Me dijo que le hablara de ella. ¿Que le hablara de ella?.
Se me pasaron mil adjetivos por la mente, ninguno lo bastante lúcido para hacerle justicia. Suspiré.
- ¿De ella?
Respondió con un asentimiento rotundo.
- Sabe a verano, huele a primavera, se parece al otoño y adora los inviernos. A veces es tímida y otras capaz de gritar en medio de completos desconocidos. A simple vista parece frágil, porque tiene una facilidad para derramar lágrimas...pero a medida que la conoces vas descubriendo que su debilidad es solo fortaleza disfrazada de cristal. Se deshace como la mantequilla para después recargarse y ser metal. Está hecha a prueba de balas y siempre tiene una contestación para todo. Le gusta ir contracorriente y desafiar con sus argumentos a todo el que se cruza; pero en ninguno de esos momentos pierde la dulzura con la que parece envolverse cada vez que desliza las piernas para caminar y llegar hasta donde quiere. Ha tenido problemas, supongo que como todo el mundo, pero ella ha sacado solo cosas buenas. Le gusta ver todos los abanicos de posibilidades en cada decisión que toma, y tiene a pensar que las personas son buenas aunque la propia experiencia diga que la mayoría de personas que creía especiales acabaron siendo una porquería. Así es ella, pareciendo siempre ingenua cuando podría presumir de astucia. Le sobran fuerzas pero le faltan armas. Y su más claro punto débil es el perdón que le regala a todos los que le hacen daño. Cree en las segundas oportunidades, y que pueden regalarse a todo el mundo.
- La defines como si la conocieras de toda la vida.
- No es el caso, solo he aprendido a mirarla como la miraría cualquier cuerdo.
- Creo que hasta me están dando ganas de conocerla.
Lancé al viento mi más sincera sonrisa y le miré.
- Yo le habría puesto el nombre de Ilusión. Jamás he visto que tarde más de cinco minutos en reír. Es como si estar con ella conllevara volver a ser un niño otra vez. Hablar como niños, jugar como niños, reír como niños...
Sin olvidar jamás que en algunos momentos tendríamos que ponernos serios.
- ¿Ya no sabes nada de ella?
- Ahora está más cerca del cielo que de la tierra.
- ¿Está...?
- Yo tampoco he encontrado jamás una palabra para definir ese vacío que dejó cuando su corazón decidió parar.
- No sabía que..
- No tenías por qué saberlo. He sido yo el que seguía nombrándola en presente.
Pero eso también es por qué aún creo que sigue aquí. ¿Sabes? algunas personas deberían de ser inmortales...Porque no sabes cómo se me hinchan los pulmones de rabia cuando todas las noches miro al techo siendo completamente consciente de que jamás volveré a oír el sonido ligero de su risa. Ya no me sirven las fotos para recordar su rostro ni los vídeos o las grabaciones de voz para recordar cómo y a qué ritmo respiraba...Estoy empezando a olvidar cómo olían sus besos, o cómo abría los ojos al despertar. ¿Nunca te ha pasado que quieres almacenar todos y cada uno de esos detalles que jamás tienen importancia pero que se te quedan clavados cuando alguien ya no está?
-¿ Desearías haber sido tú, no? El que se fuera...
- Te va a sonar egoísta pero en esos momentos deseé que hubiera sido cualquier otra persona la que se fuera. Pero ya no creo eso, ahora vivo con el peso. El peso de querer lo que ha sido pero ya no es...
Y créeme, pocas personas saben lo que es despertarse abrazado a un hueco vacío en la cama, con los ojos empapados de recuerdos, suplicándole a tu almohada que por un momento viaje en el tiempo y te lleve al último beso que aún sabía a primero y te dejara detenido ahí para siempre. Pocos lo saben...

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