Me salvas.

Vienes y me salvas. Como si hubieras nacido para ello, me sujetas con tus manos y el universo se hace más soportable. Eres mi ángel guardián. Eres quien mece mis palabras y le da sentido a ésto que me pasa. Aunque esté hundida, tú sabes cómo sacarme a flote. Y las milésimas de segundo en las que reímos juntos se vuelven mágicas. Consigues que aunque no vea el camino sienta ganas de avanzar hacia adelante. Te transformas en algo tan imperceptible al ojo humano que solo puedo sentirte. Y me basta con oírte latir aquí, en mí. Haces que los jueves, que odio, se vuelvan más fáciles. Haces con tus besos instantes dignos de ser recordados. Me salvas del naufragio, y estás ahí, a mi lado, sujetando mis sueños. Convenciéndome a besos. Inventándote bromas. Diciéndome cosas que nadie me había dicho nunca mirándome a los ojos. Lo haces todo tan fácil que mi corazón se balancea en tus pupilas. Y le agradezco al destino que seas tú quien se haya cruzado en mi camino. ¿Sabes? Yo también me he encontrado a mí cuando te he encontrado. Yo también soy feliz cuando estoy a centímetros de ti. Tanto, que te quiero decir tantas cosas que no salen mis palabras. Tanto, que le das sentido a mi razón, y le das aire a mis palabras. Tú me haces fuerte.
 Me haces valiente, me haces volar. ¿Qué has visto en mí? No lo sé. Pero no importa.
Estás aquí. Y entonces hasta la piel sobra. 

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