domingo, 1 de septiembre de 2013



Yo decía que me encantaba la lluvia, pero al fin y al cabo lo más bonito de la lluvia eras tú. Y ese gorro de lana que parecía protegerte del universo. Y es que habría cambiado mil días de verano por dos cientos de frío a tu lado. Sonriendo hasta que nos dolieran las mejillas y riendo hasta que nos doliera la barriga.
Jugando entre cosquillas en un sofá gastado, persiguiéndonos sin prisas pero sin pausar el momento. Recorriendo cielo y tierra a fin de estar un momento a solas, para mirarnos a los ojos como nunca antes lo habíamos hecho y decirnos absurdeces que solo tendrían valor para los dos.
Ya sabes que soy mucho de decir cosas sin sentido, pero te juro que a estas palabras les he dado mi más sentido bésame. Y como por inercia, sé que nada es mentira. Porque si ahora todas las luces del mundo se apagaran todos tendríamos luz gracias a tu sonrisa. Y es que nadie es sordo si se trata de estremecerse al escuchar el sonido de tu risa. Y nadie es ciego si de verte caminar por el pasillo se trata, tan persuasivo como calmado, tan estirado como curvado, tan fascinante como simple es cada movimiento que realizas a cada paso que avanzas.
Y es que ya te lo he dicho, si fueses lluvia yo andaría sin paraguas. Porque quiero empaparme de cada poro de tu piel, de cada gélido o cálido sentimiento, de cada pulsación. Quiero empaparme de ti. Y decirle al viento que ya no sople más para nunca secarme.Si es que ya te he dicho que desde que te quiero no hago mejor cosa que quererte. Y que cuando escribo, sin querer, escribo tu nombre. Para que solo tú puedas verlo y estas líneas solo sean el escondite perfecto. 
¿No lo ves? Qué feliz se ha vuelto la vida ahora que estás tú.
Ahora que has venido para quedarte.

2 comentarios:

  1. Me gusta muchísimo como escribes, Noelia, ¡me suscribo! Me pasaré por aquí en cuanto publiques algo nuevo,

    Un saludo,

    Daw

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, ahora me pasaré por el tuyo.
      Un saludo para ti también

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