Sé que su orgullo no los separará.


- Yo si fuera tú aprovecharía. 
- Es que me saca de quicio, te lo juro.
Río y la miro. Sonríe sin querer, y dos milésimas de segundo después intenta poner cara de enfadada. En realidad, sólo está molesta, lo sé, porque la conozco.
- Te saca de quicio pero te encanta.
Otra vez esa sonrisa tonta. Suspiro.
- ¿Sabes lo que pienso?- insisto- Que lo que os ha pasado es precioso, te lo juro. Y ya sé que me dirás que soy una romántica perdida, que me paso el día leyendo historias de amor irreales, que tengo una imaginación enorme, y que me aferro a cualquier señal del destino. Es cierto, soy todo eso...pero es que tú no has visto las chispas que saltan entre vosotros cuando te mira y sonreís como idiotas. Porque tú finges que estás enfadada y él te sigue para sacarte una sonrisa. Yo sé lo que es eso, yo también he sentido cosas por algunas personas, yo también me he hecho la enfadada con alguien con quien jamás podría enfadarme por tonterías. Sé lo que es sentir ese escalofrío cuando tira de tu brazo y te suplica que le escuches. Sé lo que es que alguien te mire como él te mira. Es por eso que te digo que no lo dejes ir.
- Pero...¿y si sale mal? Somos iguales, somos orgullosos y nos cuesta dar la razón. Somos cabezotas y si él se enfada yo triplico el enfado, y si él me dice una tontería yo la digo más grande. Es como una competición para ver quién es más tonto.
- Sé que sois almas gemelas. Que odiáis los mismos valores, que admiráis las mismas cosas. Sé que ahora sólo escuchas ese grupo de rap porque simplemente te recuerda a él, porque sus palabras te llevan a él. Vamos, sé lo que es eso. ¿No lo notas? Ha venido a buscarte, y él dice que nunca ha conocido a nadie como tú. Es la primera vez que alguien le quiere por lo que es, no sabe qué hacer, no sabe qué decir, y se bloquea. No es excusa pero...se merece tropezar para levantarse. Además, te trata como una princesita moderna.
- ¿Princesita moderna?- ríe.
Sonrío ampliamente.
- Sí, sabe que no sólo estás por él por lo que se ve por fuera. Sabe que estás con él porque tú sí oyes esos latidos del corazón. Sus latidos, sí, cursimente cursi. Pero es la realidad. Te encanta que se preocupe más por los demás que por él. Adoras que ponga voz de niño cuando quiera excusarse, y adoras su manera de decir que sí, de decir que no, de decir no sé. Te acuestas con una sonrisa cuando acabas de hablar con él.
Vamos, tía. No lo dejes escapar por una tontería. No pienses en quién querrá más a quién mañana, ni si la cosa saldrá bien. Te hace feliz, ¿no? Pues abrázale, bésale, ríete con él...y no le dejes ir. Porque en realidad lo único que importa es que te haga feliz y le hagas feliz. Lo demás es secundario. Y tú deberías saberlo mejor que nadie.

Ríe y mira al frente. Y ahí está él con su sonrisa. Les miro, y pienso en lo tontos y orgullosos que son. Pero me río por dentro, porque sé que se quieren con locura. Y aunque a veces no entienda sus actitudes, sé que si se enfadan y uno sonríe, el otro se olvida hasta del día en el que vive. 

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