jueves, 4 de abril de 2013

Ve en mí lo que yo no he sido capaz de ver nunca.

Me miraba en el espejo y sentía que jamás nadie podría quererme.
Odiaba muchas cosas de mí, tantas, que un día dejé de contarlas.
Odiaba desde mis piernas hasta mi nariz, y nunca encontré nada que a alguien pudiera atraer. Pero, ¿qué sucede cuando alguien te dice que le gustas tal como eres?
Nunca he sabido qué decir, qué hacer, porque nunca he sido capaz de quererme.
Lo único que tengo claro cada vez que me dice todo eso, es que le quiero. Le quiero porque es capaz de ver en mí lo que yo nunca veo, y es capaz de bajar el cielo sin apenas alzar los abrazos. ¿Dónde está la línea que separa lo eterno de lo efímero? ¿Lo real de lo imaginario? ¿La perfección de la imperfección? Jamás lo supe. Lo único que tenía claro es que reinaba una seguridad enorme en mí cada vez que sus manos me sujetaban, como queriéndome acercar a él, tanto, que nuestros labios pudieran fusionarse. Lo único que sabía es que me daba igual cómo me pudiera ver yo en el espejo, lo único que me importaba era qué imperfecciones podría adorar él de mí.
Me da la fuerza que no tengo, el valor que escondo, la seguridad en mi propio miedo. 

Me da tanto con cada gesto, que me parece increíble poder tocar y sentir con mis manos y mis labios mi propio cielo. 




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