Soledad.












































Sé que estoy sola. Quizá no en el sentido propio de la palabra. Me refiero a una soledad interna. Yo, conmigo misma. Tan diferente a lo que era.
Tan diferente es mi mundo ahora.
Antes tenía otra mitad. Otro polo. Muy parecido a mí a veces, muy distinto otras.
Camino sola desde que se fue. En el metro hay miles de parejas que se besan y se abrazan, y se dicen cosas estúpidas con más sentido del que nosotros, la gente exterior a su mundo, podría darles jamás. Gente que guarda en los ojos el secreto más grande y bonito del mundo. Les miro con envidia. Pensando en lo increíble que era esa burbuja que te envuelve cuando otra persona encaja su mano con la tuya. Y joder, me siento poco afortunada cuando percibo que con una sonrisa les basta para decirse algo. Y pienso: Yo antes tenía algo así.
Y me jode el hecho de que ni si quiera echo de menos estar en pareja. Lo que echo de menos es que esa pareja seas tú. Y eso es lo doloroso. El pensar si hace frío que tu abrazo me salvaba antes.
El sentir que estoy tan sola batallando contra el mundo.
Y quizá ellos no me entiendan. Lo sé.
Quizá nadie lo haga. Y quizá yo misma haya dejado de entenderme...Pero supongo que estoy tan perdida como lo estuviste tú. Estoy perdida porque no sé cómo debo sentirme para avanzar. No sé avanzar sin ti.
Y me consuelo a mí misma pensando que algún día llegará alguien que me haga cambiar el rumbo. Ajeno a ti. Ajeno a mi yo de ayer. Ajeno a nosotros. Alguien que me enseñe un universo nuevo en el que empezar de cero. Una Noelia renovada que tenga ganas de volver a amar.
Pero no me imagino volviendo a querer. Volviendo a ilusionarme. Porque pienso que cualquiera que se atreva a hacerlo después va a marcharse. Y me quedaré en el mismo punto muerto de siempre. A dos pulsaciones de una lágrima. A dos canciones de un trágico adiós. A dos centímetros de mí misma.
Sola.
Muy sola.
Pidiendo a gritos un rescate que no llega nunca.
Esa es mi vida.
Esa es mi historia.
Yo misma atándome las manos a un pasado que sostiene mi mundo.
Un mundo oxidado.
Lleno de magia que se volvió oscura. Lleno de incertidumbre.
De recuerdos preciosos que se mezclan con dolor y despedidas.
Y ahí se abre un poco la herida. Y la soledad vuelve a echar alcohol.
Y yo vuelvo a estar sola. Muy sola. Tan sola, que me digo adiós.



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