Noches de certeza.

Es la 1 de la madrugada y aquí estoy destripando mi cuerpo con versos.
O quizá son solo palabras, pero queda más bonito llamarlas así.
Todo está en silencio, hasta mi cabeza. Ya no queda nada. No hay gritos, remordimientos ni pesadillas. Hay silencio. Un gran silencio. No queda dolor en este corazón.
Yo antes me esforzaba por recuperar mi vida anterior, sin darme cuenta de que cuando alguien se marcha, cuando alguien te abandona no debes aferrarte a esa persona. Sino que debes seguir y aprender a sobrellevarlo  lo mejor que puedas. He conseguido avanzar, cuando creía que me quedaría en el mismo punto para siempre, no. He comprendido muchas cosas sobre mi pasado y he decidido no vivir creyendo en mentiras. No puedes estar pensando toda la vida que las personas van a volver, porque que no estén ya es un buen indicio de que no habrá retorno. 

Hoy sonrío, ayer también. Y mañana sonreiré. Porque hace ya muchos días decidí que no iba a mirarme más triste al espejo. Todos me dicen que me ven brillar, que hacía tiempo que no me veían así de bien. A penas tengo ojeras, ya no hay pesadillas. Ya no me persiguen los recuerdos ni me acosan. Estoy curándome. Tenía razón, esta vez es diferente. Esta vez no me he quedado esperando. Esta vez he caminado sin mirar atrás.
Ya no escucho canciones tristes, y si suenan, las canto sin lágrimas en los ojos.
Tengo diecinueve años y he descubierto que no puedo encerrarme en mí misma. Tengo que conocerme. Tengo que soñar, luchar por esos sueños. Beber, olvidar, recordar y sentir.
Tengo que encontrar a alguien que se enamore de mí. No ser la única que esté al otro lado de la cuerda, nunca más, sin que la otra persona deje de sujetarla.
Me merezco amor.
Merezco que luchen por mí, también, como lucho yo.
He descubierto que ya no puedo vivir pensando en el ayer, porque ya es pasado.
Y ya no miro donde miraba antes, ya no me da miedo encontrarle por la calle, ya puedo ser yo misma sin temor a derrumbarme.
He pasado demasiado tiempo luchando y ya no quiero vivir con miedo. No quiero depender de un reloj que esté quieto. No puedo escribir triste y desangrarme por dentro. No puedo aferrarme a una felicidad pasada, a un chico que ya no es quien era antes. No puedo aferrarme a su recuerdo porque su recuerdo ya no es él.
Por eso me estoy curando. 

Por eso ya no estoy donde estaba antes.
Por eso ya no escribo triste, ni lloro.
Por eso ya no me habla de sus lunares la luna. Ni pienso en si vendrá a buscarme.
Porque ya me busco sola, y yo sí vengo siempre. Y yo sí me quiero. Y yo sí lucho por mi felicidad.
Porque no podía vivir con la soga en el cuello, esperando una señal.
Y sí, aún creo en el destino,

el mismo que sé que algún día pondrá ante mí una persona que esta vez ame cada poro de mi piel.




Sin despedidas, desamor, ni medias verdades.


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