lunes, 25 de mayo de 2015

Quiero volver a cometer la locura que me mató una vez.












Es horrible sentir que tu piel ya ni si quiera te pertenece. Caminas sintiendo cada paso, en silencio. Tal vez aislada en tu propio mundo, el mismo que ahora es sinónimo de un bucle de recuerdos que amenazan con volver a tu vida solo dejándote miedo en los bolsillos. Eres de terciopelo, y tu tristeza se hace casi amable. Luchas por no hundirte y sientes que la ilusión ahora solo es una emoción instantánea. Quieres rascar en ti, rescatar todo lo que eras y convertirlo en lo que eres ahora. Te da pánico avanzar, quizá porque lo desconocido asusta (o eso se empeña en decir todo el mundo). ¿Y si ya no soy nunca más capaz de hacer nada que no conlleve dolor? ¿Y si mis heridas sangran?
No te confundas,soy feliz. Créeme. Porque mi felicidad nunca ha dependido de nadie. Pero todos mis pozos están vacíos y las cuencas de mis sueños algo rotas. Ahora solo veo con el ojo derecho, solo siento con la parte izquierda del corazón y he abandonado casi toda lógica. No sé si se puede considerar suicidio emocional guiarse por lo que uno siente en el momento, pero me he dado cuenta de que últimamente no me gusta planear absolutamente nada. Y los pasos con los que me siento segura son aquellos que he dado en un momento de locura. Solo desatándome los miedos, dejándome llevar.
Aunque no sea el momento.
El lugar.
Ni nada.
¿Cuándo sabes realmente que estás preparada otra vez para saltar al otro lado? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar en un corazón roto para sentir ganas de volver a la locura? ¿Cuántas cicatrices debo curar para saber que vuelvo a exponerme a que me hagan unas nuevas?
Siento que siempre me va a dar miedo avanzar.
Siento que voy a arrancarme las señales y voy a lanzarlas lejos.
¿Quién va a quedarse después de ver que lo di todo por alguien que me dejó sin nada? ¿Quién va a atreverse ahora a tener paciencia conmigo si he sido la primera impaciente? ¿Quién va a desnudarme los miedos poco a poco, para que no vuelvan a coger frío? 
Dime quién va a entender ahora que tenga la cabeza llena de sueños frustrados.
Quién va a comprender lo mucho que ha pasado en tan poco tiempo.



Yo ahora solo
soy una niña
asustada.
Ni si quiera sé
si estoy preparada
para que me salven.
Ni si quiera sé
si alguien verá
de nuevo mis alas
y estará dispuesto
a rozarlas
sin quebrarlas.


A todo el mundo le da miedo volar
y más si es de la mano
del propio miedo.
A quién le podría convencer
la sonrisa de una chica
ingenua
que se hace llamar poesía
sin serlo.

Con el pánico entre los dedos me dispongo a correr. Cómo acojona verte tan débil. Cómo desespera sentirse tan ajena al mundo. No encontrarte a ti misma en canciones, releer libros que ya no hablan de ti. Estás sola. O quizá no. Pero da igual.
Dicen que hay tristezas que son como una especie de adicción, y que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen. Por eso él de vez en cuando se pasea por mis heridas. Para ver si todo sigue en orden, para ver si sigo llorando la pérdida de todo aquello que jamás tuve.



Solo puedo decir que por aquí todo va bien (demasiado bien).
Pero que soy como un rompecabezas que ya nadie se atreve a solucionar.
Y no sé si cuando alguien esté dispuesto a hacerlo 
yo estaré dispuesta a dejarme arreglar.










Sigo teniendo tanto miedo.




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