viernes, 9 de octubre de 2015

Ojalá no me equivoque esta vez. Ojalá no confíe más en ningún desastre. Ojalá no sea de nuevo destrucción.

jueves, 8 de octubre de 2015

Cierro los ojos y se apaga el mundo.

No quiero escuchar nada. 

No quiero saber nada.

Voy a irme lejos. 

Ya no soporto este ciclo infinito de presión en el pecho. 

Cierro los ojos
y duermo.
Despertadme cuando el invierno regrese y hayan pasado siete vidas.


Hasta entonces prefiero el refugio 
de la soledad pactada
la brisa corta
y las caras largas.
Mirada juez, 
mejillas rosas.
Silencio precoz,
paracídas roto.
Esperanza fundida,
duda infinita,
respuesta errónea.



Uno, dos, tres.

martes, 6 de octubre de 2015

Corazón vs Noelia.

- Eh, Noelia, ¿te acuerdas de todo aquello que sentías? Se te iba la vida cada vez que él te rozaba el mundo.
- Sh...
- Y habrías estado dispuesta a luchar por él contra viento y marea, porque sentías que era lo un...
- Sh, corazón. Calla. 
- ¿Por qué te empeñas en borrar todo aquello bueno que sentías, Noelia?
- Corazón, ingenuo, diminuto, inocente. Me preguntas por qué. Que por qué no regreso junto a él, por qué no recuerdo todo lo bueno, por qué no le doy otra oportunidad... Corazón, ¿cómo eres capaz de preguntarme eso después de todo lo que has vivido? No regreso junto a él porque el día en que le prometí que lo intentaría mil veces más él me dijo que ya no quería intentarlo. Si no recuerdo lo bueno es porque cuando viví todo lo malo esos recuerdos fueron insuficientes para saciar el dolor. Y aún me preguntas por qué no regalo una tercera oportunidad... ¿Tú recuerdas cuando dejé de comer, corazón? Perdí siete kilos y toda la dignidad. Llegaba a casa y sólo iba del sofá a la cama. Leer, estudiar, se convertía en misión imposible porque la cabeza no paraba de revolver la historia. ¿Recuerdas cuando llorabas al volver de fiesta? Porque cuando dejabas de estar borracha volvías a aquella mierda de realidad en la que echar de menos era el menú del día. Corazón, ¿lo recuerdas? Cuando besamos otras bocas queriendo vacíar el recuerdo. ¿Cómo te atreves a preguntar por qué no? ¿Por qué sí debería apostar el corazón en una partida en la que me declaro perdedora des del segundo uno? 
Corazón, merezco alguien que me tenga entre los brazos sabiendo lo que tiene. Merezco no tener que perderme para encontrarme, no llorar por las noches, no tener que consolarme en la botella de la incertidumbre. 
¿Es que se te ha olvidado, corazón? Lo mucho que he cambiado. Él ni siquiera me quiere, él aún quiere a la chica que perdía las medias por el amor.
Y a esa chica yo no he vuelto a verla.
Creía que era él el que se la había llevado. 
Quizá es que no la supo cuidar bien
y por eso no la ha encontrado todavía. Quizá su despedida fue la que apuntó y él el que disparó la bala. 


No volví a saber de ella,
le quería demasiado como
para haber salido viva de esa. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Sigo sin entenderme, pero ya no me esfuerzo. No, de veras, ahora sólo soy paz. Ya no siguen mis batallas contra imposibles, ya no creo en causas perdidas, he descubierto que no puedo salvar a nadie. Ya no voy a salvar a nadie que no lleve mi nombre. 
Me abandono. Abandono mis apuestas, mis delirios. Abandono el exilio del papel, la corriente eterna que me lleva a precipicios kamikazes.
Ya no sé salir del laberinto de todos mis miedos, huyo. Huyo del pasado, renuncio a la herencia de las heridas que él me dejó.

Renuncio al pasado, ya no lo quiero. Ya no sé convivir con él.

Ya no caigo en el lugar donde solía tropezar, ya no. Aún te recuerdo, claro, cómo no voy a recordar al primer hombre de mi mundo. Cómo no voy a recordar los sitios, los momentos y recuerdos felices. Claro que lo recuerdo. Todo.
Pero eso no significa que quiera volver al mundo donde, aunque todo parecía mágico, se convertía en dolor al dar media vuelta.
No podría soportar caerme de nuevo.
No podría plantearme ni siquiera si volverte a querer, porque te quise tanto que no he salido entera. Te llevaste cosas de mí que no espero recuperar, quizá tampoco quiero tomar esa parte de mí, insaciable, que lo habría hecho todo para que te quedaras. 
Ya no corro en dirección contraria a mis heridas, ya no me agobia el dolor, ya no siento angustia, ya no me recojo el corazón del suelo cuando alguien pronuncia tu nombre. 
No voy a ser yo la que vuelva,
no vas a ser tú el que hable. 
No puedes quererme por capricho
no puedes tenerme por despecho
no puedes quedarte si al irte juraste 
que sería sin regreso.
Puede que me quisieras, no dudo que así fuera. Pero no estuviste enamorado. 
Te costó tanto decirlo, te costó tanto ver algo que yo supe des del principio, que cuando lo dijiste ni siquiera lo creí.
Sabía que te marcharías, juro que sabía que te irías, que aunque yo creyera que tú eras el hombre de mi vida yo sabía que no era la mujer de la tuya.
Me empeñé en que no te irías, mi cabezonería me hizo convencerme de que jamás te perdería.
Y te perdí.
Y me perdí. Estuve meses sangrando.




Y ahora quieres volver y revolverlo todo. 
Y yo no soporto esta tormenta,
me ahogo en mí
ya no sé nadar.
Ya no sé quererme 
quererte
confiar. 
No me descosas las heridas
no juegues a quererme
porque la soledad te apriete.

¿Por qué no volviste cuando yo aún era yo y no esta desconocida en la que me he convertido?


viernes, 2 de octubre de 2015

Tarde.

No puedes pedirme una tregua, después de tu abandono.
¿Dónde estuviste todos aquellos meses en los que ni siquiera podía estar en casa sin sentir que me moría?
No estabas.
Me reconstruí sin tus abrazos, sin tu paz, sin tus guerras. Me quedé sola ante el desafío de borrar de mi memoria todos aquellos instantes en los que fui feliz.
Ni siquiera sabías si sentías una tercera parte de todo lo que yo sí sentí.
Es injusta tu reciente melancolía. ¿Dónde estaba ese dolor cuando me pediste que marchara?
No estabas. 
Me tiraste en medio del recuerdo, me pediste que avanzara, me aseguraste que sería feliz, me hablaste de un futuro tan cierto y distinto que sentí que ya no volverías.
Y avancé. 
Tras mil despedidas te dejé por el camino, me armé de valor y seguí sin ti. 
Tuve que abandonarte,
tuve que dejar en ti la parte de mí
que sé que no volverá.
Ya no me necesito,
esa Noelia era tan inocente
que te habría esperado siempre.
Ahora mi alma se convierte en piedra,
mis sentidos le rinden cuentas
a mi manera de avanzar. 
Y yo me acuerdo de tus ojos pero ya no recuerdo la forma en que miraban mi vida pasar, puedo recordar tu risa aunque ya no suena igual. Puedo verme a mí, colgada en tu cuerpo, mil momentos que no volverán. Nos recuerdo tan diferentes a lo que somos, tan sumamente idiotas, amando palabras, amando silencios, amando todas aquellas veces en las que prometíamos un futuro juntos.
Qué impostora tu voz, 
prometiste un verano que no he tenido,
una Venecia enorme clavada en el corazón.
Ahora sé que nada era cierto,
que puede que tal vez alguna vez
me quisieras. Pero no era suficiente, no para ti. 
¿Tan fácil fue decirme lo bien que estaría cuando me tenías llorando justo enfrente? Jamás te reproché nada, por eso nunca pienses en reprocharme a mí todos los versos que no escribí.

Te amé, durante algo más de dos años. Pero y qué. 
Acabaste huyendo de mí.
Ahí tienes tu respuesta, por eso te encerré en el cajón de: 'Prohibido mirar'. Porque no puedo hacerlo sin recordar aquella noche en la que me viste temblar. Tuviste la sangre tan fría que me viste marchar sin decir nada.
Tu piel olía a final, la mía iniciaba la guerra de mi vida. Luché por olvidar y olvidé que te quería.

¿Por qué volver al lugar del que siempre me acaban echando?
Si ibas a marcharte de nuevo, ¿por qué debía volver al lugar del crimen?



Ojalá me hubieras querido al tenerme,
ojalá no hubieras necesitado perderme para descubrir lo triste que se vuelve la vida cuando mis manos ya no pasan por tu herida y mis labios ya no sanan tus verdades. 



Tarde. En la estación ya no hay lugar para ese tren puntual. Acabas de llegar y hace ya cinco vidas que pensé en marcharme.
¿Qué hubiera pasado si hubieras llegado cuando debías llegar?


Ahora ya no,
no.

Tarde.


martes, 29 de septiembre de 2015

Yo, mi, me sin mí.

Estoy tan vacía últimamente que siento que aunque escriba nadie va a aguantar tanto silencio.
Me duelen los gemidos que ya no emito, las risas partidas por el pasado. Me duele haber tenido que dejarme atrás para sobrevivir. 
Incomprendida, nadie entiende
que no quiera seguir donde solo
hubo heridas. 
Yo sola en mi soledad sigo huyendo 
no quiero encontrar a nadie
nadie va a llenar los huecos
con felicidad. 
Ansiedad limitada que se me acurruca en el pecho. Es casi dulce sentir la incertidumbre en los hombros, acariciando el peso de todo lo que llevo a cuestas. 
Quiero arrancarme este dolor,
mandarlo lejos.
No volveré a pisar todas mis huellas,
ya he pisado ese camino y la última vez las heridas me dejaron los pies llenos de dudas. No volveré a caerme.
No volveré a sacar las alas,
no me quedan fuerzas para volar.
Ya no me sé el camino de regreso, ando perdida entre las nubes de todas las mentiras que no vi.
Se me rompen las cuerdas vocales, ya ni hablando me entiendo, ni cantando llego hasta mí. 

Qué soy,
o quién. 

En qué me he convertido,
por qué no consigo ser la persona que reventaba el calendario con 365 días de felicidad por año. 

Por qué he cambiado tanto
y sin embargo mis miedos siguen
siendo los de siempre. 

Por qué el camino se vuelve 
más largo a medida que me acerco
a la meta. 




Por qué no he conseguido quedarme
aunque él se fuera. 

sábado, 26 de septiembre de 2015

No.

 


No. 
No soy la chica que era entonces, cuando podías ir y venir tantas veces como querías. No. Ya no soy ese abril partido, esa lluvia indecisa. No puedes quedarte ya con lo mejor de mí. Ya no puedes decirme que me quieres cuando no me quisiste cuando sí podías.
Ya no puedo quedarme porque ya no quiero hacerlo. 
Estás siendo tan injusto
que no te das cuenta
de que cuando yo moría por ti 
ni siquiera podía llamarte para rogar
que te quedaras.
Te fuiste, desapareciste durante meses
no supe de ti,
me borraste.
Y ahora que no me encierra ese pozo
ahora que tengo ganas de vivir 
vuelves
y pretendes que retomemos el cuento
justo por la página por la que lo dejamos.




Hace tiempo que me obligaste a cerrar el libro, ¿recuerdas?. 
Y dolió tanto que no salí entera.
Ahora esta mitad entera te dice no,
no puedo volver al punto en el que se me cayó el mundo y se me quebró la vida.


Yo no tuve que perder la batalla para darme cuenta de que quería ganarla.


A diferencia de ti.
Nunca pensé que te diría esto a ti,
pero
no. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Aunque nadie la quiera.




Si la hubieras mirado bien quizá lo habrías visto. Eso es, un poco más cerca.
¿Ves esa sonrisa? Infinita, llena de miedos. El sonido tenue del suspiro que se lanza de su boca

cuando escucha algo que no le gusta. ¿Oyes eso? Es su duda, su temor, su escudo protegiendo el corazón que juega a ser de piedra. Mírala, cómo camina. Si parece que la han echado del cielo, con esas piernas, no me extrañaría, los ángeles empezaron a tenerle envidia.
Que no cree en el amor, dice. Y aún se emociona cuando relee esas frases de su libro favorito, el mismo que habla de historias de amores imposibles, improbables, eternos.
No confía en hombres, ni caballeros disfrazados de perfectos impostores. Sabe valerse por sí sola, y no se lo dirá nadie, pero volviendo sola, de madrugada, le pide a las estrellas fugaces que llegue alguien que la salve de las copas. No va a tragarse el orgullo, pero en los días de invierno, la manta se le queda grande y todas las películas suelen terminar en llanto.
Jamás dirá esto, pero se siente tan perdida, que no mira brújulas ni recoge tréboles de cuatro hojas. 
Si te hubieras quedado, perfecto desconocido, le habrías visto los descosidos. Sus costuras ya no riman, sus rotos no casan. Parece que la han sacado de una película de terror, en la que nada más empezar, se sabe que la protagonista morirá entre palabras.
Mírala, cómo escribe en su diario, ese que leerá en unos años, del que se reirá mañana.
Jura que nunca más va a vendarse los ojos,
hasta que algún jodido desastre le haga perder el rumbo. Dice que ya no tiene corazón,
pero aún cuando se sube al metro le estrangula la idea de soportar el dolor que abunda en su interior.
Ella es fuerte, todos la creen. Muchos desearían tenerla cerca, para una vez haberla visto reír, echarla. Otros solo esperan que les convenza su cuerpo cansado de dar amor a ciegas. Todos podrán ansiarla ante la imposibilidad de tenerla, y aunque ella solo le dé su corazón a uno entre cientos, seguro que vuelve a equivocarse. Seguro que tarda, pero se lanzará al vacío, dejándose la vida llena de temores con los que lidiar una vez perdida la batalla. 

No aprende, no, ella nunca aprende. Y mira que ha dejado de pintarse los labios de rojo, y mira que ya no saca banderas, que ya no pone fronteras, que ya no sabe ver más allá de lo que tiene, de lo que le queda.
Y mira que usa faldas cortas para que se le vean más los miedos, pero no, no hay manera, chico.
Sigue siendo infinita pena, oscura, que entre la noche y el día se acomoda en la espera de sentirse querida, aunque nadie la quiera.

martes, 8 de septiembre de 2015

Se ha caído, recógela. 
Aprieta sus alas a tu pecho, el ángel se ha echado a llorar. 
No confía en nadie más, acércala a tus miedos, véncela.
No la justifiques, mata sus dudas, cuestiona su pasado, no le dejes llorar, nunca más. 


Acércala a tu vida, aunque te dé miedo
de los dos, bien sabes, que eres tú
el que teme más. 

lunes, 7 de septiembre de 2015





Os juro que tengo tantas cosas que decir que siento que lo mejor es no decir nada. He estado todo el día dándole vueltas a lo mismo, y no, no he llegado a ninguna conclusión.




Quizá tengas razón,
quizá no,
pero algo me asusta
y ese algo tiene que ver
contigo.



martes, 18 de agosto de 2015




Ingenua.

Es lo que soy
cada vez que pienso
que alguien puede ver
en mí
todo lo que llevo
y quererlo sin más.





Lo malo de mis secuestros
es que siempre acaban pidiendo el rescate.
Supongo que es más interesante
que quedarse en silencio
frente a mis cicatrices.




Más fácil que quererme.








lunes, 10 de agosto de 2015

Desnudarse la piel con versos.

Vuelven a vencerme las heridas, vuelvo a partirme el pecho y la espalda a base de sonrisas que ahora me esfuerzo por regalar. Estoy sola en esto - pero sola al fin y al cabo- como siempre. Nadie sujeta este pelo que cae sobre la almohada. Nadie hace que moje los silencios, y los gemidos a solas se vuelven rasguños en la historia de mi vida. Voy a decirles que estoy bien porque esta vez no es mentira, lo estoy. Pero eso no significa que me haya encontrado, es más, creo que voy más perdida que nunca. Ya no es el dilema entre amar u olvidar lo que me ata el pecho y rompe el esquema magnético de mi historia, es el hecho de arriesgar lo que me obsesiona ahora. 
Porque le estoy regalando caricias a un corazón medio roto que insiste en quedarse pero se niega a sentir. 
Yo también me niego, y es aquí donde empieza la peor parte: A veces siento que no quiero negarme.
Un beso tentador acompañado del silencio revolucionario de nuestras vidas me atrapa, y de repente lo siento, como aire seco mojando mi aliento, lo siento como si acabara de conocerle, aunque le conozca desde siempre.
Pero al separar nuestros cuerpos siempre se aleja tres pasos y cuenta hasta cinco para volver a darle una calada a mi pecho. Es tan fuerte cuando se disfrazas de soldado valiente que ya no siente, que hasta a veces se me olvida que quizá siente como yo esto en el pecho.
Juramos no llamarlo amor,
y en cambio cada vez que le beso
le pongo su nombre a mi lamento
y los gemidos adelantan en mi pecho
el sentimiento
que viene
después. 
Ojalá pudiera evitar pensarle
y ojalá supiera dónde está la línea que separa lo que deberíamos ser de lo que somos. 
Es innegable. Ya no hay marcha atrás. No es cualquiera, porque cualquier hombre no tiene esa mirada azul desgastada de reproches.
Porque solo los hombres de verdad lloran y alguna vez me dejó verle las heridas. 
Es verdad pura, como un sinónimo de adrenalina, que insiste a quedarse a vivir en mis venas. 
Ojalá pudiera quedarse esta noche, llenar todos los vacíos que deja su ausencia, cuando se marcha y no sé adónde.
Ojalá el silencio entendiera las mareas que inundan su mente.
Mi cabeza a la deriva, anuncia naufragio. Y desde aquí miro la lluvia de su piel, luchando contra mí, contra sentir algo en en el pecho.

No lo vamos a tener tan fácil.
Nadie sale intacto de una historia
tan extrañamente
perversa
imposible
inmoral
irremediable.


Y nosotros no vamos a ser menos.
Así que esta calada va por él,
alma gemela,
que me vuelve a torturar esta noche
con las dudas que se siembran en mi mente cuando aparece en mi memoria
su mirada intensa desnudándome la piel con versos. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Quizá es hora de que yo también me ponga la coraza.
Se me ha dado mejor ser la fría siempre. 





miércoles, 5 de agosto de 2015

Mi declaración de derechos.

Me dejaste los fracasos de una vida sin llenar. Y mira que te quise mal, derrochando tus palabras, desabrochando el silencio.
Mira que te quise y requise, que esperé en la desesperanza que enfocaban tus pupilas. 
Mira que te fuiste pronto, que me condené a la huída. Ya no sé ni hablarte, ya no tengo aguante, me queda el recuerdo amargo del lastre que sentí que era cuando tu rechazo me partió la vida.
No es tu culpa, no, ya no eres tormenta, los rayos me deshacen el camino, pero tú ya no me llueves, tu aliento no da vida. 
Me detesto al recordar todas las veces que corrí tras de ti, alimentando tu amor propio, vaciando el cargador de todo el amor que no me di. 
Apuntaste sin temblar, directo al pecho. Disparaste sin pestañear
y todos los veranos
se convirtieron en hielo.


Dejé de quererte aunque no fuera fácil. 
Al final te entendí
me fui
dejé de ser lastre
para ser astro
de mi propio fin.
El cielo de todo aquello que no pude decir cuando te tuve hoy lo digo.
Me perdiste y volverás a querer verme en  otras pieles. No me encontrarás, no, no vas a volver a oír mi molesta risa de terciopelo en otras bocas, nadie va a pronunciar del mismo modo tu nombre. Ya nadie va a partirse la espalda por un segundo en tu boca. 
Nadie esperará en la puerta de esa academia, ya no habrá meriendas bajo el sol de cualquier otoño. 
Nadie más va a querer hacerte el amor, el odio y el sexo al mismo tiempo.
Ya no vas a ver el brillo de la poesía en otras curvas, ya no vas a escribirme en la espalda la declaración de tus derechos sobre mi alma. Ya no van a volver a decirte que puedes con todo.
A diferencia de ti yo sí veré la indiferencia con la que me mirabas tú, muchos hombres me mirarán de ese modo. Volveré a sentirme un lastre, volveré a querer hundirme, volveré a escaparme. Sí, van a volver a matarme. Volveré a esconder las cicatrices. Pero un día quizá dentro de mucho, alguien querrá desenredar mi vida. Cortará los nudos y peinará el desastre. Van a comerse mis miedos y ya no volveré a quererme tan poco. Sé que habrá un loco que queme las cuerdas que me atan al olvido, que habrá alguien capaz de abrir cadenas sin tener llaves. Porque sé que van a cambiarme la suerte, van a volver a quererm..., qué digo volver, van a quererme. 
Y ya no serás tú el que lo intente. Ya no habrá medias verdades. Ya no voy a querer esconderme del dolor, porque el dolor dejará de ser materia obligatoria de este corazón (que ya no es tuyo). 

Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...