Mírame, sigo siendo la misma de ayer. Algo menos frágil, algo más fuerte. Sigo llevando tejanos casi cada día, y aún me chifla mirar escaparates de ropa. Mis ojos siguen siendo de color marrón verdoso y aún tengo la sonrisa torcida. Soy la misma chica de ayer, eso es algo que tengo claro. Quizá con menos ganas de sentir. Sigo pasando desapercibida y no soy la típica chica que suele gustar a los demás.Solo quien se ha molestado en conocerme ha podido percibir belleza más allá de lo que muestro por fuera. Sigo viviendo en el mismo lugar, Badalona sigue siendo mi pequeña ciudad, en la que algunos domingos por las tardes sigo perdiéndome para pensar. Me sigue encantando el mar, tanto como cuando me conociste, o probablemente más. Aún las noches siguen transimitiéndome incertidumbres, y algunos días me cuesta coger el sueño. Odio las siestas y no he tenido el valor de echarme alguna por si me despierto peor, ya sabes, como siempre. Aún me dan miedo las verdades, mucho menos que las mentiras, claro. Sigo esperando que se cumplan los deseos que pido a mis velas de cumpleaños, a las lunas llenas. Me siguen dando miedo los corazones, el dolor y el abandono. 
Sigo con mis obsesiones por las series en las que los adolescentes juegan a enamorarse. Y aún me encantaría saber volar. 
Sigo siendo la chica que sabe que jamás nadie va a quererla de verdad...
Por eso siempre espero el momento de la decepción: Vivo disfrutando de cada persona en mi vida mientras espero su adiós. 
Porque...
Siempre se van.
Siempre.

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