viernes, 15 de mayo de 2015

Mal.






No preguntaste por mí
no pregunté por ti
y nos convertimos en dos extraños
con mil vidas compartidas
concentradas en instantes.
Se acabaron las despedidas
y al final sentí 
que no pude salvarte a ti y
que no quise salvarme a mí.
Y al final, no pudo ser de otro modo. 
Todo acabó como terminan las historias dignas de recordar:
Mal.





No hubo modo de rescatarnos,
pues cuando te miré
tú ya te habías ido
y cuando te giraste 
yo ya no estaba esperando.
Perdimos el tren 
y dejamos las heridas abiertas
por si algún día la lluvia
quería curarlas.
Así nos quedamos,
tan quietos y solos
tan perdidos y fríos
como dos polos opuestos
que atrayéndose destruyen
todo lo que tienen a su alrededor.
Nuestra incógnita sembró el pánico.
Fuimos la destrucción de todo.
El principio del fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...