viernes, 8 de abril de 2016

A mi gloriosa manía de tirarlo todo por la borda. Al universo, que está en contra.

Quizá menos sensata que entera,
 sacudiéndome las heridas con alcohol del malo,
pero ya sin ponerle precio a la conciencia,
relajándome en la arena después de tantas tormentas,
sin encontrar la paz en ninguna huella. 
Tan incoherente era la lógica aplastante
que me derrumbó
que me tiraste antes de darte cuenta
por el agujero negro de todas mis señales.
Te prohibo tener recuerdos, Noelia
por si alguien los utilizara en contra un día
y llamase experiencia a los errores
que sólo son la decadencia de un pasado desafortunado. 
Quizá si entonces
hubiera habido alguien
que dijera algo más que
todo pasa
todo habría sido diferente.
Ya sabía que todo iba pasar, porque todo pasa,
y el tiempo es oro y verdad.
No necesitaba que nadie tirase de mis fracasos,
yo sola ya sostenía la guitarra de las composiciones rotas.
No hacía falta romper más cuerdas,
no hacía falta.


De veras que no sé si entender lo que he escrito, 
quizá entenderlo dolería más. 


Así que esta noche voy a dejarlo aquí
porque no puedo- ni quiero - más. 








Quien tenga buenas noches, que las tenga.
Algunos vivimos solo noches.



Todo depende
de la decadencia
del universo
y el momento 
jodidamente
imperfecto
en el que te encuentres.

Del resto que se ocupe la mente capaz de descifrar lo que acabo de vomitar en forma de letras. 
Hasta parecería poesía,
en otra vida, claro.




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