domingo, 31 de mayo de 2015

Si algún día vuelves a leerme y llegas hasta aquí, perdóname por escribir(te).






Perdóname por usar esta fotografía, pero recuerdo este día como uno de los mejores que hemos vivido.
Tan nuestro. Con tanto sentido como tenía para nosotros hacer estas locuras.
Perdóname.




Hoy voy a desnudarme la piel, y por qué no, los versos.
Dicen que muchas veces tienes que darte de bruces para entender las cosas. Bueno, quien dice muchas veces, dice siempre.
Me encantaría, de veras, decirte que estoy bien del todo. Recuperada. Que no quedan grietas en mis cimientos, que he podido mirar hacia nuestra vida sin romperme. Que no me hiere tu indiferencia ni tu huida. Pero te estaría mintiendo.
Desde que te fuiste me he pasado los meses fingiendo que no pasa absolutamente nada. Que que te fueras es algo natural y que te dije adiós con una sonrisa. Me he convencido -y les he convencido- de que estoy bien. Y me he hecho a la idea- encargándome de que todos lo sepan- de que no vas a volver. 
Hoy dueles como duelen mil cicatrices concentradas en un solo punto de la piel.
Sigues escociéndome como aquel ocho de diciembre. Tu adiós resonaba en cada rincón de la ciudad y me cerraron todos los bares. Tuve que ahogar mis penas en lágrimas, porque el alcohol se quedó corto de verdades. Te grité. Grité tu nombre tantas veces cada madrugada que me quedé afónica. Y en el corazón también,ahí perdí completamente la voz. He intentado hacer como que no vas a volver, esperando en el fondo que algún día vengas a decirme que te equivocaste. Pero nadie se marcha para después volver como si nada, ni si quiera tú.
Muchas veces me pregunto si seguirás tecleando 'la chica que no sabía llorar' en el buscador. Si tu historial estará lleno de estos versos estúpidos, o si ya ni si quiera tienes esas ansias de leer(me). Ojalá ya no necesites leerme, aunque yo siga rascándome los dedos, ansiando escribirte.
Es cierto que la tortura ya no es tan intensa, pero eso no significa que no siga siendo una tortura. Algunas noches el cielo nos apunta a los dos, a la vez. Me pregunto si habremos coincidido en el pensamiento. Si habremos impactado, si habremos chocado, si habremos muerto al instante. Sincronizados. 
Todas esas cosas bonitas que veía en el amor se perdieron cuando te fuiste.
Se me han quitado las ganas de querer, pero tú no tienes la culpa. De verdad, no la tienes. Nadie tiene la culpa de dejar de querer.
Hoy te lloro como lloré el primer día de tu pérdida. Hoy te lloro como lloraré el último (si llega). 
Y me abrazo a recuerdos que sé que ya no existen en ningún lugar más que en esas cárceles llamadas fotografías (y bueno, en tu cabeza y en la mía también, para qué negar lo evidente). 
Lo cierto es que no existimos para nadie que no nos haya visto besarnos, pero en mi mundo seguimos siendo nosotros, aunque diferentes.Y yo mientras tanto ni si quiera he podido hacer como que nunca hemos estado durmiendo juntos. He estado horas a tu lado sin tocarte cuando antes a cada minuto existía una caricia cálida que calmaba tus nervios.
Durante estos casi seis meses te he necesitado más que nunca, y no...No has estado.
No como me hubiera gustado tenerte.
Todos piensan que es cuestión de tiempo,y quizá yo también lo crea.
Pero a veces siento que seguiría jugándome el cuello por media verdad. Por media caricia, medio beso.
La gente piensa que estabas conmigo porque yo era la única persona que tenías en tu vida. Quizá eso era cierto. Y qué triste me pongo si pienso que solo me querías porque era la única persona que te quedaba. Que solo estabas conmigo porque la soledad llamaba a tu puerta. ¿Era ese el motivo que te ancló a mi vida? 
Me hubiera gustado pensar que me quisiste tanto como yo te quise, o al menos una cuarta parte de todo lo que dijiste. Me habría encantado que siguieras aquí con tus trescientas manías que no me molestaban en absoluto; Que simplemente me hacían quererte más.
Echo de menos estar sentada en esa mesa de tu comedor y que tu madre me cuente cómo le ha ido la semana. Te echo de menos llamándome cabecita loca, ingenua, soñadora. Te echo de menos. Incluso cuando te ponías nervioso. Y sí, daría mucho por volver a algún momento de nuestra historia y quedarme unos minutos mirándonos. Nos miraría discutir y me reiría de todo aquello que nos preocupaba y que ahora solo son tonterías.
No te haces una idea de lo mucho que ha temblado el corazón desde que te conozco. No te haces una idea de lo que significa que seas mi primer amor. Todo lo que me has dejado es tan grande que incluso tapándolo durante todos estos meses no he podido ni tan si quiera borrar una mínima parte.
A veces me consume la idea de pensar que una parte de mí siempre va a echarte de menos, la misma que me recordará que ya no estás, que no te quedaste, que no volviste, que no me quisiste, que me olvidaste, que todo ha sido una gran bonita historia acabada.
No me atrevo a arrancarte de mis páginas por miedo a que mis versos dejen de tener sentido. Porque quizá sin ti mis versos no tienen sentido. Porque quizá nuestra historia la llevaré siempre.
Recuerdo que una vez me dijiste: ' Pase lo que pase para mí siempre serás la primera'. 
Ojalá ser la primera tuviera tanto peso como ser la última.
Me habría gustado ser la última de la lista infinita de chicas que te roben el alma.
Si ahora me preguntaran cuándo me gustaría conocerte, diría que dentro de muchos años.
Quizá en otro tiempo, bajo otro manto de estrellas distinto al que nos envolvió aquel octubre, habríamos sido felices.
Quizá tú y yo nos equivocamos en muchas cosas.
Tú en abandonarme
yo en dártelo todo
tú en arrancarme el alma
yo en pedirte que te quedaras.
Pero hay algo en lo que no nos equivocamos: En querernos.
Porque un día, cualquier día al azar, entre el abanico de esos dos años,
nos quisimos.
Y fue increíble sentir por una vez que había nacido con un propósito entre los dientes: Arrancarte los miedos y darte las fuerzas necesarias para que llegaras allí donde querías.
Te habría apoyado desde cualquier sala, desde cualquier grada, desde cualquier asiento en medio de la nada.
Habría aplaudido todos tus logros, te habría recogido tras cada derrota.
Porque te quería y sentía que más allá de ti el resto de hombres no importaban.
R, no te haces una idea de todo lo que he dejado desde que me dejaste.
Y no te haces una idea de lo que cuesta aceptar que ya no vas a estar nunca
aquí
en este hueco
entre mi locura más sensata
y tu cordura más desatada.

Gracias por hacerme ver que rozar un cuerpo es más que dar calor, que querer a alguien significa sacrificio. Por haber sido el primer amor de verdad y no haberme dado tiempo a reaccionar cuando nos conocíamos.
Por haberme encontrado entre tanta gente y escogerme a mí para ser la primera que te rozara la piel.

Ha sido un placer coincidir en este inmenso universo.

Aunque te alejaras de mí
y mis versos acabaran hablando
desde entonces
siempre
 de ti.

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