sábado, 13 de abril de 2013

Me haces sentir.


-     -  Me haces sentir que no voy a querer conocer besos de otros labios nunca más.
Le miré en silencio, quedando prendida de su sonrisa. A veces, cuando me decía cosas bonitas, dudaba en si tomármelo en serio. Pero sus ojos se clavaban con tanta fuerza en mí, que me era imposible imaginar que estuviera mintiendo. 
Miré al cielo. Parecía infinito, encima de nosotros. Acechando a nuestros cuerpos, brillando por encima de todo, almacenando cada pequeña estrella.

 -  Yo tampoco soy capaz de imaginarme besando los labios de alguien que no seas tú.-dije sin mirarle. Noté su sonrisa desde el otro lado, y apretó aún más sus brazos, estrechándome hacia él.    - No había tenido nunca antes la sensación de paz que tengo cuando te abrazo, te lo juro. - sonreí. Me gustaba cuando me decía que le hacía feliz. Porque verle feliz era de las cosas que más me importaban en la vida. Me giré para mirarle a los ojos. 
             - ¿Quién nos lo iba a decir a nosotros, eh
   -  Quién nos lo iba a decir…- repitió él tomando mi cara y acercándome aún más a él. Me besó. Cuando me besaba sentía que el resto del mundo se hacía invisible. ¿Alguna vez habéis sentido en cada beso que el mundo queda prendido de vosotros? Ya sabéis, como si todo girara a vuestro alrededor. Como si fueseis en sintonía con el mundo entero. Esa era la sensación que se me agarraba a las costillas cuando sus labios rozaban los míos. Decíamos tanto solo con ese pequeño roce. Dos labios que se buscan y se encuentran, que parecen que existan solo para encontrarse, haciendo de las cosas difíciles algo tan simple como respirar, coger aire. 

     Le miré y apoyé mi frente en la de él. Así quería recordarle siempre, a dos centímetros de mi cara, con una sonrisa en su faz y otra en mi rostro. Siendo espectadores de un momento perfecto. Brillábamos como esas estrellas que amenazaban con eclipsarnos. Pero dudo que alguien pudiera brillar en ese instante más que nosotros. 

-       -  Pase lo que pase en un futuro, yo te voy a recordar así.
-        - ¿Así, cómo?
-      -  Abrazado a mí, feliz. Te voy a recordar sonriéndome como si no existiera un mañana. Pase lo que pase te recordaré sonriendo, a centímetros de mi boca. Respirando, dejando tus huellas dactilares en mi piel. 

     Sonrió tanto que hasta la luna pudo tener envidia de la luz de sus dientes. Pero me hizo feliz saber que podría guardar aquello para siempre, en mi mente. Fotografiarle sin necesidad de cámaras, almacenando en el corazón detalle a detalle, el tacto de su piel, el calor de sus labios en mi cuello, o el simple pestañeo de sus ojos.
    Sabía que él era diferente al resto. Y sabía que a cada día que pasara, podría entender mejor por qué le escogí a él.   

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