Nadie dijo que la felicidad fuera eterna. Puede durar un instante, a veces, unos minutos. Otras, pasa tan rápido que no te da tiempo a mirarla de frente.
A mí la felicidad nunca me ha gustado. Y pensarás que estoy loca por no querer ser feliz, pero en realidad no es eso. Lo cierto es que no me gustan las cosas efímeras, porque se acaban. Y a mí no me gusta tener un final y empezar de cero, porque cuando empiezas de cero, matas algo que forma parte de ti.  Y a nadie le gusta morir una, y otra, y otra vez. 

¿Entiendes ahora lo que quiero decir?
He liberado tantas partículas, tantos fragmentos de Noelia, que nunca he vuelto a ser lo que era. Y ahora, me gusta lo que soy. ¿Por qué no quedarme así para siempre, entonces?

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