Siempre es pronto para decir adiós...



Y qué ilusa al pensar que si me caía alguien me iba a levantar...
Yo que había estado recogiendo cada pedazo de voz de aquellas lágrimas que derramaba,
yo que había vencido a los demonios de mis miedos solo para poder salvar los suyos.
Yo que había esperado amanecer tranquila, sin lágrimas en los ojos.
Yo que solo quería ser feliz. Yo que caí a las vías de un tren que se despedía de mí,
yo que luché contra viento y marea por verle sonreír, al final me vi sola ante el espejo queriéndome sentir un poco menos rota.
Y cada pedazo de cristal me devolvió la imagen de alguien que había aprendido a reír solo porque ya no sabía llorar. Esa era yo aquel mes de febrero en el que me abrí este blog: La chica que no sabía llorar. Y años después sigo aquí. Mi vida completamente distinta. Mi mundo completamente girado. Mis ilusiones tremendamente rotas.
Ya nadie lee estas palabras.
Ya nadie escucha mi voz.
Y lo peor es que al final aprendí a llorar a base de golpes y tormentas.
Y la chica que no sabía llorar se convirtió en la que no supo dejar de hacerlo.
Y la alocada y risueña niña creció y al tomar decisiones entendió que toda una vida no le bastaría a nadie para aprender a decir adiós. 
Porque cuando queremos a alguien con todo el alma siempre es demasiado pronto para decir adiós.
















PD. Me he abierto otro blog...Supongo que con la esperanza de poco a poco dejar de escribir en este. No voy a dar la dirección. De momento no quiero que nadie sepa de su existencia. Así que es normal si en estos días tengo abandonado este...
Quién sabe quizá algún día tenga el valor de cerrar estas páginas que se han convertido en tristezas dobladas, en historias que me gustan y que a la vez duelen. 
Quizá algún día tenga el coraje de decir adiós. 

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