lunes, 29 de junio de 2020

Trozos de algo que fui

Nunca te detestaré aunque perciba desde aquí tu indiferencia. No les hablaré de ti, no mal, no triste, no borracha, no despechada, no hundida. Cuando pregunten les contaré lo bonito, lo que quedó. 
No lo haré, no hablaré de tu silencio de después, de la primavera con sabor a otoño que dejaste al cerrar la puerta ni de todas las metas que llegué a alcanzar sin que apenas lo supieras. De eso no hablaré, pero sí hablaré de la vida que quise contigo, de esos sueños que se alborotaban en mi cabeza y que ahora son pólvora. Es como si hubiese vaciado el cargador de todas y cada una de las armas que me llevé a nuestra batalla. Nunca te disparé a ti, solo fingía que lo hacía, pero en realidad tus muros me devolvieron todas y cada una de las balas. Recuerdo que te miré con una pizca de energía la última vez, te dije que todo estaría bien y yo ya sabía que no iba a ser así. Que te irías. Siempre lo supe. No podía ser de otro modo. Aun así, en tu despedida, a centímetros del amanecer más naranja del mundo, me arrodillé ante ti para darte las gracias. Después caí de espaldas y cerré los ojos. El golpe me partió en pedazos, pedazos que se esparcieron por el cemento. Nadie supo más de mí. Nació otra chica parecida a mí y agarró mi vida con fuerza para transformarla. Y ahora esa chica soy yo. La Noelia del pasado me miró y me dijo: Lo he intentado todo, aunque aún puedo dar más. Y yo le respondí: Lo sé, pequeña, pero es hora de que te vayas. La dejé vivir demasiado tiempo en mí, porque por un momento volví a ser inocente, testaruda y kamikaze,por un solo instante pensé que las cosas saldrían bien. Tal vez tú nunca estuviste aquí, solo fue una prolongación de aquello que dejamos a medias. Y ahora que se ha completado el ciclo, te puedes marchar. Las malas lenguas hablan, sé que vas a estar bien, lo he visto con mis propios ojos y me alegro. Mereces encontrar la paz después de tanto infierno. Yo siempre anduve quemándote los talones, persiguiéndote, arrastrándote conmigo a la locura infantil de pensar que hay cosas que duran para siempre. Pero en algo tenías razón: nunca y para siempre son algo demasiado comprometido. Así que no diré que siempre pensé que serías tú y que ahora sé que nunca lo fuiste, porque sería llevarte la contraria, y sé que tu lugar favorito siempre fue el término medio. Espero que seas muy feliz, lejos de mí lo serás. Ojalá te encuentre algún día en cualquier bar y me digas que la vida te ha llenado de ganas. Y que alguien te vuelva a hacer creer que un pétalo es mejor que una rosa, cuando el pétalo lleva consigo el aroma. 

Yo nunca supe hacerlo bien, pero ojalá algún día se quede alguien al que le guste mi torpeza, y pueda irme a dormir todas las noches con la tranquilidad de que, al despertar, la cama no estará vacía.
Estaría bien ser importante para alguien que es importante para ti. Y creerlo con certeza. La certeza que nunca tuvimos, aunque yo la proclamara y tú la esquivaras para siempre. 

domingo, 28 de junio de 2020

Con el terror que genera la incertidumbre y el miedo al fracaso. Con la esperanza de no estar volviéndote loca o con la certeza de que en otra vida lo estuviste. Puede que sea porque estoy acostumbrada a caerme, o tal vez es porque nunca pensé que pudiera salirme bien. El caso es que estoy aquí esperando lo inesperable, y me hundo así, sintiendo que no acelero. Y a medida que me acerco, más se aleja lo que ansío tocar. ¿Y si todo esto estaba solo en mi cabeza ?

miércoles, 24 de junio de 2020

Con certeza

Es una sensación extraña. El desconocimiento me abruma, por eso te observo cuando miras distraído el paisaje. Estamos en la cima del mundo y pareces no querer mirarla a los ojos. Te hablo de estupideces y pongo sobre la mesa todas, o casi todas, mis cartas. Sé muy bien cómo hacerlo porque soy experta en esconderlas. Llevaba toda la vida con miedo, pero ahora sé que no debo tenerlo. Al principio, con la guardia aún demasiado alta, te sorprendes. Te impacta, tal vez mi honestidad, quizás mis pasos firmes, puede que fuera demasiado evidente. Me dices tu verdad y me la creo, y de repente, me siento aún más pequeñita a tu lado, como si los años que hay de tu mirada a la mía te hubieran regalado la capacidad de mirar el mundo de una forma muy diferente. ¿Qué estás pensando de mí en este preciso momento? Toda Barcelona se ve desde aquí. Es impresionante. Te deja sin aliento. Sonríes. Qué observador. Sé que sabes lo que sé, y yo creo saber lo que tú sabes. Pasos torpes hasta el coche. Que sea tan difícil llegar hasta ti me resulta aún más atrayente. Espero que no lo estés haciendo a propósito. No corro detrás de ti. Me gusta porque no tengo que correr detrás de ti, estoy a tu lado. Por inercia, camino, y parece que vamos al mismo ritmo. Es la primera vez en mucho tiempo que siento que no tengo que perseguir pasos torpes. Que no hay nadie huyendo. ¿Es real?
Tu mirada parece convencida, tienes las ideas claras. Y no me asusta en absoluto. Debería asustarme, lo sé, pero no lo hace. No tengo miedo. Floto y te escucho, las bromas que afloran se mecen tenues bajo la luz de las farolas. Tres de la mañana. Ten cuidado. Y arranco el coche, canto muy alto cuando me paro en todos los semáforos rojos porque las calles son solo mías. Ya he llegado. Sana y salva. Así me gusta.
La noche se vuelve suave y, tras unas palabras locas, cae el día y con él la resaca emocional de haber entendido la conversación más abstracta del mundo como la más íntima del universo. 

lunes, 15 de junio de 2020

El vértigo del "antes"

¿Qué pasará cuando ceda? ¿Qué harás cuando un asome entre mis dientes y resbale por mis labios? ¿Qué sucederá entonces? Por encima de mi mirada felina y astuta, por debajo de tu ceño fruncido, atravesando las distancias cortas. ¿Qué será de mí? ¿De ti? Un paso en falso y saltaremos por los aires. Tú siempre enciendes tu mecha, con más facilidad y soltura que yo, con más precisión, como si estuvieses muy seguro que algo está a punto de ocurrir a continuación; yo siempre tiemblo con el mechero entre las manos, como si consiguiera quemarme. Es la primera vez que siento que no tengo el control de la situación. Mi mente, relajada, baila. Es como si fuese fácil. ¿Siempre ha sido fácil? En otros ojos no lo era. Nunca lo fue. A la vez, detesto no llevar el control. En cualquier momento voy a descarrilar, voy a desviarme, voy a dejar de mirar la carretera, voy a pisar las líneas, voy a estrellarme. Porque...es eso lo que me da miedo, ¿no? Estrellarme. Ese es mi único temor. Me escribí con fuego en el pecho que todo el que pisara este suelo iba a largarse y ahora me da miedo encariñarme con lo que habita a mi alrededor. Es como vivir con la seguridad de que al día siguiente vas a despertarte en medio de la calle y tu colchón, tus libros o tu mesita de noche van a desaparecer para siempre. Vivo en un constante exilio. Y me da miedo. Abrir estas puertas sería exponerme al abandono. De nuevo. Dejar entrar a la ilusión sería recordarme que ya no soy una niña. Pero, ¿y si ya no tuviera que serlo? Quizás siempre se trató de eso. Que ya no soy una cría. Que ya lo huelo todo a kilómetros, que sé de qué pie cojeo, que sé lo que no me gusta, lo que me gusta. Que con el paso de los años me he vuelto exigente y que todas las despedidas me han hecho de piedra. 
Sé que vas a venir e intentar romperlo todo a martillazos. Eres dura, eh. No sabes cuánto.  ¿Por qué? Es la única manera de sobrevivir por aquí. ¿Y si te dejas llevar? Mi mente se pregunta dónde. Y no lo sé, pero, ¿acaso importa? Joder, es que parece que tú tengas muy claro hacia dónde vas. Tu seguridad me perturba, me intimida, me encierra, pero también me empuja hacia ti. Eres como un reflejo de mí, te veo y me veo, y a pesar de que me llevas años de ventaja, te pareces mucho a mi yo de hace ocho años. ¿Cómo coño estás así después de todo? Es tan fácil como cerrar los ojos. Por una sola persona, o un hecho, no puedes condenarnos a todos.

Dos lunas apuntando hacia mí. Escozor en el pecho, cosquillas en las muñecas, tensión en la espalda, ¿Estás segura? ¿Ahora mismo? De nada. Bien, bien. Cierra los ojos, no pienses en nada. Déjate llevar.  
Con la precisión arquitectónica de cupido, unos labios caen sobre otros labios. Se bañan y recrean en el milímetro que el aire les presta. Sal sin tequila, limón sin hielo y cristal sin licor. La perfección de un movimiento ligero, unas manos que agarran, suaves, mi cabello. El cuello calculando la distancia entre ambos pechos, el suspiro final que invita a otro trocito de recreo. Dos niños sabiéndose inocentes en su eterna juventud. Se han apagado el resto de estrellas, porque solo dos brillan esta noche. 



domingo, 14 de junio de 2020

Hoy sin querer lo he sabido. La verdad es que me he decepcionado, pero a estas alturas no esperaba que fuese diferente. Tardamos segundos en destruir algo que nos ha llevado años hacer. Es lo irónico de la vida: el que se va primero es el que encuentra antes la salida.
La verdad siempre asoma, y hoy se ha visto por encima de todo.

miércoles, 10 de junio de 2020

De metáforas y cuentos

Pasa, si quieres. Puedo preparar café, o un té. ¿Eres muy nervioso? Porque entonces quizás te prepare lo segundo. Lo siento por el desorden, hace mucho tiempo que no viene nadie por aquí. La última vez que pisaron este lugar me enfadé tanto conmigo misma que lo tiré todo por el suelo. Entendería que no quisieras quedarte. ¿Los espejos? Ah...sí. Están rotos. Fui yo, hubo días en los que no quería mirarme. ¿Te gustan las velas? Encenderé una. Ten cuidado, podrías cortarte, vigila por dónde pisas. No quiero hacerte daño. Sí, aún estoy ordenándolo todo. Siempre me digo que lo haré mañana y mañana nunca llega. Se me da bien posponer las cosas, no creas. No, no me mires así. Haces como si te importase. ¿Te importo?. No juegues con eso. Y perdona que sea tan directa, la última vez que creí importarle a alguien me di cuenta de que no era tan importante. Me da miedo salir herida. Ten mucho cuidado con eso que has cogido, es muy delicado. Podría hacerse añicos. ¿Quieres ver las habitaciones nuevas? No he entrado nunca en ellas, no sé cómo son. Ya...he estado tanto tiempo en este salón que no me imaginaba qué podría haber detrás de esa puertas. ¿Que podría pintar las paredes azules? Sí, sería bonito. ¿Cómo me vas a ayudar? Si es mucha faena...Sí, tal vez tengas razón, podríamos hacerlo entre los dos, reconstruir esta casa, pintar las paredes, abrir las ventanas. Pero apenas me conoces. ¿Y si no te gusta lo que encuentras en mí mientras decoramos juntos? ¿Y si resulta que pasa todo lo contrario? ¿Y si de repente descubres que quieres quedarte aquí? No sé si puedo dejar que nadie más entre. Solo ha estado una persona por aquí y me pasé los 6 años siguientes esperando que volviese. ¿Y si te das cuenta de que tú también quieres irte? Volveré a tirar los cuadros, a desordenarlo todo, a coser heridas. No prometas nada. Yo antes creía en todo esto, ahora me cuesta. ¿Debo cogerte la mano? Quizás me arañes. ¿Y si descubro de nuevo la soledad? ¿Y si alguien decide quedarse? Nunca me he preparado para algo así.

miércoles, 3 de junio de 2020

Dos cabezas pensantes

Hay personas que florecen rápido, que evolucionan a la velocidad de la luz; otras se quedan clavadas en el suelo y echan raíces. Como el niño que, enfadado, se encadena al suelo del supermercado, cruzándose de brazos, y le dice a su madre que no se va a mover de allí hasta que le compre chocolate. O como el náufrago imprudente que vuelve al mar, sabiendo que le esperan mil derivas más.  Hay personas que nos empeñamos en retroceder y darle a pausa, y darle al play, al pausa, al play, al pausa, otra vez. Están los que vuelan alto y lo que nos quedamos siempre rodeando las sombras de todo lo que nos quedó. Están los que conocen a alguien nuevo y les eclipsa su sonrisa y los que, por mucho que lo intentemos, nunca dejamos de proyectar la misma. Están quienes luchan y se rinden y lo que jamás probamos victoria, pero nunca nos retiramos. Están los que necesitan demostrar que siguen hacia adelante y los que en silencio se ahogan por las noches con todas esas palabras que jamás llegamos a proyectar del todo. Existen los que no miran atrás al marchar y los que nunca marchamos a pesar del tiempo. Están los que por temor callan y los que gritamos lo que sentimos aunque sepamos que seremos juzgados. 
Están los que tardan una noche en olvidar y los que necesitamos más de las que Sabina contó en su canción. Están los cuerdos y los locos, los indecisos y los kamikaze. Están, bajo esta misma luna, dos cabezas pensantes, apoyadas en sus incómodas almohadas: una ha decidido dejar de pensar y la otra darle vueltas al mundo hasta que este se maree, para poder bajarse. 

Los dos están locos: el primero por escapar; el segundo por el otro. 

jueves, 28 de mayo de 2020

Sé que me dice la verdad porque me quiere, pero reconozco que era más bonito vivir en mi perfecta y construida mentira. Era más sencillo, engañarnos a nosotros mismos nos da ventaja, porque vamos por delante de nuestros propios pasos, con el miedo pisándonos los talones. Lo más difícil era aceptarlo y ahora que ya lo he hecho me toca asumir mis errores y perdonarme por ellos. Quizás dentro de mucho agradezca lo que hoy aborrezco, o tal vez dentro de mí viva siempre un pedacito descompuesto de mi lado más kamikaze. Es mejor así. ¿De qué me iba a servir ahora? Aceptamos lo que creemos merecer, así que acepto la derrota. Y dejo esta partida. 

domingo, 24 de mayo de 2020

Despacito a mi sombra

En esta noche de mayo calurosa, que me pegan las sábanas al cuerpo, leo hasta las tantas y me hago un ovillo en la cama. El dolor de ovarios me recuerda que sigo siendo humana y que estoy justo aquí: en medio de un montón de piezas diminutas que antes reconocía como obras de arte. Seguro que aquí nadie puede encontrarme.
Nos acercamos precipitadamente al comienzo del nuevo mundo, desembocando en una fase sobre la que apenas tenemos pistas. Me siento la protagonista de una peli mala de zombis. Seguro que aquí también me matan la primera. 
El caso es que ha pasado demasiado tiempo desde aquella última vez que me vi en mi rutina y en mi normalidad y todo parecía ir bien. Las cosas se empezaron a torcer cuando llegó la desilusión, el encierro y la apatía del mundo hacia mí, o de mí hacia el mundo (no lo tengo muy claro).
Cuando vuelva a salir ahí fuera voy a querer volver a tener la vida que antes tuve y va a ser muy duro no encontrarme contigo en ella. Es irónico que la distancia pueda traerte las cosas de vuelta, cuando la memoria te la juega y disfraza de realidad el recuerdo. 
Estoy hasta los mismísimos de estar tan sobria, tan sola, tan vacía en este cuarto lleno de entretenimiento crudo. Necesito bailar en algún bar y beber hasta olvidarme de mis apellidos. Perderme entre la oscuridad de la noche, volver cuando haya amanecido y dormir hasta las cinco de la tarde. Volver a tener esos sueños tan bonitos que algunos días tenía y no estas pesadillas que me recuerdan que en una época de mi vida fui tremendamente feliz.
Hace demasiado calor para estar cuerda y me creo una valiente de mierda por escribir lo que siento, cuando, de toda la vida, el papel solo tiene espacio para cobardes que jamás dijeron una palabra de lo que sentían.
En el fondo todo escritor merece esta desidia, esta agonía punzante, o la sensación constante de que hay algún roto que coser con palabras estúpidas que no va a leer nadie. 




Ojalá me hubiese gustado más la astrología que la poesía, ahora estaría camino a la luna y no arañándome la espalda con esta prosa que jamás me dará nada más que insomnio. 
Algunos comienzan a ver la luz en el túnel, yo le he cogido manía a los espacios abiertos y solo me encuentro cuando me acerco despacito a mi sombra.

lunes, 18 de mayo de 2020

Noches de diálogo

- Nunca me perdonaste, ¿no? Que me fuera - dijo Valeria mirándole a los ojos. Nacho vaciló unos segundos antes de responder y dijo con voz clara:
- Fui yo, te pedí que te marcharas.
- Pero después dijiste que me quedara. Y no lo hice. Sé que nunca me perdonaste, sé que te herí y que te rompí en mil pedazos-. El silencio era ensordecedor, así que Valeria lo llenó con sus palabras.-Y no hubo ni una noche en la que no pensara en si había hecho lo correcto. Al decir que no me quedé siempre con la duda de qué hubiera pasado si hubiese dicho que sí. 
- Hiciste lo correcto- insistió él. 
- Pero sufriste.
- No podemos cambiar el pasado-. Se mordió el labio, descartando la siguiente idea que asomaba por su boca. 
- No, es inamovible,- añadió ella- pero de verdad que creí que podríamos cambiar el futuro...Estaba convencida. 
- Puede que el pasado nos marque tanto que no seamos capaces de mirar hacia otro lado cuando este vuelve-. Nacho se asomó por la ventana, dándole totalmente la espalda a Valeria. Dejó la taza encima de la mesa y se giró para ver la reacción de ella, que aguardaba con los ojos muy abiertos y los brazos cruzados. Le arañó el corazón verla así, pero no parpadeó ni dejó ver un solo ápice de tristeza.
- ¿Me quieres?- Valeria lo dijo con un hilo de voz tan pequeño que temió haberlo escuchado solo ella.
Nacho agachó la mirada, en busca del suelo, y después volvió a levantarla. Fijó su mirada en ella, frunció el ceño y sus ojos se empañaron por completo-. Es igual,- continuó ella tras unos segundos de silencio que se hicieron eternos- no tienes que responder. Es una tontería, ya no tenemos por qué hablarlo. Ya nos hemos dañado suficiente.
Valeria hizo ademán de irse, agarró su bolso marrón y la chaqueta de cuero y se dispuso a salir de la cocina. Nacho tardó unos segundos en reaccionar, pero salió a por ella, y a la altura del recibidor, la alcanzó. La agarró del brazo y la arrastró hasta él, para abrazarla con fuerza. Sumergió su nariz entre los mechones castaños de su pelo e inspiró profundamente. Siempre olía bien, y su pelo era como un rincón de flores. La apretó hacia él con tanto ímpetu que no fue siquiera consciente de la fuerza que estaba ejerciendo. Valeria apretó los puños al pasarlos alrededor de la cintura de él y una lágrima cayó en picado para mojar la camisa de Nacho.  
- Lo siento- susurró ella- no sé por qué estoy así...llora...-no pudo acabar la frase porque al levantar la mirada, se encontró con los ojos llorosos de él, que dejaban caer unas lágrimas tímidas y frías. Estaban tan cerca que sus respiraciones se mezclaron, sus labios estaban a pocos centímetros, y los ojos de ambos clavados en la pupila ajena. Percibían sus reflejos y, por inercia, se acercaron tanto que sus labios se rozaron. Un beso salado se tornó amargo cuando al separarse los ojos de Nacho parecían dos piscinas rebosantes de agua. 
- Creo que la respuesta es no- espetó ella-. Y no pasa nada, Nacho, está bien, de verdad. Solo quería...quería entenderlo. Quería saberlo. Intento trepar un muro que te has construido con tanto empeño a tu alrededor...es imposible, nunca te alcanzo, nunca puedo llegar hasta arriba y cruzarlo. Eres tan complejo...
- Ojalá pudiera explicarte todo lo que hay detrás de ese muro- sus ojos eran muy sinceros.
- No importa, en el fondo sé que lo construiste cuando me marché con él. Me lo merezco, Nacho. Merezco esto. Es normal que no puedas querer a quien te obligó a pasar página, ni a la persona que no quiso darte otra oportunidad. Merezco que te vayas de mi vida, que nada sea suficiente, que ese pasado no se vea compensando. 
- Son los fantasmas que habitan en todo lo que fuimos- sentenció él. 
- ¿Sabes? - dijo Valeria abriendo la puerta, despacio- A veces fantaseo con conocerte de nuevo y empezar de cero. Te demostraría que eres la única persona a la que he querido de verdad, por la que he luchado. 
- Sé lo que sientes por mí y sé que siempre te has quedado conmigo, Val, no es eso...Es...yo...
- No me tienes que dar explicaciones.

Valeria cerró la puerta tras de sí, con la sensación de que aún tenía muchas cosas que decir, pero sin poder formar una frase con sentido. Su mundo acababa de desplomarse y a su mente acudían errores del pasado, como si de una película se tratase y solo pudiera rebobinar. En el fondo entendía que el pasado amargo había complicado las cosas entre ellos, así que respetó su decisión y se marchó. 
Nacho sintió cierto alivio cuando Valeria se fue, una parte de su mente descansaba porque al fin podía haber sido sincero con ella; la otra parte aún la quería abrazar y pedirle perdón. Se iba a quedar con la sensación de que ella lo odiaría un tiempo, pero Valeria ni siquiera lo intentó. No habitó ni un ápice de rencor en ella, solo una tristeza que se le instaló en el pecho y empezó a formar parte de sí misma. Se preguntaba si algún día lo volvería a ver, si volverían a reír juntos. Nacho pensó en que al final, eran tan buenos amigosque pesaba el doble la despedida. Quería volver a verla reír, escuchar sus estupideces, su pasión por lo insignificante. Ella quería la templanza de él, su calma y sus manos frías. 
Ambos se hicieron la misma pregunta, si la vida algún día volvería a unirlos, y los dos se encontraron con la misma respuesta: una gigantesca incertidumbre que nublaba la entereza. Ahora solo les quedaba abril, los recuerdos dulces y un amargo sabor bañado de despedida. 

domingo, 10 de mayo de 2020

Nunca se me dieron bien

Nunca se me dieron bien las despedidas, y menos contigo. De algún modo siempre regreso aquí porque es el único lugar en el que puedo hablar contigo. Es absurdo, mi yo más profundo aún cree que me lees; mi yo más racional tiene la certeza de que no, aunque eso no importa. Que leas o no estas líneas no va a cambiar nada. Llevo pensando muchos días en que quizás no debería escribirte en el blog porque, de alguna manera, alimento mis esperanzas, como si escribirte fuera a traerte de vuelta. Es la locura que se desarrolla en la mente de alguien que pierde a una persona que le importa, la obsesión de traerlo de vuelta. El caso es que te veo bien, ya sabes, por el único sitio que puedo verte, las redes sociales. Y cuando te veo bien me pongo feliz por ti y al mismo tiempo pienso en que yo aún no estoy así, en que yo aún te echo de menos, en que yo aún no puedo pretender que nunca pasó nada, ni he asumido la pérdida. Siempre he admirado esa parte de ti, capaz de hacerte una persona fuerte, que camina, que sigue erguido, con la cabeza alta, hacia adelante. Yo siempre he sido más de ir balanceándome hasta que me mareo y decido parar. A mí siempre me costó un pelín más llegar a estar así de bien. Y no te culpo, para nada, me alegra que no necesites saber de mí, ni hayas tenido la tentación de escribirme un cómo estás. Yo evito entrar en tu conversa porque el silencio aún me pesa y me duele. Es como si hubieras desaparecido de repente, como si te hubieras ido muy lejos, como si el mundo fuese diferente. 
Las noches son la parte más dura, suelo acostarme a las tantas y siempre me cuesta dormir, porque en mi cabeza habitan conversaciones que ya nunca serán y se amontonan los recuerdos, casi siempre buenos, que hemos ido guardando en nuestras memorias. Es como si cada madrugada una parte de mí necesitara despedirse, traerte de vuelta un segundo, apoyarte en la almohada y darle vueltas y vueltas a todo hasta quedarme dormida. Ahora entiendo cuando me contabas que muchas noches eras incapaz de dormirte, a mí me han dado las cinco de la mañana ya demasiados días. Quizás será más fácil si no tecleo estas estupideces, si me desahogo con alguien y le explico cómo me siento, pero creo que no me llegan a entender del todo. A veces siento como si la historia solo hubiese existido en mi cabeza y yo fuera una loca delirando sobre alguien que nunca estuvo. Sé que es una locura, pero a veces desearía que el mundo se hubiera detenido justo en el momento anterior a cualquier duda. Incluso en aquellos críos de diecisiete años. Aún el mundo no nos había dado la patada, aún no había llegado el gran diluvio, aún no nos habíamos corrompido. Éramos inocentes.
Ojalá quieras volver a verme cuando esta locura y el encierro acaben y podamos abrazarnos. Quizás así pueda echarme alcohol en las heridas, pensar en curarme. Necesito mirarte a los ojos antes de hacerme a la idea de que este verano no va a estar lleno de cervezas contigo en cualquier bar, ni de escapadas tontas, ni de cines improvisados. Que ya no brillaremos desnudos, que no me apoyaré en tu hombro ni me acurrucaré. Que ya no te agarraré la mano cuando la dejes sobre las marchas ni te rozaré la pierna al decirte que todo irá bien. Ni siquiera te he podido contar cómo ha ido la nota del TFM, qué les ha parecido mi reportaje novelado. Que no te podré contar cuando empiece el curso de doblaje. Tengo que despedirme de ti, abrazándote, tengo que hacerlo antes de aceptar todas esas cosas que escuecen más de lo que me gustaría.
Sé que todos piensan que voy a estar bien, y sé que lo estaré del todo algún día, que seguiré siendo la de siempre, que seremos solo un recuerdo precioso, pero ahora cuesta hacerse a la idea de todo eso que ya no va a existir. Habría sido un tercer verano increíble. Contigo siempre lo fue. Incluso esos días en los que nos quedábamos en casa viendo una película. Yo de verdad creía que esta vez sería más fácil, y de corazón deseo que para ti lo esté siendo. Y también espero que si un día por casualidad lees esto no pienses que soy una idiota o una estúpida por sentirme así. Ni te sientas culpable. Hiciste lo que tenías que hacer, y al menos uno de los dos tuvo el valor de tomar una decisión. 
Sé que volveremos a vernos, tarde o temprano, y sé que no es una despedida del todo hasta que no te vea marchar de vuelta a casa, pero por ahora será mejor que no escriba sobre esto. Que me centre en otras cosas, que intente distraerme, como me propongo todos los días. Ojalá tengas miles de proyectos que hacer cuando todo esto pase y brilles en este mundo gris. Tú siempre hacías que pareciera todo un poco más bonito. Vas a llegar hasta donde tú quieras.


No me caben dudas.

miércoles, 6 de mayo de 2020

En páginas que no se leen

Todo el mundo tiene días malos. Ya, ya lo sé. Días de nubes oscuras y pesadas que te cargan los hombros de accidentes. Un runrún en la cabeza constante, una voz acechando: Y si, y si, y si. Y si nada. Me costó entenderlo pero no hay y si que valga cuando la despedida te abraza por la espalda. Duele tanto alejarse de algo que adoras, duele tanto que todo resulte pólvora. Miras atrás y ves todo lo bueno que habíais construido, aunque fuese invisible para muchos, y piensas en todo lo que ya no tendrás. Es como si alguien viniera y arrancara de todas tus fotos la posibilidad de futuro y las archivara en el pasado. ¿Cuánto duele una fotografía si tienes la certeza de que no vas a comentarla con la persona que aparece en ella en un futuro? Que todo quede en la memoria, en esa traicionera que puede que con los años me abandone y me haga perderlo todo. Mi temida demencia. ¿Cómo guardar algo tan valioso en un lugar tan frágil e inhóspito como la memoria? Es casi imposible. Es transformar todos los veranos en inviernos grises, es recoger lo sembrado sabiendo lo mala que ha sido la cosecha, es despedirse de todo lo bueno que albergaba algo o alguien. Si pudiera volver al momento de las fotos quizás cambiaría las cosas. A mí no me vale el discurso de: "No, si yo no me arrepiento de nada, todo lo que ha pasado me ha hecho ser quien soy". Y una mierda. Todos nos arrepentimos de cosas. De lo que no hicimos, lo que no dijimos, lo que hicimos, lo que dijimos. Me arrepiento de haberme callado en el coche y no decirte lo que entonces no sabía, porque no veía el final como algo tan cercano aunque acechara a un mes de aquel momento, que te iba a echar de menos. Te habría dicho que te quedases, aunque eso supusiera la pérdida de mi dignidad. Te hubiese pedido un abrazo, un beso, una señal de que estuviste aquí. Me arrepiento de no haberme quedado un rato más, entonces no sabía que sería la última vez que te vería antes de que se escribiera el final. Claro que me arrepiento, de muchas cosas, y entre ellas, haberte hecho daño. Sé que elegí durante aquella época que te pesa tanto un mal camino, y ojalá no lo hubiera hecho. Sé que eso condicionó todas las decisiones que tomamos años después. Me arrepiento de no haberte dicho que te quería ni haber hablado de todo mucho antes, aunque en el fondo sé que tú lo sabías, y que de haber hablado las cosas, de igual modo se hubiera escrito este final tan amargo. Sé que no hubiera cambiado nada, porque una parte de ti quería marcharse y yo la obligué a que se quedara. Lamento mucho haber sido una carga y que tuvieras que decidir si quedarte. Lamento mucho no haber sido valiente y sobre todo, lamento tener que escribirle a una página. Sé que no tengo derecho a romper tu pacto, ni tu silencio, por eso me quedaré callada. Por eso aún sigo escribiendo mis gilipolleces, porque decírtelas a ti sería injusto. Mereces la tranquilidad para poder continuar y yo algún día perdonar mi pasado. Quiero salir de casa, pasear, reencontrarme con el mar, dejar de pensar. Es difícil. Hay demasiado de ti en mí. Echo de menos saber de ti, de tus días, de tus idas y venidas. ¿Cuántas veces habrás tenido un imprevisto? ¿Cuánto habrás reído ya? ¿Cuánto habrás dicho? ¿Cuánto habrás callado? Preguntas abalanzándose sobre mí. Lo sé. Lo sé, sé que es absurdo. Qué apagado será San Juan sin ti. Y qué tontería que dos de las mejores noches contigo fueran justo ese día. Lo que daría ahora por una pizza de congelador, cualquier película y tu sofá. Con qué poco bastaba para sentirme en paz. Y qué tonta soy por ponerme a darle voz a mi memoria. Hay días que simplemente se hacen cuesta arriba. 
Cómo me cuesta subir últimamente. 

domingo, 3 de mayo de 2020

Las dos Noelias

La brisa ligera entorpece mi mirada, el pelo se enreda en el aire y me envuelve. Rostros desconocidos, mi búsqueda imposible finaliza con la última gota de esperanza que colma el vaso y lo desborda. Ni rastro en las cervezas, ni en el libro que me acabé anoche, ni en la mirada verde del chico que está cruzando la carretera sin ver más allá de sus zapatos. No está. Ni estará. Se ha esfumado, ha desaparecido, se ha convertido en espuma, me ha hundido con él. Ya no vuelve. Ni en formato ira, ni en lágrima comprimida, ni en sorbo de alcohol puro. Se queda en su mundo y con un equilibrio preciso, cambia de dirección sin pestañear. Casi no me he dado cuenta y los días me consumen. Aún me recuerdo fumándome las noches, entre cubatas y voces desconocidas. Era más inmadura, pero el dolor no se me quedaba clavado en el pecho, aprendía a vivir con él. Ahora lo guardo en libros que consumo, con sed de aislarme, en canciones que compongo tontamente, en diarios que escribo tachando. Me he vuelto la persona más sensata del mundo, pero me detesto. Tengo el corazón tan frío que parece que el verano aún no está aquí, cuando todos hablan ya de él. ¿La que soy ahora es mejor o peor que aquella chica que soñaba con los ojos abiertos? Me caía mejor la otra, pero admito que los demás respetan más a esta. Cada vez que me he atrevido a ser aquella chica de ayer he acabado cosiendo heridas, quizás cosa de su ingenuidad, su fantasía. Tal vez esta nueva Noelia no sea derrotada y salga victoriosa y sin arañazos, tal vez esta vez la abracen hasta quedarse dormida. Quizás ella sí que pueda ver el amanecer, quizás se alimente de cerveza fría y cante temas que aún no existen. Le daré una oportunidad a esta nueva Noelia, que aún no sabe bien cómo va eso de la vida, pero se empeña día a día en aprender. Esta nueva chica pone el modo avión a las doce de la noche y se queda dormida viendo su serie favorita porque le da miedo quedarse en silencio con ella misma. Les dice a todos que hay temas prohibidos de los que no podrán hablar hasta pasado un tiempo, y a su vez añora desahogarse en el papel. Puede que se esté volviendo loca, que haya pedido demasiado o que aún no sepa muy bien hacia dónde ir, pero sí sabe de dónde viene. Llegar hasta aquí ha sido duro, ha tenido que reconocerse, aceptar y arriesgarse, pero sabía que apostándolo todo siempre cabe la opción de perder. Y perder es algo que ninguna de las dos Noelias pudo aceptar nunca de un modo sencillo. Solo el tiempo las enseñó a aguardar, esperar y ser pacientes, dejar esos vacíos así, no intentar llenarlos con absurdos. Quizás haya espacios en nosotros que deban permanecer siempre así,  repletos de pérdida y vacío. Quizá debamos vivir también con eso, aunque no sepa cómo explicárselo a esa chica nueva y desconfiada que me devuelve la mirada en este espejo. 

viernes, 24 de abril de 2020

Cada vez te vas un poco más lejos, cada vez se vuelve más gélido el aire que entra por la ventana. Ya no nos queda nada, ni siquiera una plataforma absurda que nos unía. No importa, te veo bien, sé que estás feliz y me alegro de que sea así, no quisiera que fuera de otro modo. Pronto la memoria traerá consigo sus lagunas, olvidarás pequeñas partes, retomarás las riendas de tu universo. Y está bien que así sea, es lo correcto. Celebrarás tus logros, te tomarás muchas cervezas, reirás con tus amigos y te alegrarás de la decisión que tomaste. Quizás quedo en esa parte oscura de la memoria que florece alguna noche, entre pensamientos banales, entre humo y pólvora. Seré un recuerdo de esos que ya no puedes agarrar con las manos, que se escapa entre los dedos. Un día olvidarás cómo suena mi risa o la forma extraña que tengo de caminar. Pasaré a ser un pedacito anecdótico de tu vida y le hablarás de la historia que no llegamos a escribir a la siguiente persona que conozcas. Y te verás un día frente al espejo, vistiéndote, ilusionado, para quedar con alguien nuevo. Te encontrarás riéndote, suspirando, haciendo planes, forjando aventuras. Inventarás un nuevo idioma, acariciarás otro cuerpo, beberás de otros besos, recorrerás otros acentos, otros lunares. Y está bien que así sea. Encontrarás en otro nombre la fuerza, las ganas. Estarás bien, yo lo sé, y es lo que mereces. Dormirás tranquilo sabiendo que estás donde querías estar, y poco a poco, cumplirás todos tus sueños. Y cuando estés en la cima, saboreando la victoria, yo desde algún punto de este infinito universo, en silencio, estaré alegrándome. Y sé lo que dirías ahora, lo sé, que yo también estaré bien, y sí, sé que también lo estaré. Sé que tendré que desaprender nuestro idioma, olvidarme de todo lo que fue y lo que no llegó a ser. Levantarme por las mañanas sin necesitar esos cuatro segundos en los que me explico a mí misma que ahora todo es diferente. Sé que todo saldrá bien, que también pisaré bares y contaré algún día nuestra historia. Sé que a medida que tú avances yo también lo haré, sé que te dejaré en un rincón de mí, en la carpeta de recuerdos o casos sin resolver, esperando que el tiempo lo cure todo. Saberlo no lo hace más sencillo, solo lo hace real. Al final fui como el hambre en tiempos de guerra. Me volveré un poco más fría y quizás, solo quizás, esto me haga crecer y madurar. O eso es lo que todos dicen. Todos dicen muchas cosas, pero ellos qué sabrán, nunca estuvieron aquí. 
Dijiste que esta vez sería más fácil, y estoy segura de que podrás llevarlo mucho mejor ahora. Yo me he vuelto a sentir pequeñita, y el dolor se parece mucho al que ya conocía, solo que esta vez todos piensan que he crecido lo suficiente como para vivir con ello. 
Lo único que da vueltas en mi cabeza es la tristeza de pensar que nuestra historia merecía un final feliz. Pero después recuerdo que he visto demasiadas películas, que no vas a volver. En la vida real, las personas olvidan. No sé por qué pensé que nosotros éramos diferentes. Tal vez debí dejar de creer en cuentos hace tiempo. Quizás no he crecido tanto como pensaba. Pero está bien, la madurez quizás me ha enseñado a aceptar. Y eso es lo que estoy intentando hacer a diario. 


De verdad, me hace feliz saber que estás y estarás bien. Prometo que algún día dejaré de escribir estas tonterías. 






Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...