Sueños.

- Cierra los ojos- puso sus manos en mis caderas. El viento venía de frente y la piel se me puso de gallina. Pero no me importaba,su cuerpo estaba pegado al mío - Ahora piensa en un deseo.
Apreté fuerte, fuerte, fuerte, los ojos. Y entonces pedí mi deseo, por dentro.
Abrí los ojos. Me estaba mirando fijamente.
- ¿Qué has pedido?
Susurra.
Le miré divertida.
- Los deseos nunca pueden decirse en voz alta.
- ¿Eres supersticiosa?
- No, sólo creo en la magia.
Me miraba y se reía. Me gustaba cuando se reía, porque parecía un niño.
- ¿Sabes? Nunca antes había estado aquí con nadie más. Siempre venía solo.
- Me daría miedo estar por aquí sola...
- Está alejado de la ciudad, es por eso que me gustaba venir aquí...a pensar, o escuchar música. Era como alejarse de todo el follón de la ciudad.
- ¿Y por qué me traes aquí ?
Sonrió.
- Eres con la única persona con la que sé ser yo mismo.
-¿Eso es bueno?
- Mucho.
-Yo nunca había pedido un deseo como éste, si te sirve de consuelo.
Sonrió de nuevo. Sonreí, imitándole. Me encantaba.
- ¿No me dirás nunca el deseo, no? Puestos a confesarnos...hacía mucho tiempo que no me topaba con alguien que me hiciera sentir lo que tú me haces sentir.
Miré el mar.
La noche era infinita. Negra. Había tres, cuatro o cinco estrellas. Pocas, pero...preciosas, brillantes.
- A tu lado todo parece fácil- dije, y apartando la vista del mar volví a mirarle.
- Tú haces que todo sea fácil.
Me miró directamente a los ojos y me atravesó el corazón. Sentí una presión en el estómago, y mis latidos se aceleraron. Se acercó y a tres centímetros de mis labios susurró:
- Vamos a perdernos esta noche.

Yo ya me había perdido...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.