Al ver todas esas imágenes, al compartir esos miles de recuerdos...ha sido como si ya lo supiera. Como si en otra vida ya lo hubiera visto antes, como si toda esa vivencia hubiera sido parte de mí. ¿Quién conoce los límites de la vida? Quizá ya nos conocimos una vez. Tal vez hubo un punto de partida donde sí nos supimos ver. Y nos hayamos reencarnado en otras mil vidas, para encontrarnos otra vez. Quizá nos dijéramos cuatro tonterías y nos echáramos un par de miradas nerviosas que introducirían un 'qué tal'. Y después nos enamoráramos. Como dos locos, y como solo se puede amar, nos amáramos. Como dos personas que no saben lo que hacen y aun así, lo hacen. Puede que ya nos hubiéramos besado antes y por eso tus labios resultaran familiares. Puede que ya te hubiese querido y por eso se hace fácil.
Quizá ya me colgué otras veces de tus ojos y tu cuerpo me forjara, como Neruda forjaba armas, creando metáforas de la nada para explicar cuánto se ama cuando se ama.

¿Me conocías? Eso explicaría por qué sabes qué hacer cuando todo va mal, cómo tranquilizas a mi tempestad cuando la lluvia empieza a brotar por cada rincón malherido de mis miedos. Eso explicaría por qué razón te quedaste cuando cualquiera hubiera preferido irse. 
¿Que qué es esto? No creo que existan ya las declaraciones de amor, o las cartas con aromas suaves que se dejaban los enamorados, así que tal vez esto solo sea una prueba más de que nuestro camino está enlazado. O puede que solo esté abrazándome una vez más a las palabras.
El caso es que estás tan cerca de mí que casi puedo tocarte esta noche. Como el niño ilusionado que alza el pulgar con la intención de tapar la luna, y cerrando un ojo sonríe porque sabe que de cierta manera lo ha conseguido.
Así somos nosotros.

Dos pájaros alzando el vuelo constantemente.
Y por eso me gusta imaginar que ya lo hicimos en otras vidas y que ya fuiste mío y yo fui tuya. Que siempre fue sencillo como inhalar, exhalar, y saber que cuando vuelva a fluir esa respiración tú serás como el aire que lo forme.
Sencillo y vital.
Imprescindible.
Al fin y al cabo, mío.






Como si estuviera escrito en algún lugar que teníamos que encontrarnos. 

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