domingo, 6 de enero de 2013

Sueños.

- Cierra los ojos- puso sus manos en mis caderas. El viento venía de frente y la piel se me puso de gallina. Pero no me importaba,su cuerpo estaba pegado al mío - Ahora piensa en un deseo.
Apreté fuerte, fuerte, fuerte, los ojos. Y entonces pedí mi deseo, por dentro.
Abrí los ojos. Me estaba mirando fijamente.
- ¿Qué has pedido?
Susurra.
Le miré divertida.
- Los deseos nunca pueden decirse en voz alta.
- ¿Eres supersticiosa?
- No, sólo creo en la magia.
Me miraba y se reía. Me gustaba cuando se reía, porque parecía un niño.
- ¿Sabes? Nunca antes había estado aquí con nadie más. Siempre venía solo.
- Me daría miedo estar por aquí sola...
- Está alejado de la ciudad, es por eso que me gustaba venir aquí...a pensar, o escuchar música. Era como alejarse de todo el follón de la ciudad.
- ¿Y por qué me traes aquí ?
Sonrió.
- Eres con la única persona con la que sé ser yo mismo.
-¿Eso es bueno?
- Mucho.
-Yo nunca había pedido un deseo como éste, si te sirve de consuelo.
Sonrió de nuevo. Sonreí, imitándole. Me encantaba.
- ¿No me dirás nunca el deseo, no? Puestos a confesarnos...hacía mucho tiempo que no me topaba con alguien que me hiciera sentir lo que tú me haces sentir.
Miré el mar.
La noche era infinita. Negra. Había tres, cuatro o cinco estrellas. Pocas, pero...preciosas, brillantes.
- A tu lado todo parece fácil- dije, y apartando la vista del mar volví a mirarle.
- Tú haces que todo sea fácil.
Me miró directamente a los ojos y me atravesó el corazón. Sentí una presión en el estómago, y mis latidos se aceleraron. Se acercó y a tres centímetros de mis labios susurró:
- Vamos a perdernos esta noche.

Yo ya me había perdido...

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