miércoles, 18 de febrero de 2015

Simple y compleja.






Soy cabezota y a veces hasta inoportuna. Me creo dueña de las situaciones solo porque pienso que soy capaz de enfrentarlas, hasta que las tengo delante. Siempre dejo un poco de café en la taza y muchas veces no acabo las cosas que empiezo. No sé dibujar, lo hago como si aún tuviera tres años. Canto bajo la ducha y me gusta la sensación del agua recorriendo mi piel. Estoy enamorada de los atardeceres y del mar. Nunca gano en ningún juego de estrategia, y mucho menos de azar, porque no tengo mucha suerte. Espero de los demás lo que yo haría por ellos y a veces no sé encontrar el punto de inflexión en las cosas. Soy expresiva, llorona, sensible y extraña. Tengo miles de manías, cientos de defectos pero hay cosas que son importantes para mí; como por ejemplo, la verdades. No me gusta mentir. Y aunque algo pesada, me considero apasionada. Me mueven cientos de cosas buenas. A veces soy negativa, otras tantas positiva, y todo depende de cómo esté ese día el mundo. Siempre tengo una pequeña sonrisa que regalar y no me da miedo enseñarla. A ratos, bastante insegura, quizá por la timidez que me persigue cuando algo me importa de verdad. Me gustan las canciones que hablan de otras vidas que no son las mías porque por un momento puedo cambiarme de piel. Odio las despedidas- pero a quién le gustan- y nunca he sabido decir adiós sin sentir un vacío en mí. Me han dañado muchas veces, tantas, que he aprendido a perdonar. Y a cada fallo o lamento aprendí a quererme un poquito más. Sé que no tengo los ojos grandes, que mi cuerpo no es un monumento digno de observar, que a nadie podría conquistar con solo una sonrisa y que mi forma de andar no es peculiar. Pero también sé que cuando me gusta algo, me gusta de verdad. Y que cuando persigo una meta lo hago sin mirar atrás.
Sé a lo que te expones al conocer a alguien como yo, sé que escribir es una locura, pero...¿Y vivir no lo es?
Sé que da miedo la incoherencia de un corazón que se mueve por impulsos, pero soy aire que no se puede detener y ni si quiera me cuesta volar.
Lo reconozco, seré invisible ante tus ojos y cuando camine por tu lado no me vas a ver pasar, porque no te llamará la atención el silencio de unas bambas al pisar. Pero si miras un momento, solo un pequeño instante, a mis ojos brillar, verás que en ellos se esconde la verdad.

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