Tú eres estación y poesía.




Yo no sé mucho de poesía pero sé de tus brazos rodeando mi mundo y balanceándolo a tu gusto. Sé del polvo que jamás llegó a estar sucio, y de las camisas descosidas y rotas de mi armario.
Yo no sé mucho de versos, pero sé de besos,
de mordiscos prudentes, de caricias inertes,
de sonrisas partidas, de alegrías al verte.
Sé de montañas rusas y de sentirme así a tu lado,
de brotar felices y escapar de la suerte.
Sé de la fortuna que significa tenerte. 
De explicarnos sueños tontos
inexistentes.
De calmarte con dosis de terciopelo
atropellado por mis ganas de quererte.
Llámame loca.
Por no saber, quizá, nada de la poesía.
Pero dime tú si esos ojos no eran melodía.
Dime si al perderte nadie moriría.
Si con tenerte no se necesitan rimas
porque salen solas cuando apareces.
Yo no sé mucho de poesía
pero sé lo que es el invierno
y se parece a sentarnos sin fuego,
ni calor,
más que los roces de dos cuerpos que se buscan
sin encontrarse.
Del lento palpitar de mis versos
cuando se cruzan en tus labios
y pronuncias con dulzura
esas seis letras que forman mi nombre.
Entonces muero
Y tú te haces poesía
y entonces me conozco
y sé que eres hielo
pero fuego,
que eres ceniza,
pero intensa.
Que no desapareces
porque brillas
y que no te marchas
ni suspiras
ni te quedas
ni vacilas
solo esperas
a que un día,
sin venir a cuento
cualquier estación
se convierta en
i n v i e r n o. 

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