Qué triste es que ya no leas mis palabras.
Porque siguen siendo  tuyas.

¿Sabes? no sé en qué punto nos encontramos. Es más, creo que dejé de ser parte de ti.
Pero no puedo evitar sentirme unida a ti. Como si tus fracasos fueran también míos, y pudiera compartir tus éxitos. Como si pudiera reír contigo, y abrazarte cuando todo vaya mal. Como si tú aún me necesitases como yo a ti.
Pero me trago mis palabras. Y si quiero abrazarte, me contengo. Y si quiero besarte, sólo te miro en silencio. Porque nos separa una fina línea que la última vez que cruzamos hizo que te alejaras de repente de mí. Como si aquellos besos no hubieran sido sinceros. Como si tú no sintieras lo mismo que yo con esas caricias. Como si no me lo hubieran dicho todo tus labios al rozar los míos. Y lo que más me dolió cuando después de avanzar retrocediste fue que supe que algo se había movido ahí dentro. Que tú también habías sentido lo que sentí.
¿Sabes? Podría mirar tu sonrisa sin cansarme durante horas. Y podría quedarme en tus brazos durante días. Nunca he estado tan a gusto en ningún lugar. Nunca un olor me había arropado tanto como el tuyo. Tú siempre serás esa pieza que el destino me puso en el camino. Esa casualidad que nos llevó a estar en el mismo lugar, al mismo tiempo.
Siempre serás esa canción que no dejo acabar, y pongo una y otra y otra vez.
Y aunque yo ya no sea tu camino, tú eres con lo que siempre me acabo encontrado, después de caminar por la vida sin buscar.

Qué triste que ya no leas mis palabras.
Porque siguen siendo tuyas.





















Yo tan callada, y tú tan guapo como siempre.

Comentarios

  1. Me ha gustado la entrada...me ha pasado lo que tu escribes! pero hay que pasar adelante

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.