En ese preciso momento solté el papel y el corazón se me hizo pedazos. En un rincón oscuro y perdido de mi mente yo sabía aquello desde hacía muchísimo tiempo, porque la intuición femenina siempre recorre lugares insospechados. Pero...ver que algo es real hace al dolor real consigo. 
No puedo explicar qué se siente cuando te quedas sin oxígeno, y se te olvida cómo respirar. Cuando no puedes fijar la mirada en nada, porque todo lo ves borroso, o incluso explicaros por qué te pones a temblar.
En esos momentos uno solo quiere que la tierra se lo trague, y luego lo escupa.
Pierdes la razón y el corazón, y la noción del ritmo de tu vida, que de repente se para y te mira, como pidiendo explicaciones. Y tú te quedas callado, sin saber responder. Sin saber responderle. Y piensas que quizá exageres. Pero no lo haces, porque el dolor está ahí. Y no es algo que hayas imaginado, es algo que está vivo y que vive contigo.
Es cierto que aquello malo trajo algo bueno.
Pero aún se me encoge el alma si pienso en ello.

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