Martes trece.



Martes trece. No hace falta jurarlo. Me repito a mí misma que soy
una chica grande, y que las chicas grandes no lloran.
Pero quizá esa frase solo sea una canción y esta noche solo pueda
beberme las penas. Impotencia.
¿No hay en el mundo un lugar hecho a mi medida?
Porque hoy siento que no doy la talla. Que todo me queda grande.
Que cuando al fin rozo la felicidad con las yemas de mis dedos,
la vida me arrebata de una forma u otra mi sonrisa.
Me encantaría que las cosas por primera vez salieran bien y pudiera sonreír feliz y exclamar: 'Joder, por fin me toca a mí'.
Pero es cierto, cuando las cosas empiezan a ir bien, cuando piensas que tus planes están bien formados al milímetro, llega algo, alguien, yo qué sé, esa hija de puta llamada vida, y te los cambia.
O tal vez seamos los humanos y esa estúpida manía de querer que todo salga bien, que todo sea perfecto. En el sitio adecuado a la hora adecuada...sin darnos cuenta de que en la improvisación está la belleza del momento...y que en la esperanza se encuentra cualquier
instante perfecto.
Pero no hagáis caso a este intento de escritora nocturna,
quizá es la melancolía la que habla esta noche, y no soy yo.















Esta canción es casi perfecta.


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