sábado, 21 de noviembre de 2015

Un clásico. Como nosotros. Como lo nuestro. Que pasa pocas veces. Un partido en el que ninguno suele ganar. Un clásico.  Que cuando se da consigue hacer estallar al mismo cielo.
Condenados al fracaso de empatar
matarnos
y renacer.
Todos nos conocen
todos saben qué somos
quiénes somos.
Todos saben que hay uniones imposibles,
que ahora tú eres ese corazón azul y rojo y yo me he convertido en una pálida bandera, que por primera vez en la historia, no tiene nada que ver con la paz.
Esta es nuestra guerra
y se ha vuelto
todo un clásico
batallarla.

Ojo al marcador.
Veintiséis en mi contra.
Y yo sólo te he metido doce.
Vuelves a ganar en este imposible.
Vuelvo a perder sin intentar,
clásico sin empates esta vez.
Fracaso en la espalda
ya no sé ni renacer.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Necesito que me salven.
Nunca he sabido pedir ayuda.
Ahora mi silencio no para de gritar.

Rota.
Rota.
Rota.

sábado, 14 de noviembre de 2015

No sé por qué escribo.

Admito que espero que vuelvas, no he querido nunca perderte. Admito que espero que rompas este pacto de silencio absoluto y me cuentes si ya te has topado con la felicidad. Admito que no dejé de echar de menos lo que eras, aunque haya sabido en cada momento que vivía anhelando algo que ya no existía.
Admito que esperaba tu regreso mucho antes, pensaba que yo había sido esa chica a la que querías dar siempre las buenas noches, la misma a la que mimar todos los días de nuestras vidas. Creía de veras que cuando me llamabas familia era de verdad. Creía que estaría contigo, con vosotros, para siempre.
Suena egoísta, pero eres de las pocas personas a las que he podido llamar amigo. Y te echo de menos.
Sin más. A ti.
Da igual si ya no soy tu otra mitad, da igual si ya no nos importa lo que tuvimos. A veces me gustaría saber si estarías ahí si algo grave me pasara. Si vendrías esta vez a salvarme. Si me recogerías. Has sido una de las personas más importantes de mis ya casi veinte años de vida. Y se me rompe el corazón si pienso que no estarás en mi celebración. Como el año pasado, ausente.
Quizá sea injusto, sé lo que sientes porque yo también lo he sentido. Y sí, ya no estoy enamorada de ti. Pero te querré siempre por todo lo que hemos sido. Te querré aun cuando tú ya no quieras saber nada de la chica que te rompió el corazón después de que tú se lo rompieras.
En dos horas anochecerá. Será otra fría noche de otoño en la que ya no estés. Antes solíamos refugiarnos del mundo, bajo una manta, jugando, viendo la tele o hablando de nada. Aún me cuesta entender por qué renunciaste a eso.
¿Te habías cansado de mí?
Supongo que quererme no había sido fácil ni suficiente, o quizá nunca estuvieras seguro de haberte enamorado de mí. ¿Estás enamorado de mí?
Aún me duele pensar en las dudas que siempre tenías. Lo único bueno de haberte marchado es que ya no tengo que lidiar con ellas. Lo malo es que soy incapaz de perder el miedo a vivir ahora.
Me gustaba que estuvieras siempre, que me apoyaras. Que me dejaras estar ahí cuando todo te salía mal, y que me creyeras cuando te decía que al final sobrevivirías, que podrías con todo. Aunque al final no pudieras. Aunque me dejaras en el camino.
Me imagino cómo serían las cosas si siguieras aquí. Qué pasaría cuando te marcharas a estudiar a Valencia. Cómo llevaríamos la distancia. Lo libres que nos sentiríamos yendo en coche a cualquier lugar, sin tener que molestar a nadie para viajar.
Me pregunto qué habría pasado si hubiéramos dejado de lado todo, si hubiéramos conseguido aquello que siempre quisimos y jamás logramos.
Qué habría pasado si no me hubieras dejado. Habrías estado aquí. Como estabas siempre. Tendríamos un álbum más de fotos. Tres cientos recuerdos nuevos. Un futuro aún más cerca. Mis ahorros del trabajo para irnos un fin de semana fuera. Venecia a sólo seis meses de distancia.
Me pregunto qué habría pasado si hubieras estado seguro de quererme.

Pero es inútil pensar en eso, cambiaste todas las cartas cuando hace casi un año optaste por un adiós.
Ni siquiera sé por qué escribo.

Quizá es el frío, que siempre llega con nostalgia y demasiada memoria.
Qué difícil olvidar el año y los ocho meses más felices de mi vida.

Fue demasiado grande, por eso no hemos salido enteros de algo así.
Bienvenido noviembre, que llegas para partirme el pecho otra vez.

Black.

viernes, 13 de noviembre de 2015

One year ago.

Hace un año exactamente que pasó.
Tu sorprendente frustración, esa llamada telefónica que lo cambió todo.  Hace un año que algo en mí murió. Y desde entonces no ha pasado un día en el que no recuerde cómo empecé a desmontarme poco a poco. Un mes. Un mes de idas y venidas, en el que tus llamadas se hacían presentes cada noche. Hablábamos porque te hacía sentir mejor, pero ya no querías verme. De vernos casi a diario pasamos a vernos una vez a la semana. A veces ni eso. Siempre estabas triste, nunca parecía satisfacerte ninguna de las cosas que te decía. No salías del agujero. Lloré cada noche, tras colgar el teléfono. Lloraba porque sabía que había empezado el camino hacia el final. Comenzó el duelo.
Hoy hace un año que nuestra historia cambió. Pronto hará un año de aquella noche en la que dormimos juntos, pero más lejos que nunca.

Hace un año que cortaste el cable, que me apartaste. Hace un año del desastre, y si lo recuerdo hasta escuece.
Te lloro porque echo de menos lo que eras antes de convertirte en el chico que decidió que lo mejor era seguir, pero por separado.
Ahora ni tú eres el chico del que me enamoré ni yo soy la chica que lo daba todo por tu risa.

No duele la pérdida, duele el cambio. En tan poco ha pasado tanto que ni nos reconozco. Con lo que me gustaba mirarnos en esas fotografías.
Hoy no nos veo aunque nos esté mirando.
Te perdono por marcharte, pero yo nunca me perdonaré por haberte esperado tanto tiempo. Y fíjate, aun así llegaste tarde.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Ya hemos estado aquí antes, en medio del recuerdo, justo en el desastre.






Nos hemos buscado antes
entre el sonido fino de tus cuerdas
y la línea que separa mi sonrisa de tu caos.
Ya nos hemos matado antes,
dos veranos después del accidente mortal
de tu boca mordiendo mi pecho.
Ya no sé servirme copas
siempre acaban en el suelo.
Y me pregunto qué habrá sido de nosotros,
ahora que ya no somos uno,
ahora que me pinto los labios de rojo
-porque a ti no te gustaba-
y siento que rompo tus normas.
Soy una niña
en el fondo
no he cambiado tanto
pero me gusta pensar
que al menos,
perderte me hizo más fuerte
aunque sea mentira.
Pero algo tenía que ganar tras tu partida,
ya que lo perdí todo
apostando por nosotros.



Si te sirve de consuelo nunca he sido tan cobarde como ahora.
Y si no, que le pregunten a mis ganas de querer
y mi miedo por hacerlo fuerte.
Ya no recuerdo cómo se cogía con cariño una mano,
cómo se ilusionaban las pupilas
cómo se hace el amor sin una guerra previa
más que la de dos risas batallando por el primer puesto.


Todas las camas están frías,
lo sé,
y mira que solo duermo en la mía.
Pero imagino que el invierno les ha pillado a todos por sorpresa.
Aunque ahí fuera aún lleguemos a los veinte grados
y mi corazón sea puro hielo
estoy segura que este otoño
sólo está cogiendo carrerilla.





Ya verás el susto que se pegan todos cuando empiece a nevar por todas partes
y nadie sepa que son nuestros recuerdos los que caen del cielo, en forma de rechazo.
Reivindicándose. Haciéndose un hueco en este mundo.
Haciéndose dueños del papel protagonista de nuestras vidas.
Actores
malos actores
que se juegan la vida
cada vez que aparecen en nuestros corazones.
Yo ya he intentado matar a diez. ¿Y tú, a cuántos recuerdos has intentado matar hoy?








No sé si quiero respuestas
aún me torturan preguntas.
Aún le grito al cielo
'por qué'
como si ahora, después de tanto,
tuviera las respuestas.







Puedes coger tu -nueva-guitarra e irte.
Yo me pintaré los labios.
Haremos como si no nos conociéramos,
como si fueras el vecino al que nunca saludo,
o yo fuera la chica a la que nunca viste,
aunque pasara cada día por tu lado.
Pagaremos la cuenta
y dejaremos nuestros recuerdos
en la mesa, junto las tapas que nunca comimos
y las bebidas que nunca tomamos.



Me marcho, no quiero molestarte
ya no quiero ser tu pesadilla
ni quiero que te sientas culpable
por haberme dejado en medio de un diciembre
que me supo a lastre hasta que llegó la primavera.
Ya no voy a ser más tu castigo,
puedes olvidarme si quieres,
ya lo hiciste hace tiempo
y no fue tan difícil.







Ojalá hubieras tocado para mí
ojalá hubiera brindado por ti
ojalá hubieras sido tú
o hubiera sido yo
y no un nosotros roto.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Humo.








A veces consigues rasgarme, como hoy. Me atraviesas la piel, rascas mis cicatrices, me haces sangrar. A veces puedes conmigo. A veces es contra mí. Ojalá no tuviera que haberte visto antes, ojalá no hubiera mirado esas pupilas en el momento preciso. Ojalá no te hubiera quemado la piel jamás. Ojalá no tuviera que enfrentarme a mí misma cada vez que pienso en ti. Estoy acojonada. Y es que cuando quieres decir tanto que nada te parece suficiente, de repente, ocurre esto. Colapso. Caos. Versos. Letras desordenadas que se resbalan. Se me caen de las manos.
Ahora vivo con miedo.
Enciendo mi cigarro y sé que tardará lo mismo en consumirse que tú en marcharte. Es cuestión de minutos. Como tu olvido, que fue tan repentino, que me golpeó la espalda. 
Me dejaste con lo puesto, lo demás te lo llevaste.
Me quedé muerta de frío en un diciembre que no he vuelto a mirar con los mismos ojos. Fueron las peores navidades del mundo. Tuve que sobrevivir sin tu paracaídas. Dime cómo puedo asumir en tan poco tiempo que ya nunca más vayas a volver.
Nos echo de menos.
Supongo que esto es la vida real. No será una blanca Navidad. Será una Navidad real. Con la mesa llena de espacios en los que la gente que un día fue la más importante ya no estará. Sólo queda esperar a que esos huecos dejen de doler, aprender a respirar.
Podríamos habernos conocido de nuevo. Pero te adelanto, no soy esa persona a la que amaste.
Sabía que esta nueva yo no iba a gustarte.
He tomado la decisión por ti, como tú la tomaste por mí. Mereces el amor de alguien que no se haya manchado las manos con recuerdos, que no se haya lanzado al vacío.
Mereces que te adoren
y adorar.
No rendirte.
Encontrar algo bueno ahí fuera.
Encuentra a la mejor chica, de veras, y hazla tuya.  Y no, nunca más vuelvas a decirme que jamás conocerás a alguien como yo, ni que he sido la mejor para ti, porque si me dejaste marchar supongo que fue porque yo tampoco era la mejor opción.
Así lo sentí
Así lo asumí.
Así lo superé.


Deberías verme ahora, llenándome de escudos para no volver a querer.
Me da miedo todo lo que antes hacía a modo de locura. Ya no arriesgo.
Y es tan triste no creer en nada.
Cuando me dejaste marchar descubrí que en realidad el mundo es cruel. Me vi haciéndome grande,de repente. La última vez que te besé tenía dieciocho años. Y en poco más de dos meses los veinte me atraparán. 
Ya no soy esa niña, ya nadie consigue de mí algo más de lo que yo quiera.
No creo en los hombres- y sé que hago mal, de veras que lo sé, porque aún quedan buenos, como tú- y ellos tampoco creen en mí.
Me alejo de todo en cuanto tengo un segundo, porque desde que me he perdido siento la necesidad de esconder bien mis coordenadas, para que nadie pueda salvarme.

No quiero salvarme, y eso es lo peor.
Que voy a la deriva y quiero romperme. Quizá para así aprender la lección
Tal vez para comprender que nadie va a venir a salvarme.
Que tengo que mover yo sola las caderas en medio de esa pista de baile, que no me verás graduada en  mi ansiada universidad, que ya no conocerás a mis nuevos amigos, que no habrá más regalos de navidad, ni más fotografías en esa ciudad que nos vio ser los más grandes. Ya no existirá jamás ese vínculo inocente que unía nuestros cuerpos, esa inexperiencia torpe que tropezaba en nuestras manos y caía hasta lo más profundo de mis recuerdos. Has sido lo mejor que me he pasado y también lo más doloroso. Por eso sé que una parte de mí siempre te echará de menos.
Y espero que algún día puedas hablarme. De veras espero que un día puedas abrazarme y decirme que lo tienes todo, que ya eres feliz. Ojalá necesites hablarme algún día, aunque sea para decirme que sin mí tu vida es muchísimo mejor.
Ojalá vuelvas a tener el coraje que tenías antes de mirarme a los ojos. Ojalá pudiera saber si estás bien, si estás a salvo.
Siempre nos recordaré. Algo tan puro no muere. Has sido la primera verdad de mi vida. Y aunque mi corazón se empeñara en retenerte, sé que lo mejor es que tomaras aquella decisión que te llevó tan lejos de aquí. Si no podías sostener mi mano prefería que no hubiera mentiras.






Qué difícil para ti, quererme.
Y qué fácil resultó perderme. 
Y qué tormenta mas ilógica acabó con mis versos.
La misma que no me deja acabar esto.
La misma.














Malditas despedidas. 






lunes, 9 de noviembre de 2015

Me retiro.
Quizá alguien venga a buscarme, me sacuda el polvo y me recuerde que soy demasiado joven para sufrir.
Antes lo tenía todo, pero perdí demasiado. Amigos que juraron quedarse se fueron, la familia se rompió, la persona que estaba enamorada de mí dejó de estarlo y me vi sola tomando las riendas de una vida que no parecía la mía.
Dime tú cómo se sale viva de algo así.
Dime cómo sigues siendo tú después de pensar que si todos se marchan es que eres tú el problema.

Cómo calmar esa sed, cómo sobrevives al fin de tu propio mundo.

Necesito irme lejos,
lo malo es que esta vez
será sola.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Lo malo de hacerte la fuerte es que acaban creyendo que lo eres.

Cuando te fuiste me planteé muchas cosas. Lo cierto es que dudé, sé que lo más fácil habría sido volver junto a ti. Me habría bastado esa noche que prometías llenarme de explicaciones para volver a creerte, para enamorarme de nuevo de esa risa...Mi mente habría creído que eras el de antes, el chico valiente del que me enamoré.  Y habríamos sido felices, como siempre fuimos. Habríamos reído de todo, llorado por nada, y las puertas de esa familia con la que amaba estar de nuevo se habrían abierto para mí. Habría velto a ser esa Noelia que mordía lo que fuera con tal de hacerte feliz. ¿Pero habría sido justo?
Si quería volver junto a ti debía pasar por alto todos esos meses de vacío,  de preguntas que aún ni siquiera has respondido.  Todas esas noches borracha, hablándoles a todos de ti, de lo que te quería.  Les daba pena, me miraban entristecidos, sin saber cómo decirme que ya nunca volverías. Te esperé durante meses, no sabes a cuántas bocas les dije: No.
Hasta que cambié,  al principio puede que a peor, pero sólo ahora entiendo que fue necesario para ser más fuerte.
Han cambiado muchas cosas, mi superviviente,  muchas.  Y ojalá pudiéramos hablar, ojalá pudiera explicártelo todo. Probablemente me odies, yo me odio también por haberme rendido.  Jamás pensé que pudieras volver después de tanto, creí que estabas a kilómetros y en realidad seguías ahí,  pero en silencio.
No me he vueto a enamorar de nadie aún , eso es algo que ahora dudo que pueda hacer.  Pero sé que después de todo lo que he hecho mientras no estábamos no habría sido justo volver. Ojalá me hubieras venido a buscar el día de mi cumpleaños, en el que no dejé de mirar el móvil a cada notificación deseando que fueas tú.  Me pasé horas llorando,  estaba irreconocible.  No apareciste, tu plan era borrarnos. Tu plan sigue siendo el mismo.  Pero ojalá no te hubieras ido, una parte de mí siempre va a recordarte.  Volveré a echar de menos a tu familia estas navidades...La mía cada vez está más rota. Ojalá pudieras escucharme,  leerme, consolarme.  Ojalá tuviera aún el abrazo de tu madre, y esa manera de cuidarme que teníais.
Siento escribir sobre lo mismo,  pero hoy estoy tan rota.
Quizás quién sabe,  vuelvas algún día a querer ser aunque sea ese amigo que también perdí cuando te marchaste.
¿Reuerdas cuando nos lo contábamos todo?
Ahora en esta casa todo está roto, espero algún día poder contártelo.
Espero que para ti siga siendo la niña de la risa ahogada,  y que cuando les hables a ellas de mí les digas que te quise como a nadie. Porque de veras lo hice. Porque habría seguido siendo todo tan bonito como aquella primera vez que nos besamos. Ojalá ese primer gran amor hubiera sido el último.  No sabes lo que duele pasar las manos por esas cicatrices y sentir que ya no quieres ser herida nunca más. Pero a partir de ahora nada será nuevo, quizá una chica te robe el corazón.  Diferente a mí,  y quizás mejor.  No te mereces nada peor, ojalá nosotros hubiéramos sido tan maduros  como lo que sentíamos.  Pero no estamos a la altura. Al final los dos tuvimos miedo...Tú a la soledad y yo a que te fueras de nuevo.
Te juro que por aquí todo va mal,
como siempre.
Sólo que ya no me hago la fuerte ni la valiente.

Detesto esto. ¿Por qué no te quedaste como prometiste?
¿Por qué te fuiste?

Ahora en las noticias dicen que Venecia se hunde,
y no me extraña,
yo me ahogué con ella.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Versos rotos y torcidos dentro de esta noche tan viva.

No soy yo ya, no puedo y eso me jode. Jamás reconoceré que he cambiado, que me han cambiado, que soy cobarde, que me invade el temor de no recuperar mi esencia.
Vivo atrapada en una vida que no es la mía. Yo no pedí esto, no pedí que él se fuera, no pedí ese silencio, la pérdida de los que tanto prometieron, ni siquiera pedí que mis dos ejemplos a seguir, que se amaban, de repente, decidieran odiarse y detestarse. Me anula la desconfianza que respiro en estas cuatro paredes, desde donde miro aquello que tantas veces llamé hogar y hoy es sólo un descuido repleto de indiferencia, olvido, tristeza, vacío, maldad.
Vivo rodeada de miedo.
Invadida por el gobierno de las risas perdidas, que anuncia todas las despedidas que no pronuncié y me obligaron a recordar. Mi jaula es la infancia inocente que se marchó con la llegada de esos tres reyes llamados papá y mamá y ese camello que resultó ser el vecino del quinto, que por decir ya no sabe ni pronunciar su nombre.
Pensaba que su amor sería para siempre, de veras. Prometí casarme en la iglesia donde dijeron sí, cinco años antes de que yo estuviera. Pero no quiero la condena de atarme la vida a alguien que se vaya, no. Ya no creo en el amor, ya no sé qué es la familia. Quizá ambas cosas fueran inventadas por el mismo sonámbula de la vida, anuncio perdido de El Corte Inglés, libro o película, donde el amor es para siempre y la familia no se marcha nunca.
Menuda tontería.
Como jurar para siempre, tatuarte el nombre de tu primer amor o llamarle a tu mascota Max.
Todo tan típico, tan fugaz y efímero, tan tópico y siniestro. 
Os juro que yo era de esas, de esas que se dejan sorprender por la vida y llaman amor a cualquier gesto de bondad. Os juro que en mi cabeza antes sólo había armonía y ahora puedes encontrar lo que sea, menos paz. Ahora soy caos versión canción, versión poesía. Juego a no encontrarme ya ni en el papel, a morirme lento mientras escucho la lluvia entrar en esta casa donde ya no me sé ver. Estas cuatro paredes me asfixian, estoy sola, tirando las mismas piedras siempre al mismo cristal. Rompiéndome un poco más a cada hoja del calendario que se va.


Ojalá pudiera agarrarme
en los hombros de alguien
que cuidase mis pasos
cuando ellos se ponen a gritar
o a romperse
y veo el gesto de un padre
triste y desolado
que ya no sabe caminar.
Ojalá alguien me llevara a cuestas
y dijese: 'Eh pequeña, le queda poco al desastre'
ojalá me cuidase
quien menos espere
en un mundo siniestro
sin guerra ni paz.
Alguien que me salvara
aun con las alas rotas
y me hiciera creer
que quizá algún día
solo algún día 
vuelvan a funcionar.





Pero mírame. 23:35. Apago las luces de esta habitación y me tumbo en la nueva cama que me parece tan rara como mi nueva vida. Miro el techo sin ver nada. Pienso en nada mientras lo siento todo.
Mil lágrimas vuelven a asfixiarme.
Esta vez muero de pena y resucito por valor.
Quizá me quede aquí una temporada más
diciendo todas esas cosas indefendibles
que llenan de reproches esto.









No sé qué habría hecho en otra vida
pero seguramente no fui la mejor mujer
novia
hija
amiga
ni humana
del planeta tierra.
Si no,
quizá mi lugar
ya no sería este.






















Perdida.
No queriéndome encontrar
Quizá por cabezonería o miedo.
Tal vez por nostalgia.
Quizá por no soportar lo que el mundo cambia,
lo que yo he cambiado
cuando no quería cambiar. 

martes, 27 de octubre de 2015

Ángel, que me dejas sin tu verdad.

El mismo hueco en la ducha, el rincón de siempre. 
Cruzo las piernas y, como una niña pequeña, 
contemplo la inmensidad del universo desde donde estoy. 
Las gotas de agua parecen hipnotizarme, me deshielo en dos suspiros.
 Agua templada haciendo cosquillas en mi ombligo.
 Y yo apoyo la cabeza, triste, en la piedra gris. Me empapo de desilusiones, 
corre en mí el veneno de todo aquello que jamás intento por miedo al fracaso.
 Por conocer el delirio que supone arriesgarse a escoger 
un camino que sabes que no tiene salida.
 En cuanto quiera salir tendré que ir marcha atrás,
 y todavía no creo estar preparada para eso. 
Sacudo mi temor, venzo al silencio, un gemido se asoma en mi pecho, y por primera vez en meses, 
es de dolor. Cómo duele no avanzar jamás.
 Cómo duele respirar ahogándose en penas, en broncas, en dilemas, en respuestas que no quieres escuchar.Me tapo los oídos, fuertemente. Fuerte, más fuerte.
Como si eso cambiara las cosas.
Miro mi reflejo en el cristal, empapada estoy ridícula. Rozo el vidrio con los dedos y escribo: 'Efímera'. 
Me he convertido en pólvora mojada.
Me reduzco a silencio.
Y me tiemblan las piernas.
Sin darme cuenta empiezo a pensar en lo que dejo atrás.
Y me doy cuenta de que nada nunca sale como uno quisiera.
Enfadada, más conmigo que con el mundo.
El dilema de vencer lo imposible y declararme culpable.
He vuelto al lugar del crimen, he vuelto a encender el fuego y me he quemado.
Te lo advertí, me lo advertí. 
Y no he vuelto a hacerme caso.

Insensatez enorme envuelta en esperanza.
Caramelo amargo que no sé tragar.
Vuelvo al horizonte vertical de siempre,
a la paradoja matemática
de querer a medias
cuando aún no sé quererme.
Cómo pretendía hacerme valer
si no me pongo valor nunca,
cómo voy a reírle a alguien
si aún no sé reírme a mí.
Mi reflejo se vuelve borroso,
el agua empieza a empaparlo
y me sumerjo en un mar de lágrimas
inútiles
de cocodrilo
de serpiente
de arrepentimiento
de un quizá
bañado en miedo
de ser feliz,
pero siempre a medias.





No he vuelto a estar completa
y me revienta
no saber si algún día
volveré a saber querer
a tientas.
Si confiaré en unos labios
que no mientan
que descosan la mentira
y me grapen la verdad
en el pecho.

Dormiré sola
hasta que pueda dormir con alguien
sin necesidad de atarme el alma
al colchón.
Volverá a pasar el invierno,
volveré a sentir el frío
volveré a querer amor
en un San Valentín engañoso y ficticio,
volverá ese marzo áspero,
tras unas navidades solitarias
y un cumpleaños diferente.
Y el abril devolverá primaveras.
Quemaré mis demonios en mayo
y junio traerá el final de otra etapa
seguida de un julio de fin de contrato
un agosto en familia
y una vuelta a la rutina
sin nadie al que partirle los esquemas.

Caminaré sola
con mi música.
Sin confianza en las pisadas
con la risa más gastada que nunca.
Volverán a decirme que yo puedo
volveré a negar lo evidente,
y tras ese ciclo insaciable
quizá algún día me encuentre
entre la gente
una sonrisa amable
dispuesta a quererme.
Tal vez esta vez será cierto
quién sabe si sabrá regalarme
mil bailes incompletos
y me pisará por torpe
y me querrá por
valiente.
Quién sabe
tal vez
ya nunca más me vean cobarde
y me sepa al fin
la melodía amarga
del amor de verdad,
de ese que arde.

Por fin tal vez
me cocinen el corazón
a fuego lento
y sepan hacerme el amor
sin argumentos
con un final,
eso sí,
siempre feliz
al que aferrarse
tras un silencio
y el humo de un cigarro
que escriba fin
al momento
sin fin.




Quizá alguien haga un mapa
con mis lunares
rumbo al universo
pero sin destino fijo.



Tal vez pida en silencio
demasiada verdad
camuflada en gritos
a la espera del cambio
que parece que nunca llega.

Acabo de perder al ángel
que me había sujetado las alas
todos estos meses.
Acabo de renunciar al placer
de perderme
por miedo a encontrar
lo que no quiero ver.
Quizá siendo egoísta
me he visto en un futuro
perdido
al seguir el rumbo de quedarme dormida
en su motel,
cuando siempre he sabido
que al pasar la temporada,
al bajar las persianas,
su adiós me iba a doler.
Lo siento ángel,
ojalá me hubieras querido
ojalá hubieras sabido
que no es lo mismo hacerme
entera
o a media tinta.
Si sólo la mitad de mi espalda te devolvía la caricia
era porque la otra mitad siempre ha esperado más
de lo que sabía
que podría tener
jamás.










Ángel, no te vayas nunca.
No sé vivir sin tu verdad.



sábado, 24 de octubre de 2015

Ron que ya no llena, esta noche un poco más rota que entera.

Hoy voy a ser dura conmigo, camarero,
así que no hace falta que te quedes
le hablaré a la barra.
El silencio del vaso llenará esta sala.



Necesitaré doble ración para poder hablar,
así que,
por favor,
sírveme otra.
Y a mi amigo invisible dos.
He estado dándole vueltas,
demasiadas,
a por qué siempre pongo el ojo donde no sé llevar la bala.
Por qué, si soy tan torpe
acierto con lo equivocado.
Diana. Cien puntos,
ten, Noelia,
aquí tienes tu victoria,
llévate tus fracasos, 
muérdete la lengua,
sacude todas las palabras
y haz como si no supieras
que de nuevo has vuelto a meter el pie
en el charco que no  tocaba.
Has vuelto a empaparte
y ahora hueles a ron barato
Vuelves a equivocarte.
Vuelves a ver lleno el vaso que siempre ha estado roto.
Vuelves a llenarte de dudas
los bolsillos rasgados
de tanta pregunta
ilógica.


Hazte un favor
y abandona este bar.
Coge la dignidad y cuélgatela en la espalda,
por si mañana la necesitas.
Por si volviera diciembre y vuelven a rajarse
los sueños.
Disfrázate de melancolía y pinta de marrón
las hojas,
hazte llamar otoño aunque no te le parezcas.
Y no te sirvas esa copa que marque la diferencia
entre andar y rodar.
Ya no estás para estos desastres. 

Deja de culparte, al menos un poco.
Que le den a tu pasado, chica.
Hoy sólo es silencio mal tragado.
Esa digestión que te negabas a hacer
cuando de golpe estalló en ti
ese mar que consiguió ahogarte.



Qué pretendes, Noelia,
de veras, ¿en serio?
¿Creías que sería tan fácil apartarte?
¿Ponerle precio al huracán?
¿Dejar de hablar de desastres?
Cómo si fuera tan fácil dejar de ser lastre
cuando llevas toda la vida huyendo
para que a nadie le dé tiempo a echarte.





Eres una cobarde, Noelia.
Por eso se te ha roto el vaso
por eso ya no hay ron en tus pupilas
y ahora tienes el alma empapada
del silencio
que sigue
atropelladamente
empapando tu vida.



Mereces ser cobarde
por no enfrentarte nunca
a tu mayor miedo,
por teñir de rosa tus fracasos
y hacerte llamar fuerte
cuando lo único que hiciste
fue destriparte.
Pero en silencio.


Querida, a eso también se le llama morir
aunque lo camufles de supervivencia
y no veas que dejar de soñar
es lo mismo que dejar de latir.
Asume lo equivocada que estás
y empezarás a estar más cerca
de lo que fuiste cuando tú aún eras quien eras.





Bébete eso ya,
que van a cerrar
y tú eres la última en salir
del bar
como te suele pasar siempre.







miércoles, 21 de octubre de 2015

Let her go.







Necesitaste más de tres vidas para darte cuenta de algo que yo ya sabía el segundo después de que marcharas. Necesité tres vidas para entenderte, para dejarte ir, para soltarte. Para no aferrarme a los recuerdos que miraba, ansiosa, esperando encontrarte. Encontrarme o encontrarnos. Ahora los miro sin búsqueda fija. Y a veces lloro. A veces lloro porque ya no te veo en ellos, a veces lloro porque no me reconozco. A veces creo echarte de menos. Y se me viene encima todo aquello que tragué, se me viene encima el diluvio universal de tus reproches, mis manías, las anécdotas, todo lo que prometimos contarnos. Todo lo que incumplimos. Desde tu huida hasta mis pupilas empañadas de errores.  Quizá esta canción me recuerde a nosotros. Quizá no me supiste querer hasta que no dejé de hacerlo yo, quizá no me supiste ver hasta que no me fui. Quizá cuando empezó a nevar en tu corazón viste la calidez de mis brazos rodeándote la vida.
Tal vez con la llegada del invierno ansiaste nuestro verano insólito. 
Tal vez con mi partida deseaste mi llegada.
Tal vez con mi no-retorno se te deshicieron los esquemas, se te borraron los mapas.
Quizá la niña que había en mí siga ahí,
pero la mata esta realidad
que juega a quedarse. 



Gracias,
al menos,
por darte cuenta
de que lo nuestro
era imperfecto
pero lo más real
que jamás podrás ver
con nadie más.
O sí,
pero ya no del mismo modo.


La dejaste marchar.
Me dejaste marchar. 









sábado, 17 de octubre de 2015

Fuimos tiempo.

Si me pongo a recordar me hundo. Supongo que nunca te soltaré del todo, siempre nos quedará Madrid, o qué digo, la ansiada ciudad italiana que ahora me da miedo pisar. Siempre te he temido, desde que me enamoré, desde que caí en tu red, has tenido el total poder de derrumbarme. Y lo hiciste. Me dará miedo siempre tu mirada afilada, tus colmillos ansiosos, tu risa ingenua. Me vas a dar miedo siempre. Por eso llevo el cinturón de seguridad, por eso jamás te dejo entrar, por si volvemos a estamparnos, por si vuelvo a morir por ti, contigo.
Claro, claro que te amaba. Joder, cómo no hacerlo. Por ti mataba el tiempo, todo lo que viniera. Luché sin armadura, por tu risa, por hacer que volvieras a ser el de siempre. Sentí que te perdía aquel noviembre, cuando algo en ti murió, y me sentí apartada de repente de tu mundo infinito. Ojalá hubieras luchado entonces, cuando aún me quedaban fuerzas. Ojalá hubieras gritado en medio del silencio, porque te habría escuchado.
Pensé que me habías olvidado, de veras que creí que si marchabas era porque ya no veías esa vida soñada junto a mí. Ojalá hubiera pesado más lo bueno, pero nos quedamos tanto tiempo esperando una señal, esperando que algo pasara, y lo único que pasó fue el tiempo.
Quizá algún día alguien vuelva a quererme, quizá un día vuelva a creer. Quizá la próxima vez no sangre, quizá alguien me cuide.
Lo habría dado todo aquel invierno que pasé sin ti para que volvieras. Pero no volviste. Pero no llamaste. Pero no quisiste. Y juro que morí aquel diciembre, que te lo llevaste todo, que no soy la misma desde entonces, que me vacié. Que creía que volvería a ser como antes de ti, de todo. Pero no, qué va, ya no soy la niña que conociste. Ahora soy una mujer rota, con un corazón que parece apagado. Ahora soy, coexisto con mi pasado, con el recuerdo que seguirá pesando así pasen los años.
Te dije que volverías a amar antes que yo, y quizá sea cierto. Yo no sé cuándo podré volver a hacerle frente a esa sensación de no saber sentir.
No sé si ganaremos o perderemos.
Fuiste el primero y pretendía que fueras el último. Ahora ya no habrá más inocencia. Ya no más promesas, no pueden volver a romperme. Me niego, renuncio a esto, al invierno, a tus ojos, al tiempo, a la esperanza de volver a querer, a nosotros, a ti. Renuncio a mí.

Porque no soporto recordarme tan feliz y saber que todo lo que tuve solo fue un efímero sueño. Maldito día en el que tuve que despertar. Malditas ganas mías de querer salir con vida del agujero en el que me metí. Maldito recuerdo, que siempre viene a decirme que mi presente aún no ha hecho las paces con todo lo que fui.

viernes, 16 de octubre de 2015

De qué me sirve echar de menos a alguien que no eres, echar de menos algo que no somos. De qué me sirve, si ya se rompió todo. Si por mucho que escribiéramos de nuevo la historia, el final sería el mismo: tú huyendo de nosotros y yo echándole alcohol a tu recuerdo. Puedes pedirme que te perdone, pero no que vuelva al mar en el que me ahogaste.

Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...