Recuerdos que se enlazan en las cuerdas de mi guitarra.



Suena Tiziano Ferro. Intento analizar cada una de las palabras que forman esa canción. Esa canción. Cierro los ojos. Pompeu Fabra. Un banco. Tú, yo, pegados. A -1 centímetro, como decíamos. Ese día llevaba la chaqueta marrón, decías que me quedaba bien. Yo me reía. Antes le daba muchas vueltas a las cosas. Cuando estaba contigo me preocupaba demasiado por todo...ahora pienso en que si te tuviera no tendría ni la mitad de preocupaciones que tenía antes. Ahora sólo te besaría y no te daría tiempo ni a respirar. Como es la vida...¿eh? que aprendemos a ver mejor las cosas cuando ya no las tenemos delante. Créeme, te habría dado todos los besos que jugué a no darte un día . Créeme si te digo que no te estoy mintiendo. Es más, el otro día soñé que me besabas. Era tan real...
Era tan tan tan tan real. Que podía sentir tu respiración. Y tu olor.
La canción acaba de acabar. Pero sigo recordando la letra. ¿Tú todavía me piensas?
Yo pienso que dejé de hacerte falta. Yo pienso que no me piensas.
Yo pienso que me harías muy feliz si me quisieras.
Yo pienso que tengo que dejar de pensar.
Tocaré alguna canción, me apetece darle rienda suelta a mi imaginación. Cerrar los ojos, sentir la música...es sólo música, pero es libertad. ¿Quieres que te toque alguna canción ? Lo cierto es que aún no sé tocar ninguna. Pero me he inventado tantas...tantas.
Puedes sentarte a mi lado. ¿Te enseño algunas notas? Se me da un poco mal.
Pero no me mires así.
Haces que se me estremezca el corazón.
Va, sé que en realidad te mueres por escucharme.
Tregua, tregua. No más cosquillas, por favor, que me duele la sonrisa de tanto usarla cuando estás tú.
Quédate un ratito más.

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