No sé ser yo cuando soy.

Círculo muerto de las mil versiones de mí que nunca se han parecido a quien soy.

Me detesto al lamerme las heridas,
supongo que es parte de esta vida,
perder las piedras que marcaban el camino de vuelta a mí misma.

Lo más curioso es que no sé si fue cobarde o no bañar mi estupidez de poemas, sin declararme culpable de mi inocencia. Aun sabiendo que si nadie sabía quién era nadie me querría jamás por la verdadera.

La que no existe fuera de sí misma.
La que no me devuelve la mirada en el espejo,
ella.

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