Dueño de mis palabras.


Sonreír como una tonta al ver que me hablaste anoche mientras dormía, y pensar que durante una milésima de segundo pensaste en mí. Aunque fuera para desearme en coña las buenas noches.
A veces pienso en que las cosas pueden cambiar. Espero un milagro, un cambiar de rumbo, una señal. Aunque de señales hay muchas. Siempre pasa algo en mi día a día que tiene que ver contigo. No sé si es el destino que me tiene manía o me quiere decir algo, pero lo cierto es que hay algo más. Hoy, por ejemplo, mientras patinaba en cualquier lugar, una madre llamaba a su hijo. ¿Y adivina cómo se llamaba? Como tú. O el hecho de entrar a leer una entrada en un blog y ver una foto de un bebé con la camiseta de Superman. O que un amigo me diga: '' ¿Por qué hablas así?¿Ño? Te pareces al Pou''. Cosas simples que me chillan al oído que tú aún estás ahí.
El problema es que quiero calmar esto, quiero no tener que necesitarte, quiero no pensar en ti, quiero no echarte de menos...porque no quiero quererte si no me vas a querer tú. Pero todo es tan complicado...Sé que lo único que haces es preocuparte de no hacerme daño. Es por eso que no seguimos juntos. Pero...pero es difícil mirarte y no pensar en cosas, es inevitable mirarte a los ojos y no sonreír. Porque sigo pensando que eres diferente. Porque sigues destacando entre mil personas. Porque sigue habiendo algo en tu sonrisa que llama mi atención.
Es consuelo de tontos esto, pero, al menos me quedan los recuerdos. Besos que ya están dados, abrazos que ya se han evaporado...sonrisas mágicas. Pero, ¿te confieso algo? Si me miras y me sonríes, créeme, me tienes ganada. Y es que suena patético, confuso y extraño pero me gusta hasta la sinfonía de tu voz. No sé si es una locura, no sé qué me pasa, no sé qué pienso, no sé si me alimento o no de esperanzas, de ilusiones, de sueños...pero lo cierto es que sigues siendo tú quien marca la diferencia.
Y es que no me avergüenza escribir de ti, no. Porque cualquier chica a la que le encante escribir y te conozca, pienso que inevitablemente escribiría algo de ti. Es imposible no hacerlo. No eres perfecto, pero tienes algo...tienes algo que no veo en nadie. Ese es el problema. Que siempre voy más allá, siempre doy un paso de más, siempre escribo algo de más. Porque me estiro, me estiro y me estiro para llegar hasta a ti. Aunque nunca logre alcanzarte.
Y mis preguntas, mis dudas, todos los días, son las mismas: ¿Pensará en mí? ¿Habrá conocido a otra chica que le llame la atención? ¿Aún me echa de menos? ¿Querrá hablar conmigo? Y me doy cuenta de que son preguntas de las que no sé si quiero saber la respuesta.
Me daría miedo saber la respuesta. Mucho miedo. 
A nadie le gusta oír lo que no quiere oír.
Por eso la gente ve películas, porque...porque la realidad está muy lejos de ellas.
 Y es una comparación absurda, pero las cosas son así.
Lo más curioso de todo es que cuando te defino...se me quedan cortos los adjetivos. Es como si no encontrara las palabras exactas para describirte. No sé, nunca podría describir exactamente tu cuello, ni tus labios, ni tu nariz, ni la forma en que caminas, ni el movimiento que haces con las cejas al hablar. Simplemente, no podría. No podría decirle a nadie con palabras cómo me sentía cuando me mirabas el cuello y te mordías el labio y yo te decía: '' Ni se te ocurra''. O simplemente me reía porque veía tus intenciones. Son cosas que recuerdo con una sonrisa enorme en la cara...cosas que ojalá siguieran estando en un presente. La putada es que son pasado.
Pero me da fuerzas pensar que quizá en algún momento del día me piensas, que tal vez aún tienes presente cosas que creo que has olvidado. Me alegra mirarte reír, aunque tú no veas que te miro. Me alegra saber de vez en cuando de ti, me alegra...porque aún sigo siendo feliz cuando veo que estás bien. Aunque nunca logre adivinar qué pasa por tu cabeza, aunque me muera de ganas de hacerte miles de preguntas. Aunque quiera abrazarte cuando te veo por las mañanas, aunque tenga que morderme la lengua para no decirte lo guapo que estás cuando te pones esa chaqueta negra que casi nunca te pones.
Palabras, todo queda en palabras que escribo una noche más.
Una noche más en la que vuelves a ser el dueño de lo que escribo, de lo que pasa por mi cabeza.
De lo que siento.






















Ganas de verte.

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