Y que yo también la he perdido, tío.

Miré a Fran y después posé mis ojos en la cerveza. No sabía si era el alcohol o qué, pero me dio un ataque repentino de sinceridad, y a penas sin conocer a ese hombre, le solté lo que giraba en mi cabeza y daba vueltas todas y cada una de mis noches.

- Yo también la conocía, ¿sabes?. Yo también pronuncié su nombre. A gritos, en forma de susurro, e incluso en silencio. Yo también la he visto sonreír, la he mirado a los ojos y su marrón me ha hecho estremecer. Yo también sé lo que es escuchar como proyecta sus sueños en un futuro no muy nítido, la he oído pronunciar sus dudas, y he visto sus ojos apuntando directamente al horizonte.
Me ha cogido la mano y me ha susurrado que no me fuera tantas veces como veces me acabé yendo. Y sí, sé lo que es que te abrace cuando rebosa de felicidad y te pille por sorpresa. Y que cuando esté triste se hunda en su propio mundo y no puedas ni atreverte a entrar en él y abrazarla.
Sé lo que es que sus pupilas se claven en ti hasta el punto de minimizarte en un mundo gigante.
La he oído reírse de todo y la he oído llorar. Ella también me ha soltado algún rollo filosófico que jamás he logrado  entender y he asentido nervioso sin saber qué decir. Sé cómo te sientes. Yo también he enredado mi dedo índice en sus rizos rubios y la he dejado caer en mi mundo. Yo también me he sentido protegido si me escuchaba y fruncía el ceño, y después me contaba algo que no sabía bien bien por qué, pero conseguía hacerme sentir mejor. Que sé lo que es mirar sus piernas perfectas alejarse a toda prisa de cualquier lugar y ni si quiera poder pestañear, joder.
Que ella también me ha prometido la luna y jamás le ha hecho falta bajármela para que yo pudiera rozarla. Que le he acariciado la espalda, y también la he abrazado en mi cama, mientras ella contemplaba todos y cada uno de los lunares de mi piel y me decía que le encantaban. Es que, ¿sabes qué, tío? antes de que ella llegara mis defectos eran solo eso, defectos. Pero cuando ella me dijo que le gustaban todas esas imperfecciones que a mí me parecían horrorosas empecé a mirarme con otros ojos y empecé a quererme. No solo era feliz porque ella me aceptaba, sino también porque empezaba a hacerlo yo.  Y yo también he leído sus versos rotos, y la he escuchado cantar, tímida, huyendo de mi propia risa. La he contemplado mientras se aguantaba la risa, y la he oído marcharse sin hacer ruido para no despertarme y darme alguna sorpresa preparando chocolate caliente. Que sí, que he pisado mil puertos con ella y en todos he imaginado que algún barco era nuestro y me la podía llevar por el océano a perdernos. Que sé lo que es perderse en sus labios, y que te muerda suave. Sé lo que es que encuentre tu punto débil y lo utilice en tu contra siempre que puede para convencerte. Sé lo que es escucharla leer en voz alta, y sé de qué color pinta sus sueños. Que jamás la he entendido del todo, y que es una tía tan rara que a veces sentía que no la conocía, pero que otras parecía que llevaba conmigo desde siempre. Y que yo jamás lo veía, pero ella no me dejó tirado ni una sola vez. Que convirtió días grises en días menos oscuros, y jugó a hacerme niño otra vez. Que con ella las horas se hacían segundos y que cuando me miraba era incapaz de no perderme. Que me hacía volar, joder, y me cosía las alas si alguien las rasgaba. 
Que nunca le gustaron las promesas, pero por mí rompió muchas normas y acabó prometiéndome las estrellas.
Que sé lo que es verla irse, tío. Sé lo que es callarse, y arrepentirse. Sé lo que es castigarse cada día y hablarle a la cerveza solo porque es rubia y te recuerda al color de su pelo. Que yo también he marcado su número mil veces y no me he atrevido a darle al puñetero botón verde. Que yo también he muerto por dentro cuando la he visto de la mano de otro, dándome a mí mismo la lata, reprochándome hasta lo que no fue. Que yo también la quise, y que después de apartarla de mi mundo lo vi. Así que no cometas el mismo error que yo, porque te aseguro que no es divertido ver como de repente desaparece de tus días, y entre tus últimas llamadas ya no está su número, y que la última conversa que tengas con ella sea de hace meses y se reduzca al qué tal. Te aseguro que no se vive mejor echando de menos los pequeños detalles, ni el mejor refugio es el recuerdo borroso de un invierno y su sonrisa permanente grabada en tu cabeza. Joder, dile que la quieres. Porque yo no pude hacerlo y no sabes cuántas veces he deseado que todo fuera absolutamente diferente, cuántas veces me he perdido en un recuerdo y he luchado con todas mis fuerzas por volver.
¿Y sabes qué? Aún miro todas las noches el móvil y me imagino que se ilumina la pantalla y es ella, o miro hacia  esa puerta y deseo ver una cabellera rubia, que se gire, y que tras ver su sonrisa vea esas piernas preciosas acercándose a mí. Ahora vivo de sueños, tío, y todo está tan jodido que bebo, y bebo, y bebo, pero ni la cerveza consigue ahogar sus recuerdos. 




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