Tuvimos 605 días de paz.



La noche volverá
a pasarme factura.
Me romperé los huesos
por la luna.
El ron sabrá aún 
a tu boca.
Y me veré sola ahogándote en silencio.

Siempre cojo el amor
por la parte en la que quema.
Torpe de mí
amando como se amaba antes,
con todas las letras
y sin mirar la parte del contrato
en la que decides
marcharte tras 
605 días
de paz.

Así fue como declaraste la guerra.
Y así puse el primer pie en esta trinchera
sin bandera blanca que valiera.


Las horas se han vuelto años,
la esperanza solo un cuento
en el que la princesa,
que no es princesa,
muere,
como siempre.

Y alguien cierra el telón,
y ante un público silencioso
interpreto que nada hiere,
que el quemazón es solo
una herida
apunto de cerrarse.

Mala actriz
que no puede hablarles de ti
sin que se le quiebre la voz.
Mala actriz
que no sabe mentir
cuando le hablan sobre  amor,
y sin querer
pronuncia tu nombre.




Últimamente nunca amanece.
Y parece que la noche
sea interminable.
Desde la trinchera no veo bien
el color
de aquel mundo en el que tú,
un día ya muy lejano,
sembraste la paz.
Ahora la gente 
solo ve guerra en mis ojos,
batalla incansable,
dos espadas que se cruzan
ante la verdad
innegable:
No van a volver
a sangrar 
estas ganas de ti.
Pero voy a volver a llorarte.






Y tú vas a volver a olvidarme.









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