jueves, 19 de marzo de 2015

Y como dice Andrés Suárez, 'Sálvate tú'.





Han pasado muchas cosas en estos últimos meses. Más cosas malas que buenas, la verdad. Y aun así me he empeñado siempre en ser optimista, en sonreír, en tirar hacia adelante. Y te he dicho a ti que tienes que estar bien. Y claro que debes estarlo. Intento ser lo más parecida a mi propio yo, intensificando todos mis sueños e ilusiones. 
Qué suerte la de tenerte, aunque sea así, un poco más lejos que siempre, pero al fin y al cabo estás aquí. Te he echado de menos, muchísimo. No sabes cuánto. Y he esperado siempre encontrarte, solo para saber cómo estás. Y ahora que lo sé solo quiero ayudarte. Sé que ya no soy nadie para decirte que persigas aquello que deseas, sé que no soy nadie para robarte abrazos o apoyarte. 
Pero también sé que me alegra muchísimo que me dejes un hueco en tu vida para, aunque sea de lejos, animarte y decirte que todo irá bien.
Espero que todo lo bueno que pueda llegarte con esta nueva decisión consiga curarte; estoy segura de que lo hará. Y tú volverás a sonreír mucho. Y serás el de siempre. Y ya no necesitarás esas motivaciones temporales para ser feliz. 
No sabes cuánto me gustaría poder ayudarte. Aunque sé que no es así. No puedo salvarte.
De todos modos si sigo aquí, si puedo estar tan unida a ti, es porque soy totalmente consciente de que tus sentimientos por mí desaparecieron hace ya algunos meses. Déjame quedarme como tu ángel protector. Que esos besos se conviertan en sonrisas. Y si me dejas, poder reír y llorar a tu lado.
Porque no sabes cuánto agradezco que estés ahí. Que ya no haya una distancia kilométrica entre tú y yo. Te he necesitado tanto, a ti. Solo a ti. Te he necesitado. Y he querido pedirte siempre que no te fueras. Te preguntarás cuál es la diferencia. Te preguntarás por qué hace unos meses pensaba que teníamos que alejarnos y porque de repente quiero ayudarte: La respuesta es tan sencilla como compleja. No lo sé. Algo ha cambiado en mí. Estos meses en los que no estabas junto a mí no he sido yo. Solo una mala (muy mala) versión de mí misma. Y desde que hablé contigo me di cuenta de que la Noelia chula y descontrolada era muchísimo inferior a la Noelia de siempre. Al fin y al cabo la Noelia de siempre era una luchadora nata. La nueva Noelia creía que con cinco copas de más estaría menos triste. Supongo que me has hecho querer volver a ser yo.
Tenerte- sea de la forma que sea- es lo mejor que puedo tener. A pesar de todo.
Aunque ya no exista esa relación, ese vínculo, ese amor, aunque tú ya no desees tardes de sofás, noches de San Juan perdidas entre las sábanas, aunque todo eso haya pasado a formar parte de cualquier otra chica que un día se cuele en tu corazón, me conformo con quedarme con tu risa, tus manías, tus prisas, tu locura, tus problemas, tus dudas, tu sin-razón.
Porque a pesar de todo lo que lloré, todo lo que sufrí, todo lo que te amé,
hay algo detrás de todo eso: Tú.
Y yo no me pienso ir de aquí hasta que vuelvas a ser feliz.
Aunque ya no sea junto a mí.
Y una vez vuelvas a ser tú, podrás pedirme que me vaya, si lo deseas, y si no,
podrás seguir compartiendo solo esas locuras que nosotros entendíamos.
Prometo valorar lo que venga. Prometo sonreír junto a ti. Prometo no tenerte miedo ya nunca más.
Al fin y al cabo formamos un buen equipo.
Siempre hemos vencido si luchábamos juntos y siempre hemos perdido cuando nos enfrentábamos.
Algo me dice que nuestro lugar es permanecer uno al lado del otro.
Y qué que esos besos no nos consuman
y qué que tu boca pueda besar otras bocas
si el amor que nos unía quiso dejarte de lado
y qué que ahora nos una algo más fuerte que todo lo que tuvimos.
Ojalá supieras si me querías cuando tomaste esa decisión. Ojalá sepas si fue la decisión correcta o no. Ojalá pudieras decirme que has soñado con que volviera a estar ahí desde el segundo en el que me marché.
Ojalá hubieras podido estar a mi lado cuando estaba perdida.
Han pasado muchas cosas desde que no estamos pegados, a menos mil doscientos veintiséis centímetros. Muchas cosas.
Cosas que me encantaría dejar atrás. Vacíos contra los que luchaba.
De vez en cuando me permito recordar tu risa tonta cuando me besabas, tus dulces manos jugando a descubrir mi piel. Esas películas que no acabaron. Tus promesas. De vez en cuando suena tu voz que grita: Te prometo que iremos a Venecia. De vez en cuando lucho contra todo esto. Aunque recuerde todas esas cosas que me he obligado a olvidar con cada trago de tequila. Porque te recuerdo en metros y trenes. Te recuerdo rompiendo los límites. Nos recuerdo sentados sin hacer nada, siéndolo todo. Nos recuerdo duchándonos, juntos. Tu manera de lavar mil pelo, tus ojos empañados de lágrimas aquella vez que estuviste apunto de perderme. Te recuerdo recogiéndome del trabajo. O sorprendiéndome en la playa escribiendo en la arena aquella fecha tan importante para nosotros y que está al caer...
Y por un momento se me olvida la despedida. 
Y luego vuelve. Y me repito: Ya no es real.
Y entonces me obligo a verte solo como lo que nos queda: Una amistad.
Confío tanto en ti. Creo tanto en tus ojos. Me das toda esa seguridad que estar lejos de ti me falta.
Y cualquiera podría pensar que soy una estúpida.
Pero te he visto tan tremendamente triste que quiero hacer todo lo que esté en mis manos para salvarte. Sálvate tú. 
Rescata todas tus ilusiones y sonríe de nuevo.

La sonrisa es lo que mejor te queda en ese rostro que hoy tienes tan apagado.
Sálvate, por favor.
Sálvate. 

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