miércoles, 15 de enero de 2014

Me duele tu tristeza.



Llorabas y yo sabía por qué. Y no pude hacer nada más que mirarte mientras dentro de mí oía romperse cada rincón de mi alma. Un intervalo de tiempo en el que no escuchaba más que tu respiración entrecortada y mis latidos deteniéndose poco a poco. ¿Cómo se puede sentir una tristeza a través de unos ojos?
Jamás había contemplado un rostro más frágil. O quizá sí, pero no tan frío y ajeno, y a la vez tan próximo. Tanta era la proximidad del sonido de las lágrimas caer, que sentía que era mi vida la que lloraba.
¿Y si un te quiero no bastaba?
No podía sanarle.
Quizá porque no estaba en mi mano.
Quizá porque yo no era suficiente.
No podía hacer más que mirarle y desear en mis adentros que el dolor desapareciera. Que ya no corriera por sus venas. Que ya no echara de menos a aquella que decía ser su mejor amiga y resultó al final no serlo.

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