Tal vez sea porque cuando tu mano sujetaba la mía me sentía una persona capaz de comerse el mundo con solo sonreír. Porque cuando estaba jodida eras el único que me saca a flote con solo mirarme. Quizá sea que tus labios quedaban mejor pegados a los míos. Quizá sea eso, y fueras la casualidad convertida en destino más bonita del mundo. Tú, que apareciste hace años, tú que habías sido un chico cualquiera que conocí, tú, del que había hablado tantas veces con tantas personas. Tú, que coincidiste años después conmigo. Chocamos como chocan dos imanes que se atraen y se repelen por temor. Temor a encajar a pesar de no ser perfectos. Temor a que una sonrisa bastase.
 Era bonito cerrar los ojos e imaginar que cuando los abriera iba a estar apoyada en tu pecho sintiendo tu respiración de cerca. ¿Que cosas tan absurdas, no? Algunos soñando con ser millonarios y yo soñando con escuchar de nuevo un Te quiero de tus labios. Aunque ya sabes lo que dicen, son tiempos difíciles para los soñadores. Pero créeme, mis líneas no dejan de soñar(te).Así que aquí me ves, de nuevo, una tarde más, perdida en mí, perdida en un mes de octubre, perdida en recuerdos.
Habría sido fácil no despegarme de ti en ninguno de esos abrazos, o detener el tiempo en el momento justo en el que ese primer beso hacía de algo tan sencillo lo más extraordinario. Y mira que a mí el otoño nunca me había gustado, y ahora aquí me tienes, situando mi última historia entre árboles semidesnudos y lluvias de octubre. 
¿Sonaría muy patética mi voz pidiéndote que te quedaras solo una noche más?
Los dos sabríamos que lo de una noche más siempre iba a ser relativo, y que cada noche te acabaría pidiendo lo mismo.
Quizá era porque ser tu chica era pensar que cualquier domingo por la tarde podríamos compartir una pizza mientras tú me abrazabas y en cualquier televisión podríamos ver películas terroríficas que me acabaran asustando. Quizá era porque ser tu chica era sonreír orgullosa si marcabas un gol. Quizá era porque ser tu chica me hacía sentir una magia única.
Quizá era porque quererte no resultaba lo más sencillo del mundo...pero valía la pena si me mirabas des del otro lado guiñándome un ojo o lanzándome un beso. 
Quizá era porque cuando te miraba el miedo desaparecía y cada risa contigo era lo que me daba esa fuerza que me hacía levantarme cada mañana con una sonrisa enorme pegada a la cara. Quizá era eso, que te quería.














''Si me preguntas cómo estoy tu risa apagará mi lucha interna''. 
Cinco meses que han pasado volando.

Comentarios

  1. El mundo en ocasiones se mueve demasiado rápido, la vida da mil vueltas que te quedas mareado, pero al final solo nos queda continuar.
    Abrazos

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