No estás solo.

Después de mucho tiempo te escribo. Quizá porque cuando ayer leí lo que pusiste en Twitter sentí que tenía algo que decirte. Es muy probable que ya no entres aquí, y si es así, estas letras quedarán en el olvido. Pero si por el contrario sigues sabiendo de mí, si aún apareces por aquí, hay algo que debo decirte: No es cierto que estés solo contra el mundo, no lo es. No sé ahora mismo por qué escribiste eso, qué es aquello que pasa en tu vida que te hiere y te hace sentir solo, porque no sé nada sobre ti...Pero sea cual sea el obstáculo, sea cual sea el problema, estoy ahí. Aunque no puedas verme, aunque no quieras hablarme, aunque se te escape el tiempo de las manos, sigo ahí. En el recuerdo más profundo de ti, en el abrazo más sincero que te di, en las palabras que siempre conseguían animar un poco más tu camino. No sé si me recordarás, no sé a cuántos kilómetros te has ido, pero me encantaría que supieras que no estás solo. Sí, sé que quizá debería hacer como hiciste tú, dejar de seguirte en todas las redes sociales y así no saber si estás bien, mal, o simplemente si estás o no estás. Probablemente tú no sepas nada de mí, pero yo aún sé lo poco que compartes. Y ver eso me hizo sentir la necesidad de recordarte que estoy aquí. Un poco más lejos, con muchas cosas que contarte y que probablemente ya nunca escucharás. Pero estoy ahí.
Puedo ser un sueño, una imagen que reflejes en tu mente, un apoyo estático, una carta antigua que leas, puedo ser un sentimiento.O un abrazo distante, si así lo eliges.
Si algún día me necesitas estaré.

Aunque eso sea un error por mi parte, o algo incoherente. Sé que escucharé tus palabras y sé que secaré tus lágrimas. A pesar de que te fueras, a pesar de que me dejaras, a pesar del abandono, sé que te escucharía. 
Aunque desde aquí yo no pueda hacer nada, desde donde estás tú aún puedes hacerlo todo. Sea cual sea esa razón que te inquieta, esa soledad aplastante que amenaza con borrarte la sonrisa, por favor, recuerda, que nunca volverás a estar solo. No desde que me conociste, no desde aquel primer beso efímero. Sabes que desde ese entonces te acompañé y lo haré siempre. Aunque te empeñes en no verme. 
No estás solo.
Estas palabras te abrazarán en cuanto las leas. Aunque yo no sepa ni si quiera que las has recibido. 
Cuídate, porque que me abandonaras no quiere decir que te odie. Que te fueras no quiere decir que automáticamente dejara de quererte. Que me dijeras adiós no significó que yo quisiera despedirme. Me hiciste más fuerte. Y me quedo con lo mejor que tuve de ti. Y una de esas cosas era tu valentía, tu capacidad de no dejar ver a los demás si estás hundido o no.
Por favor, ten esa valentía. Ten ese coraje. No abandones, sea lo que sea. Es lo que siempre quise enseñarte. Es lo que siempre te dije. Es lo que siempre te repetí: No abandones. Sea lo que sea a lo que te enfrentas. No, no te dejaré decir que estás solo.
No lo estás.
Y espero que puedas verlo. Si no hoy...Mañana.
Pero espero que algún día puedas verlo todo. 

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