martes, 25 de agosto de 2020

Me hace cosquillas el futuro, pero no acabo de relajarme. Algo que habita en mí me recuerda lo mucho que sufrí antes y me bloquea. Como si cada persona estuviera destinada a fallarme y yo a creerla, como si nunca fuera suficiente. El pasado aprieta por las noches, me sume en un mar de dudas. ¿Podré salir del bucle de negatividad que me abraza por la espalda? Las cadenas que yo misma me puse me retienen justo aquí, y no me gusta la sensación de no ser libre. Vivo esclava de mis miedos, y yo que fui una pequeña valiente, hoy no me reconozco al bajar la mirada frente al espejo. 



Ojalá saber en qué instante van a fallarnos para poder salir corriendo. 

martes, 18 de agosto de 2020

Tiene mi palabra (de poemas y delirios a la 1 de la mañana)

 De esas cenizas que, mojadas, se te pegan al cuerpo.

Cansadas de mancharse. 

No han cicatrizado muy bien,

y se nublan. 

A veces esperan encenderse de nuevo

y la desilusión las condena cuando

a la mínima que gira su viento

se apagan por decimocuarta vez. 


No vaya a romperme usted también el corazón,

déjeme que le explique que me llevará tiempo abrirlo,

que no me ayuda su ausencia,

que si me quiere usted conocer deberá besarme la mano de nuevo. 

Por favor, hágame confiar,

sáqueme de aquí,

de este pozo de negatividad que está muy lejos de mí,

demuéstreme que no soy solo un puñado de miedos,

ayúdeme.

Estoy temblando, por eso me alejo,

por eso aprieto el cuerpo a esta pared helada

y le digo que no me atrevo. 


Me entiende, ¿verdad?

Me da miedo, le estoy abriendo mi camisa

mis temores, mi pasado y mi tiempo,

le estoy dando todas esas cosas,

y usted me confunde,

se aleja, a ratos,

me hace pensar que y también que no. 


¿Tiene miedo? - ¿más que yo?


¿Es eso posible? 


Si va a jugar conmigo, dígamelo. Aléjese, sea claro,

preciso,

dibújeme las coordenadas exactas de la huida,

déjeme que me la aprenda, reconózcalo. 


Y si en cambio quiere bailar conmigo hoy,

en esta ciudad ruinosa y oscura,

agárreme del brazo, como tantas otras noches

y repítame que quiere verme de nuevo. 

Yo no saldré corriendo,

tal vez- y solo tal vez- dude unos segundos,

y me piense fríamente si debo agarrarle la mano

y después,

y créame que es así como lo cuento,

lo haré.


Le dedicaré una sonrisa grande

acabaré con todos estos muros

y un sí me dibujará la risa. 





Pero para que eso ocurra usted tiene que ser sincero

y hablarme de frente.

Y dejarse los miedos en casa,

porque la última vez que alguien los trajo a este baile,

acabaron pisándome los pies. 


Y ya sabe usted lo que duele bailar con los pies destrozados. 


Permítame el lujo de que las cosas salgan bien. Y estaré aquí para usted. 

Tiene mi palabra. 

sábado, 15 de agosto de 2020

Diles que no pasen

 Puede que me dé tanto miedo el abandono que me he encerrado aquí, donde el agua no consigue rozarme, donde no hay peligro. Aquí no pueden alcanzarme, no podrán hacerme daño si no logran tocarme.

Voy a hacerme la fuerte de nuevo, evitar encontrarme conmigo, no me gusta cómo duele cuando se van, así que ya no podrán venir jamás a este pequeño rincón. Si no llegan no podrán marcharse, y si no se marchan no habrá herida, porque eso significará que jamás habrán estado. No voy a dejar que nadie desmonte esta muralla que he construido con mis propias manos. La última vez que me dejé llevar me costó ocho años entender lo que debería haber visto en el segundo cero: que esa persona jamás se quedaría y que acabaría huyendo. Fueron dos las oportunidades que tuve de alejarme y decidí luchar. Desde aquella derrota entendí que de nada sirve esforzarse si al otro lado no queda nada.
Me daría miedo que volviese a pasar lo mismo, más noches en vela susurrándole al recuerdo. Quizás por otro nombre y otros ojos, tal vez por otros labios, pero el dolor sería de nuevo el de la ausencia.
Y vendrían las fotos rotas, las canciones de desamor y las alas flojas.
No quiero que me vuelvan a hacer daño, así que diles que no pasen, que no vengan, que no prometan. Que si llegan lo hagan si que me dé cuenta, y si se instalan sea para quedarse.

Diles que no podré soportar un arañazo más. Que no me quedan días en el calendario. Diles que tengo mucho miedo. Que no sé abrirme ya al espacio, que fagmentaron mi universo y de mí ilusión ya no queda ni rastro.

viernes, 7 de agosto de 2020

Hasta que me lo pediste

 Creía que nunca iba a ver las cosas de este modo. Puede que no haya querido darme cuenta, que viviera ciega, tapándome las orejas. Defendí lo que me pareció indefenso, y al final descubrí que simplemente era indefendible. No pude sostenerte más. Me rendí, asumí mi papel (que siempre fue el de mujer invencible que chocaba contra tus muros) y te dejé ir. Después de ocho años. Después de eternas luchas, de victorias agridulces, de tiempo invertido (que todos dicen que perdí, pero que yo sigo pensando que de algún modo valió la pena). No fue la continuidad, la certidumbre ni el amor nuestro fuerte (desde luego, no el tuyo), pero en todo momento pensé que quizás eras tú. Ya sabes, la persona de mi vida, el chico que siempre recordaría. Ingenuidad en estado puro. Cuánto ha hecho falta para darme cuenta de cómo son las cosas. El tiempo o, sobre todo, tú, me enseñaste que estaba caminando a ciegas cerca de precipicios. Fue dura la caída; y es cierto que la primera lo fue mucho más, pero la última rompió algo que no sé explicar. Esa fe ciega que tenía en ti, quizás mi autodeterminación, que me empujó siempre a creer que algún día les dirías a todos que había algo entre nosotros...No sé qué fue, pero se desvaneció. Me sentí extranjera dentro de mis recuerdos, esos que, vagamente, se alejaban para recordarme que soy muy distinta a aquella chica dulce que conociste tiempo atrás. Me empeñé, con tanta fuerza, en que te quedaras, sin descubrir qué era lo que mi corazón me decía. Y él lo tenía muy claro: ibas a irte. No pude ni quise retenerte. Quizás es lo mejor que podríamos haber hecho, despedirnos. Al final, tus metas eran otras, y desde luego, y aunque al principio dijeras que no, el único problema que había entre tú y yo era que éramos tú y yo. No pudiste con esa diferencia que nos separaba. La diferencia entre tú y yo fue creciendo, y lo que al principio eran solo costumbres, personalidad y viento, se convirtió en desolación y descosidos. Quizás era un final que debió haberse cerrado hace demasiado tiempo y yo luché por leer el mismo libro una y otra vez con la esperanza de encontrar un final distinto. Pero, después de tres veces leídas, siempre es el mismo: yo jugándome la piel por salvarte y tú huyendo contra todo pronóstico. 

No hubo perdices para este cuento, quizás fue fugaz en el tiempo y esta galaxia no sostenga más un solo rayo de luz que venga de nosotros. Puede que perdiésemos el tren, que nos hubiésemos herido tanto que nada pudiera salvarnos. Volví a confiar en ti como una niña que no sabe la verdad, y yo que me río de la fe ciega de los creyentes, alzando mi atea bandera le recé a tu suerte. Pero ella nunca respondió 

Que te vaya bonito y nos recuerdes de ese modo imprudente en el que se recuerda la pólvora mojada sobre la ropa blanca. Que seamos solo una mancha más en nuestras historias y que la vida nos haga saber el uno del otro: tal vez pasees con un niño que tenga tus ojos, y yo quizás me subo a un escenario y puedas oírme. Nos deparan vuelos insólitos a lugares impredecibles. Yo recordaré que un día dijiste que habrá cosas que siempre tendremos presentes mientras la risa se disuelve. Y con el tiempo, los escombros y los rotos irán encontrando salida en este mundo loco que no pudo acogerte.


Que te vaya bien bonito, porque de corazón deseo que nunca más haya dolor en tus comisuras, ni presión en tu pecho, ni te asalten las dudas. Y ojalá la encuentres y sea tan diferente a mí que te parezca solo un sueño que viviste lo que mis manos sostuvieron los días grises en los que recogerte fue una labor casi imposible 

        que nunca di por perdida

                                        hasta que me lo pediste.

domingo, 19 de julio de 2020

A medida que una crece va viendo las cosas un poco más nítidas. Sin quererlo te quedas más con los detalles. Los miras con delicadeza, apreciándolos pizca a pizca. Es fascinante ver cómo vas entendiéndolo todo, recuerdas momentos que creías haber olvidado y de repente todas las piezas encajan: ahora lo comprendo. Con los años empiezas a saber que cuando una persona quiere de verdad a otra persona no huye sin que haya una razón para hacerlo, que el problema soy yo se traduce en el problema eres tú, pero no tengo el valor para decírtelo. Y no pasa nada. Lo aceptas, acabas asumiéndolo. Coges tu mochila, esa que habías deshecho con ganas, vaciándola de golpe, instalándote en otra vida, y la vuelves a llenar para marcharte sola. Más despacio que cuando llegaste, la llenas más despacio, alargando la despedida, hasta que llega el momento de partir. Hay gente que se refugia en la idea de pensar que deciden las cosas para hacerle un bien a los demás. Creo que la mayoría de veces que escogemos algo es por nosotros mismos. Un es lo mejor para los dos suele significar es lo mejor para mí, así que lo que te pase a ti no va conmigo. Y está bien así, es como debe ser,  solo me gustaría que no nos engañáramos, que no mintiéramos a los demás, pero por encima de todo, que no lo hiciéramos con nosotros mismos. 
Ahora sé que cuando das un 100% no te queda nada. Está el vacío, la soledad insaciable, la herida abierta irritada. Quedas tú echándote sal y cantándole a tus silencios. Sobrevives, es lo que haces cuando has dado lo mejor de ti: aprender a volver a respirar. Con un poquito de ansiedad en el pecho algunos días, con una larga lista de cosas que sabes que no volverás a hacer, con una pizca de ilusión por comenzar por donde nunca te habías atrevido a comenzar. Quizás ahora, que estás ahí temblando, delante de unos ojos oscuros y rasgados, que decoran un gesto elegante y te miran traspasándote, te das cuenta de que siempre tienes las cosas muy claras. Hasta muerta de miedo. Y ese pellizco en el pecho que te grita hazlo se pelea con el susurro de tu mente, insistente, que te advierte: huye, ¿y si pasa lo que te pasó anteriormente? Y tú, como siempre, Noelia, vas a dejar que el pecho gane. El pecho siempre va ganando y eso lo sabes. Porque cada vez que has dejado que tu mente decida has sido solo partícipe del desastre. Voy a hacerlo. Y ya no hay duda que me arrastre. 






Ya no soy cobarde.
Nunca lo había sido.
Lo he llegado a ser.
Pero ya no. 

lunes, 13 de julio de 2020

Temblando

Te estoy abriendo las puertas poco a poco, dejándote pasar. Me veo comiéndome mis nunca, mis aún es pronto y arrancando todos mis frenos. ¿Cómo coño has llegado hasta aquí? ¿En qué momento has venido y por qué lo he notado cuando ya no había forma física de huir? No sé cómo te lo has montado, pero ni siquiera intento escapar. Me acomodo en tu forma natural de hablar de cualquier cosa y hacerla grande. Me quedo en tus silencios cortos, tu mirada fija, tu propósito sincero, tu risa ahogada. ¿Qué haces aquí y por qué tenemos tanto miedo y nos importa ya tan poco? ¿Por qué tengo la sensación de que estamos a punto de saltar a la nada? ¿Y por qué no estamos temblando?

lunes, 6 de julio de 2020

¿Cómo voy a atreverme a conocer aquellas partes de ti de las que nadie habla? ¿Cómo darte la cara y no la espalda si tu mundo gira a una velocidad vertiginosa? Te preguntas si estoy preparada porque crees que me dan miedo las alturas, pero lo cierto es que yo he vivido demasiado tiempo en el cielo y nunca me dio miedo ir más allá. Quizás eres tú, tanteando el terreno, el que no confía. El que lleva su escudo por bandera. De hecho, eres tú. Protegiendo al resto de ti te proteges a ti del resto. Y de mí también. ¿Y si el que está realmente acojonado eres tú?

lunes, 29 de junio de 2020

Trozos de algo que fui

Nunca te detestaré aunque perciba desde aquí tu indiferencia. No les hablaré de ti, no mal, no triste, no borracha, no despechada, no hundida. Cuando pregunten les contaré lo bonito, lo que quedó. 
No lo haré, no hablaré de tu silencio de después, de la primavera con sabor a otoño que dejaste al cerrar la puerta ni de todas las metas que llegué a alcanzar sin que apenas lo supieras. De eso no hablaré, pero sí hablaré de la vida que quise contigo, de esos sueños que se alborotaban en mi cabeza y que ahora son pólvora. Es como si hubiese vaciado el cargador de todas y cada una de las armas que me llevé a nuestra batalla. Nunca te disparé a ti, solo fingía que lo hacía, pero en realidad tus muros me devolvieron todas y cada una de las balas. Recuerdo que te miré con una pizca de energía la última vez, te dije que todo estaría bien y yo ya sabía que no iba a ser así. Que te irías. Siempre lo supe. No podía ser de otro modo. Aun así, en tu despedida, a centímetros del amanecer más naranja del mundo, me arrodillé ante ti para darte las gracias. Después caí de espaldas y cerré los ojos. El golpe me partió en pedazos, pedazos que se esparcieron por el cemento. Nadie supo más de mí. Nació otra chica parecida a mí y agarró mi vida con fuerza para transformarla. Y ahora esa chica soy yo. La Noelia del pasado me miró y me dijo: Lo he intentado todo, aunque aún puedo dar más. Y yo le respondí: Lo sé, pequeña, pero es hora de que te vayas. La dejé vivir demasiado tiempo en mí, porque por un momento volví a ser inocente, testaruda y kamikaze,por un solo instante pensé que las cosas saldrían bien. Tal vez tú nunca estuviste aquí, solo fue una prolongación de aquello que dejamos a medias. Y ahora que se ha completado el ciclo, te puedes marchar. Las malas lenguas hablan, sé que vas a estar bien, lo he visto con mis propios ojos y me alegro. Mereces encontrar la paz después de tanto infierno. Yo siempre anduve quemándote los talones, persiguiéndote, arrastrándote conmigo a la locura infantil de pensar que hay cosas que duran para siempre. Pero en algo tenías razón: nunca y para siempre son algo demasiado comprometido. Así que no diré que siempre pensé que serías tú y que ahora sé que nunca lo fuiste, porque sería llevarte la contraria, y sé que tu lugar favorito siempre fue el término medio. Espero que seas muy feliz, lejos de mí lo serás. Ojalá te encuentre algún día en cualquier bar y me digas que la vida te ha llenado de ganas. Y que alguien te vuelva a hacer creer que un pétalo es mejor que una rosa, cuando el pétalo lleva consigo el aroma. 

Yo nunca supe hacerlo bien, pero ojalá algún día se quede alguien al que le guste mi torpeza, y pueda irme a dormir todas las noches con la tranquilidad de que, al despertar, la cama no estará vacía.
Estaría bien ser importante para alguien que es importante para ti. Y creerlo con certeza. La certeza que nunca tuvimos, aunque yo la proclamara y tú la esquivaras para siempre. 

domingo, 28 de junio de 2020

Con el terror que genera la incertidumbre y el miedo al fracaso. Con la esperanza de no estar volviéndote loca o con la certeza de que en otra vida lo estuviste. Puede que sea porque estoy acostumbrada a caerme, o tal vez es porque nunca pensé que pudiera salirme bien. El caso es que estoy aquí esperando lo inesperable, y me hundo así, sintiendo que no acelero. Y a medida que me acerco, más se aleja lo que ansío tocar. ¿Y si todo esto estaba solo en mi cabeza ?

miércoles, 24 de junio de 2020

Con certeza

Es una sensación extraña. El desconocimiento me abruma, por eso te observo cuando miras distraído el paisaje. Estamos en la cima del mundo y pareces no querer mirarla a los ojos. Te hablo de estupideces y pongo sobre la mesa todas, o casi todas, mis cartas. Sé muy bien cómo hacerlo porque soy experta en esconderlas. Llevaba toda la vida con miedo, pero ahora sé que no debo tenerlo. Al principio, con la guardia aún demasiado alta, te sorprendes. Te impacta, tal vez mi honestidad, quizás mis pasos firmes, puede que fuera demasiado evidente. Me dices tu verdad y me la creo, y de repente, me siento aún más pequeñita a tu lado, como si los años que hay de tu mirada a la mía te hubieran regalado la capacidad de mirar el mundo de una forma muy diferente. ¿Qué estás pensando de mí en este preciso momento? Toda Barcelona se ve desde aquí. Es impresionante. Te deja sin aliento. Sonríes. Qué observador. Sé que sabes lo que sé, y yo creo saber lo que tú sabes. Pasos torpes hasta el coche. Que sea tan difícil llegar hasta ti me resulta aún más atrayente. Espero que no lo estés haciendo a propósito. No corro detrás de ti. Me gusta porque no tengo que correr detrás de ti, estoy a tu lado. Por inercia, camino, y parece que vamos al mismo ritmo. Es la primera vez en mucho tiempo que siento que no tengo que perseguir pasos torpes. Que no hay nadie huyendo. ¿Es real?
Tu mirada parece convencida, tienes las ideas claras. Y no me asusta en absoluto. Debería asustarme, lo sé, pero no lo hace. No tengo miedo. Floto y te escucho, las bromas que afloran se mecen tenues bajo la luz de las farolas. Tres de la mañana. Ten cuidado. Y arranco el coche, canto muy alto cuando me paro en todos los semáforos rojos porque las calles son solo mías. Ya he llegado. Sana y salva. Así me gusta.
La noche se vuelve suave y, tras unas palabras locas, cae el día y con él la resaca emocional de haber entendido la conversación más abstracta del mundo como la más íntima del universo. 

lunes, 15 de junio de 2020

El vértigo del "antes"

¿Qué pasará cuando ceda? ¿Qué harás cuando un asome entre mis dientes y resbale por mis labios? ¿Qué sucederá entonces? Por encima de mi mirada felina y astuta, por debajo de tu ceño fruncido, atravesando las distancias cortas. ¿Qué será de mí? ¿De ti? Un paso en falso y saltaremos por los aires. Tú siempre enciendes tu mecha, con más facilidad y soltura que yo, con más precisión, como si estuvieses muy seguro que algo está a punto de ocurrir a continuación; yo siempre tiemblo con el mechero entre las manos, como si consiguiera quemarme. Es la primera vez que siento que no tengo el control de la situación. Mi mente, relajada, baila. Es como si fuese fácil. ¿Siempre ha sido fácil? En otros ojos no lo era. Nunca lo fue. A la vez, detesto no llevar el control. En cualquier momento voy a descarrilar, voy a desviarme, voy a dejar de mirar la carretera, voy a pisar las líneas, voy a estrellarme. Porque...es eso lo que me da miedo, ¿no? Estrellarme. Ese es mi único temor. Me escribí con fuego en el pecho que todo el que pisara este suelo iba a largarse y ahora me da miedo encariñarme con lo que habita a mi alrededor. Es como vivir con la seguridad de que al día siguiente vas a despertarte en medio de la calle y tu colchón, tus libros o tu mesita de noche van a desaparecer para siempre. Vivo en un constante exilio. Y me da miedo. Abrir estas puertas sería exponerme al abandono. De nuevo. Dejar entrar a la ilusión sería recordarme que ya no soy una niña. Pero, ¿y si ya no tuviera que serlo? Quizás siempre se trató de eso. Que ya no soy una cría. Que ya lo huelo todo a kilómetros, que sé de qué pie cojeo, que sé lo que no me gusta, lo que me gusta. Que con el paso de los años me he vuelto exigente y que todas las despedidas me han hecho de piedra. 
Sé que vas a venir e intentar romperlo todo a martillazos. Eres dura, eh. No sabes cuánto.  ¿Por qué? Es la única manera de sobrevivir por aquí. ¿Y si te dejas llevar? Mi mente se pregunta dónde. Y no lo sé, pero, ¿acaso importa? Joder, es que parece que tú tengas muy claro hacia dónde vas. Tu seguridad me perturba, me intimida, me encierra, pero también me empuja hacia ti. Eres como un reflejo de mí, te veo y me veo, y a pesar de que me llevas años de ventaja, te pareces mucho a mi yo de hace ocho años. ¿Cómo coño estás así después de todo? Es tan fácil como cerrar los ojos. Por una sola persona, o un hecho, no puedes condenarnos a todos.

Dos lunas apuntando hacia mí. Escozor en el pecho, cosquillas en las muñecas, tensión en la espalda, ¿Estás segura? ¿Ahora mismo? De nada. Bien, bien. Cierra los ojos, no pienses en nada. Déjate llevar.  
Con la precisión arquitectónica de cupido, unos labios caen sobre otros labios. Se bañan y recrean en el milímetro que el aire les presta. Sal sin tequila, limón sin hielo y cristal sin licor. La perfección de un movimiento ligero, unas manos que agarran, suaves, mi cabello. El cuello calculando la distancia entre ambos pechos, el suspiro final que invita a otro trocito de recreo. Dos niños sabiéndose inocentes en su eterna juventud. Se han apagado el resto de estrellas, porque solo dos brillan esta noche. 



domingo, 14 de junio de 2020

Hoy sin querer lo he sabido. La verdad es que me he decepcionado, pero a estas alturas no esperaba que fuese diferente. Tardamos segundos en destruir algo que nos ha llevado años hacer. Es lo irónico de la vida: el que se va primero es el que encuentra antes la salida.
La verdad siempre asoma, y hoy se ha visto por encima de todo.

miércoles, 10 de junio de 2020

De metáforas y cuentos

Pasa, si quieres. Puedo preparar café, o un té. ¿Eres muy nervioso? Porque entonces quizás te prepare lo segundo. Lo siento por el desorden, hace mucho tiempo que no viene nadie por aquí. La última vez que pisaron este lugar me enfadé tanto conmigo misma que lo tiré todo por el suelo. Entendería que no quisieras quedarte. ¿Los espejos? Ah...sí. Están rotos. Fui yo, hubo días en los que no quería mirarme. ¿Te gustan las velas? Encenderé una. Ten cuidado, podrías cortarte, vigila por dónde pisas. No quiero hacerte daño. Sí, aún estoy ordenándolo todo. Siempre me digo que lo haré mañana y mañana nunca llega. Se me da bien posponer las cosas, no creas. No, no me mires así. Haces como si te importase. ¿Te importo?. No juegues con eso. Y perdona que sea tan directa, la última vez que creí importarle a alguien me di cuenta de que no era tan importante. Me da miedo salir herida. Ten mucho cuidado con eso que has cogido, es muy delicado. Podría hacerse añicos. ¿Quieres ver las habitaciones nuevas? No he entrado nunca en ellas, no sé cómo son. Ya...he estado tanto tiempo en este salón que no me imaginaba qué podría haber detrás de esa puertas. ¿Que podría pintar las paredes azules? Sí, sería bonito. ¿Cómo me vas a ayudar? Si es mucha faena...Sí, tal vez tengas razón, podríamos hacerlo entre los dos, reconstruir esta casa, pintar las paredes, abrir las ventanas. Pero apenas me conoces. ¿Y si no te gusta lo que encuentras en mí mientras decoramos juntos? ¿Y si resulta que pasa todo lo contrario? ¿Y si de repente descubres que quieres quedarte aquí? No sé si puedo dejar que nadie más entre. Solo ha estado una persona por aquí y me pasé los 6 años siguientes esperando que volviese. ¿Y si te das cuenta de que tú también quieres irte? Volveré a tirar los cuadros, a desordenarlo todo, a coser heridas. No prometas nada. Yo antes creía en todo esto, ahora me cuesta. ¿Debo cogerte la mano? Quizás me arañes. ¿Y si descubro de nuevo la soledad? ¿Y si alguien decide quedarse? Nunca me he preparado para algo así.

miércoles, 3 de junio de 2020

Dos cabezas pensantes

Hay personas que florecen rápido, que evolucionan a la velocidad de la luz; otras se quedan clavadas en el suelo y echan raíces. Como el niño que, enfadado, se encadena al suelo del supermercado, cruzándose de brazos, y le dice a su madre que no se va a mover de allí hasta que le compre chocolate. O como el náufrago imprudente que vuelve al mar, sabiendo que le esperan mil derivas más.  Hay personas que nos empeñamos en retroceder y darle a pausa, y darle al play, al pausa, al play, al pausa, otra vez. Están los que vuelan alto y lo que nos quedamos siempre rodeando las sombras de todo lo que nos quedó. Están los que conocen a alguien nuevo y les eclipsa su sonrisa y los que, por mucho que lo intentemos, nunca dejamos de proyectar la misma. Están quienes luchan y se rinden y lo que jamás probamos victoria, pero nunca nos retiramos. Están los que necesitan demostrar que siguen hacia adelante y los que en silencio se ahogan por las noches con todas esas palabras que jamás llegamos a proyectar del todo. Existen los que no miran atrás al marchar y los que nunca marchamos a pesar del tiempo. Están los que por temor callan y los que gritamos lo que sentimos aunque sepamos que seremos juzgados. 
Están los que tardan una noche en olvidar y los que necesitamos más de las que Sabina contó en su canción. Están los cuerdos y los locos, los indecisos y los kamikaze. Están, bajo esta misma luna, dos cabezas pensantes, apoyadas en sus incómodas almohadas: una ha decidido dejar de pensar y la otra darle vueltas al mundo hasta que este se maree, para poder bajarse. 

Los dos están locos: el primero por escapar; el segundo por el otro. 

jueves, 28 de mayo de 2020

Sé que me dice la verdad porque me quiere, pero reconozco que era más bonito vivir en mi perfecta y construida mentira. Era más sencillo, engañarnos a nosotros mismos nos da ventaja, porque vamos por delante de nuestros propios pasos, con el miedo pisándonos los talones. Lo más difícil era aceptarlo y ahora que ya lo he hecho me toca asumir mis errores y perdonarme por ellos. Quizás dentro de mucho agradezca lo que hoy aborrezco, o tal vez dentro de mí viva siempre un pedacito descompuesto de mi lado más kamikaze. Es mejor así. ¿De qué me iba a servir ahora? Aceptamos lo que creemos merecer, así que acepto la derrota. Y dejo esta partida. 

Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...