
Estábamos cubierto por una especie de cueva, un gran refugio, donde se mantenía el calor. Menos mal, porque el frío había empezado a calar mis huesos.
- ¿Estás bien?- dijo de repente. Le miré, serena, y no articulé palabra, pero asentí con la cabeza.- Yo tengo miedo también, Ayla, pero no nos quedaba otra opción.
Sonreí triste, y con la mirada melancólica miré a nuestro al rededor.¿ Cómo coño habíamos llegado hasta allí?
- ¿Recuerdas eso que te conté sobre lo que me decían mis padres de pequeña?
- Eso de que ante todo siempre tendrías que ser fuerte.
- Sí- dije con la voz temblorosa, paseando un palo por la tierra que había bajo nuestros cuerpos- No los entendía. Creía que ser fuerte sería afrontar problemas adolescentes, corazones rotos, amistades perdidas, malas notas, incluso problemas familiares, la muerte de alguien....Pero ahora sé a qué se referían cuando decían aquello sobre la fortaleza.
- ¿Qué es lo que piensas ahora?
El cielo se veía infinito desde un trozo de piedra que había caído. Desde allí podíamos ver las estrellas posadas sobre nuestras cabezas. Sentí la magia recorriéndome la sangre y por un momento sentí miedo al comprender que habitaba en mí, por primera vez en días, un sentimiento que no era malo. Jack me miró confuso, curioso, tal vez.
- Pienso que ser fuerte es esto, abandonar todo lo que tienes para luchar por aquello que estás dejando atrás. Me ha costado olvidarme de todo aquello, llegar hasta aquí, pero...al fin y al cabo si estoy aquí no es solo por mí, ellos son el primer motivo.
- Lo mismo que te hace marcharte es lo primero que te hace querer volver.
- Ser débil sería volver. Ya sé a qué se referían. Tengo que quedarme.
- Ser fuerte será llegar hasta el final, aunque eso suponga...
- No le tengo miedo a la muerte, ¿sabes? Nada- hablé segura de mí misma, con una confianza que en mí jamás tuve antes, hablaba firme, como si me hubiera aprendido un guión de memoria y fuera capaz de recitarlo- Lo único a lo que le tengo miedo es a la vida. Temer a la muerte es como temer a la oscuridad. En la oscuridad no hay nada que podamos ver, con la luz es cuando vemos realmente cómo son las cosas, aunque duelan. Con la vida y la muerte pasa más o menos algo así...Lo difícil es mantenerte en pie en la vida, una vez muerto ya no existes, si no existes no puedes luchar por sobrevivir. Es una antítesis extraña, pero supongo que nadie debería temer a la muerte.
- Hablas como si no te diera miedo nada.
- Tú eres el experto en ser ajeno a todo, ¿a caso tú le temes a algo?
- A lo único que temo esta noche es a ti.
Le miré a los ojos y tuve la sensación de que sus pupilas me atravesaban el alma de una pasada.
- ¿A mí?
Asintió en silencio, su pregunta me dejó descolocada. ¿Qué había querido decir con ello? Yo jamás había sido valiente ni especial. Tal vez no me tenía miedo a mí, tal vez se lo tenía  a ese sentimiento confuso que había comenzado a nacer en las palabras, miradas y gestos de complicidad. Haber estado perdidos en nosotros mismos durante aquellos meses, en aquella isla, había hecho que nos encontráramos. No le pregunté más, tampoco lo necesité. Era la suficientemente astuta como para saber que jamás me diría algo así, así que le miré en silencio, contemplándolo a la luz de las estrellas.
- Creo que ya sé por qué me tienes miedo- dije- ¿Y sabes? Yo también te tengo miedo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.