sábado, 27 de junio de 2015

Tan complicado y simple como eso...



Hemos anochecido y no nos importa. Te calmo los silencios con las manos, acariciándote la voz. Aunque sepa que ya te vas, que has encontrado por fin ese punto de luz, que nadas hacia la superficie, sigo anclada en el fondo de este mar y te miro. Como el loco mira al cuerdo y se pregunta qué esconde su razón para hacerle diferente del resto.
Ojalá hubieras estado cada noche que rezaba a un Dios, en el que ya no creía, que te trajera de vuelta. Como si fueras ese ansiado verano por el que esperamos durante el largo invierno. Como si fueras  oxígeno que llena estos pulmones cuando la realidad asfixia los sueños. Como si fueras ese momento en el que estallas de risa y sientes que el mundo es increíblemente incierto. Fuiste mi religión, fuiste mi herida. Por eso cuando te marchaste no creí en nada. Me arañé la fe, me dejé en la espalda dudas a las que aferrarme en las noches más oscuras. Me defendí diciendo que el que más tarde se cura es el que ama de verdad, cuando lo único que sentía era que eso solo servía de excusa para no avanzar. Porque avanzar dolía.Y no estaba preparada para partirme las alas. Porque soy una cobarde que no para de tachar días en el calendario sin sentirlos. Porque hace tiempo que dejé de sentirme feliz y aún no he sido capaz de admitirlo.
Nada, sal de aquí.
Cuando llegues a la superficie respira. 
Seguiré recordándote cuando tú ya no lo hagas. 
Y les hablaré de ti
de cómo me salvaste
de cómo nos quisimos
de cuánto nos dimos
de lo felices que éramos cuando un tren sin destino nos dejó aquellas navidades en un parque lleno de magia.
Les hablaré del niño que vi en el hombre del que me enamoré.
No les hablaré de tu cuerpo, la magia prefiero recordarla en soledad, las noches en las que necesite recordar cómo era que alguien amara mi cuerpo y mi insensatez. 
No les hablaré de eso, pero sí les contaré que me enamoré del niño que llevabas en los ojos cuando reías con una película de dibujos animados. Les contaré que me sentí viva durante esos 605 días. 
Les voy a decir a todos que ojalá te hubieran conocido tanto como yo, para que entendieran lo fácil que es necesitarte cuando ya no necesitas a nadie más.
No voy a utilizar de excusa que te fuiste para proclamar que no soy feliz. Supongo que si no soy feliz es porque yo misma eché el ancla que maldigo en el fondo de este mar y aún me niego a nadar hacia arriba porque no veo la luz, o no la quiero mirar. Así que no voy a decir que me cueste ser feliz por tu culpa, porque no es así. Me cuesta ser feliz porque supongo que no quiero salir a la superficie y contemplar un mundo en el que ya no estés tú.


Qué difícil es mirar al sol de frente sin que me ardan los ojos. Qué difícil tocarte el corazón sin salir ardiendo.  

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