lunes, 26 de marzo de 2018

Pájaros dándose la espalda en escenarios vacíos.
Persianas bajadas, cortinas partidas, 
el aire que rima con trozos de olvido. 

Si sé que sabes lo que sé,
sabrás que sé lo que esquivo. 
Noches de capa compleja,
espejo que refleja ya nada. 

Era tan alta entonces,
ahora un ovillo, en ocasiones,
que rueda por playas vacías
donde el agua por miedo ni asoma.

Noche taciturna y casi dormida
qué pretendes hacer cuando te despiertas,
y amanezcas sobre heridas caducadas
que se sienten como si fueran recientes. 

Déjales a ellos
que no entienden
qué transporto
aquí en la mente. 
Y dales lo que quieren:
diles que “has cerrado ya,
que no entra nadie”
miéntete si puedes
y no hagas juicio;
de nada servirá el vuelo 
hacia el horizonte,
si cuando llegues
está torcido. 


Te van a seguir preguntando
 si recuerdas aquella tormenta
y tú les dirás que ese día
sí llevabas el paraguas,
sí esquivaste las sombras,
sí seguiste a la vida. 






Ojalá supiera lo que escribo cuando escribo. Es como si una parte de mí hubiese aprendido a hablar con metáforas. Es como si así supiera que cada uno cuando lo lea entenderá algo distinto. Supongo que eso es lo más bonito y perfecto de la poesía. O lo que sea esto. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

mi batalla contra el invierno

Saco las palabras por las mangas del jersey,
asomo la cabeza por ese agujero,
que tengo cerca,
y que es la verdad.

Y el viento fuerte y denso
me gira la cara,
y mi verano hecho añicos
me araña la espalda.

Ahora es invierno,
y éste me grita,
que me lo merezco,
que me empape de lluvia,
que me moje los huesos.

Y yo le miro
con recelo
y pienso
sin decir palabra,
que nadie merece eso,
que esas palabras son demasiado duras
para alguien que ha soportado tempestades.

Y entonces me encojo
no porque no tenga razón,
no porque me rinda,
sino porque sé que por mucho que arañe,
que luche,
batalle,
grite
explique
y reivindique,
nada de lo que yo diga,
sienta
o
piense
será verdad.
No para el invierno.


Y eso es lo más triste que me ha pasado nunca:

Saber que puedo salvarme
y no luchar por hacerlo.
Saber que pude salvarlo
y que el invierno se niegue a ello.










A veces damos mucho, mucho más de lo que los demás pueden valorar, y sin embargo, nunca es suficiente.

sábado, 25 de noviembre de 2017

naufragios

Os he mentido a todos. Absolutamente a todos. 

No,
no estoy bien. 

Me he empeñado en tapar mi ira con pensamientos banales, diciéndoos cosas como qué va, si a mí me importa una mierda todo eso, pero no. 
Me importa cómo me siento, volviendo a casa a través de la oscuridad aplastante y atosigadora, cómo me muero poco a poco subiendo los escalones hasta la puerta de mi casa, cómo abro la puerta, sigilosa, temblando, aguantando y tragando mis lágrimas, cómo me derrumbo sobre la cama, con el abrigo aún puesto, y rompo a llorar. 
¿Alguna vez habéis llorado en silencio? No hablo de llorar sin hacer ruido, hablo de cuando tus lágrimas quieren salir con tanta fuerza que estallan contra tus córneas y no acaban de escaparse, pero tú has abierto ya la boca exhalando un grito silencioso y rasgado. No sé si me explico. 

Se me despedaza el pecho poco a poco mientras libero toda esa fuerza, rabia e impotencia, el titán que lucha contra mi positivismo, el titán que me salva y otras veces me humilla. 
Me siento tan vacía que me duele, literalmente, el estómago. Como si de repente no existieran órganos en mi cuerpo y solo fuera aire lo que circula por mis venas. Como si no hubiera más allá de mí, del cuarto y de mis pensamientos inteligibles. 

Confieso que os he mentido, sí.
He intentado coser todas esas roturas y he fracasado. Pensaba que sería más fácil esta vez. 
Pero qué coño pensaba, si todo el mundo se acaba yendo. Si lo sé desde siempre, si primero fue ella, después fue la otra, después fue él. ¿Por qué me extraña tanto que me hieran? Si estoy acostumbrada, si ya he estado aquí antes, si me duele más el pecho que el alma. Si no estoy donde estoy, si mi cabeza siempre anda en otra parte. 




No me hagáis caso,
hace tiempo que perdió el sentido este blog,
lo difícil es contemplar que sigo acudiendo a él
cuando no puedo verbalizar lo que me pasa.

Qué tienes, que me enganchas a escribir de nuevo,
qué tienes, que sigues siendo mi confidente, 
por qué, si ya no me lee nadie,
ni siquiera yo. 








La peor batalla que he librado jamás yace entre aquello que deseo que suceda y aquello que acaba sucediendo. 



Triste final para una superviviente,
que al final
no llegó al final
de sus páginas.














Bendita y jodida literatura,
a la que asisto
siempre
para contemplarme
morir.


Puta poesía,
que me matas
con versos
que yo misma
construí. 



Absurda, tonta, maldita yo. 
Que acabo siempre en mí. 


jueves, 12 de octubre de 2017

abrumador



Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitación, más lejos siento que estoy de mí. 
Estoy harta de tomar elecciones: ¿Qué quieres hacer después? ¿Qué harás cuando todo acabe? ¿Qué será de ti cuando acabes la carrera? Todo esto me preguntan algunos que me ven, después de años sin toparse conmigo, todo esto me acabo preguntado yo: ¿Y después, qué?
He pensado en meterme en doblaje, aunque claro, qué difícil triunfar en un mundo donde tantos compiten por ser los mejores, o peor, qué difícil destacar en un mundo donde todos los que están son buenos. Y eso no es todo, súmale el precio, que la educación privada creo que sería el único camino. ¿Qué haría yo ahí? ¿Sería alguien en ese mundo?
¿Y qué tal un master relacionado con las editoriales? ¿Es realmente lo que quiero?
¿Y un master de guionista? Hostia, ¿pero eso está en Barcelona? Ah, no. ¿Irme? No quiero. 

¿Qué voy a hacer después? Muchos dicen que por qué no profe. Joder, que no. Que no me gusta. ¿Por qué todos insistís en que es el único camino? Que sea el más elegido, el más sencillo o habitual, no implica que sea lo que yo deseo. No solo quiero un sueldo a final de mes, quiero ser feliz. Y...¿a qué precio? Qué duro. 

Lo mejor quizá sería esperar un año tras acabar la carrera, trabajar y sacarme el carné. Pero si hago eso, ¿sentiré que he hecho algo productivo? Y lo que es peor, ¿cómo voy a conseguir dinero para sacarme el carné si mi prioridad es operarme? Ah, vaya, la dichosa operación. 

¿De dónde saca una chica de veintiún años diez mil euros? 


Escrito suena aún peor.

La verdad es que llevo semanas amargándome con estas preguntas. La verdad es que tenía que desahogarme, porque creo que si no lo escribo aquí seguiré taladrándole a Adri la cabeza con mis dudas y proyectos. Y él ya me escucha suficiente durante el día.  

Estoy al borde de los veintidós años y me da un pánico tremendo el futuro. Yo, Noelia, la chica que con doce años ya sabía qué bachillerato escogería y qué carrera haría después, la misma. Aquella que soñaba con ser profesora, la misma que cuando entró a la universidad se dio cuenta de que eso era lo último que deseaba. La que antes temía a los clásicos y ahora los adora. La misma, sí, sí, eh, sí, yo. 
Ahora qué perdida, ¿no? Ya decía yo que todo en esta vida no es fácil, ni se puede tener tan claro. 

Joder, esa tía que con dieciséis decía: Eh, aparta, que me voy a comer el mundo. Que voy a ser filóloga. Y ahora a meses de graduarme me acongojo. Que sí, que vaya, que qué sorpresa.



A veces me quedo mirando el techo unos minutos, hasta que me canso y cierro los ojos. Es entonces cuando me sumerjo en ese mundo insólito y extraño que me abruma y me encarcela: por qué así de fuerte, por qué así de intenso, por qué este miedo. 
Y me pierdo unos minutos, y me derrumbo unos segundos. 

Qué difícil. Sin el dinero suficiente para hacer todo lo que se sueña, con el tiempo de sobras para hacerlo, mirando al futuro de frente sin verlo. 


Jodida y asquerosamente abrumador. 
Jodida y tremendamente difícil. 


A dos pasos de saber quién soy retrocedo uno por miedo a descubrirlo. 







Y aún tengo el valor de venir aquí a quejarme. 















jueves, 7 de septiembre de 2017

Mentiras.

Tápate la boca,
hazte la oveja muerta
y no destaques.
Que no sepan que lo sabes,
pasa desapercibida, 
no llores si no es a solas,
sonríe sin que importe,
y sobre todo, no discutas.
Que no sepan tu opinión,
que le den al que no escuche, 
que a veces eres tú o el mundo,
que le jodan al que pase.



Y ojalá poder decir eso. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Cuenta la leyenda.


Cuenta la leyenda que una chica que no sabía llorar lloraba cuando escribía. Efímera, como firmas en el agua, como dice Abram en su canción Efímeros (escúchala: click aquí). Cuenta la leyenda que este blog estaba vivo. Pero, hace cuánto. ¿Miles de años? 
¿Y si os dijera que he vuelto? ¿Y si ahora os dijera que me muero de ganas de escribir? ¿Si os prometiera que cada día me pongo delante de esta página en blanco sabiendo que quiero teclear hasta cansarme? ¿Si os dijera que no me ha salido nada hasta ahora?

He cambiado mucho desde que abrí el blog. Creo recordar que tenía dieciséis y de eso hace ya cinco años. ¿Cinco años? Parece broma. Sigo casi igual, lo único que ha cambiado es todo lo que no se ve. 
Recuerdo que cuando comencé a escribir aquí me apasionaban todas las cosas que me siguen apasionando: la única diferencia reside en mis ojos, pues en aquel entonces eran tan inocentes que no se dejaban atravesar por la maldad, la desilusión o la desconfianza. 
Ya te digo yo que era fácil, porque yo no movía fichas, permanecía inmóvil redactando deprisa y con mala letra todo lo que sucedía a mi alrededor. Ahora las partidas son distintas, ahora yo también hiero, me equivoco, me hundo y hundo. Ahora ya no soy esa pieza inocente y destrozada del tablero, ahora empujo, tropiezo, me levanto, resido, destrozo, pierdo, gano. No sé cómo explicarlo mejor. Digamos que he crecido y he olvidado que antes yo era diferente. 
Una persona que amo dice que yo antes era más original. Llevo días pensando en eso. Fue, aproximadamente, como un antes molabas. Y me pregunto qué me ha llevado hasta aquí. 
Por qué he cambiado, dónde me dejé esa inocencia, o esa originalidad. Me veo más seria, y debo confesar que eso no me gusta. ¿Es verdad eso de que las malas experiencias, las idas y venidas, las pérdidas, van cambiándote? ¿Será eso lo que me ha llevado hasta aquí?

No sé exactamente qué coordenadas seguir. Prometí dejar atrás a esa Noelia inexacta, divertida, original y extrovertida (aunque de eso último me queda bastante)  y ahora la deseo otra vez. ¿Podré volver a ser quien era? ¿Podré volver a ser especial? ¿Podré dejar de parecerme a todos?



¿Sabéis? He elegido esta foto porque me veo en ella. Esa es la Noelia que llevo dentro,
la que estoy intentando recuperar, la verdadera. 

sábado, 26 de agosto de 2017

YO SOY BARCELONA.


Hoy he hablado sobre Barcelona, sobre los atentados y sobre nosotros.Si haces click aquí abajo, irás al vídeo.

CLICK AQUÍ.



viernes, 9 de junio de 2017

Hacía mucho tiempo que el dolor no tenía este sabor a sangre. Me desmayo en mi inocencia y me restriego en la ansiedad. No puedo hablar y por eso escribo. Me cuesta respirar, me duele el pecho. Me callo moriéndome la lengua, mordiéndome los labios, apretando fuerte mi nunca con ambas manos. Bajando la cabeza hasta que impacta en mis rodillas, hasta que el hielo se rompe. Estoy muriéndome y no hay nadie que pueda testificar. ¿Cómo puede haber tanto dolor encerrado en un pecho tan pequeño? Ni siquiera seco las lágrimas, dejo que se pudran en mi rostro.
Me he mirado en el espejo del lavabo y ni siquiera me parezco. Es una mierda sentirme así, pero es aún peor saber que no tengo un Dios al que rezarle. Es peor saber que ya me ha dolido el pecho de este modo antes. Es casi insoportable. 
Me agarro los hombros, haciéndome daño, distrayendo al cerebro, que se va muriendo conmigo.
Miro al techo esperando una señal que nunca llega, algo que me diga basta. Pero la próxima lágrima no tarda en llegar.
Es casi intrascendente el humo que se me agarra a los pulmones, no se va ni echándolo. No se va ni gritándole. No se va ni queriendo. 

Quiero chillar y no puedo.
¿Por qué?



¿Por qué aquí? ¿Por qué en casa? ¿Por qué ellos? ¿Por qué yo? ¿Por qué él?





Me duele tanto que tengo que parar de escribir.
Y ni siquiera he pensado en un final para esta mierda que probablemente en unas horas acabaré borrando. 

domingo, 28 de mayo de 2017

De mí a mí.

esta foto tiene más años que yo -casi- pero me ha hecho gracia



Empezaré por el final. No por nada especial; es que los principios se me hacen casi monótonos, casi auténticos. 
Digamos que estaba sentada en el mismo lugar de siempre y dejé de ser la de siempre. Digamos que algo salió de mí y vino a mí. Me explico: imaginad que tenéis un bote lleno, repleto, de mariposas. Lo sujetáis fuerte, con las manos bien prietas al cristal. De repente las mariposas consiguen descifrar vuestro secreto más oscuro y diminuto, descubren cómo abrir la tapa del bote; o sea, su puerta a la libertad.
Las mariposas escapan sin pensar en nada más que en sí mismas. Os golpean con las alas, os susurran cosas absurdas que no entiendes y se van a volar. Se van muy alto. 
Imaginad que de repente todas vuelven, furiosas, espantadas, casi extrañadas y os piden explicaciones.
Por qué nos teníais encerradas.
Por qué nunca nos hablasteis del cielo.
Por qué ahora no somos capaces de alejarnos de vosotros porque nos sentimos desprotegidas. 
Por qué nos habéis hecho ser dependientes (de ti, de él, de vosotros). 

¿Qué les diríais vosotros a las mariposas?
Fue sin querer...No supe que...Podría haber...
No.
Bajaríais la cabeza(y lo haríais porque lo sé, porque no os conozco pero lo sé, porque es lo que todos haríamos). Después le soltaríais un rollo de la sociedad, de que si imponen no sé qué, que si los animales no sé cuántos; mentiríais, maquillaríais cada fonema, cada pequeña parte de vuestro discurso para no ofender a las mariposas.
Después les diríais que fue por amor, pero ellas no os creerían. Porque ellas nacieron de vosotros, salieron de los poros de vuestra piel, salieron de vuestra mente, vuestro orgullo, vuestras inseguridades, vuestras manías, vuestras voces, vuestros andares, de ti. Porque te conocen más que tú y sabían antes que tú las decisiones que ibas a tomar.

Imaginad ahora que todo lo que os he dicho es mentira.
Que en realidad,
eres tú el/la que ha estado en ese bote. Imagina que yo soy mariposa y que tú eres yo, que yo soy tú y tú eres mariposa. Imagina si creerías o no lo que ese/a humano/a extraño/a te ha dicho. 


Ya lo sé,
que no.

Que ya sé que piensas que las mariposas no hablan,
pero tampoco escriben
y sin embargo,
estás leyendo esto.




lunes, 22 de mayo de 2017

.

Van a pisarte la cabeza te pongas como te pongas así que agárrate fuerte y ni se te ocurra quejarte.
Ellos podrán decirte lo que quieran, tú no hables.
Que quizá te retuercen la lengua con falsos "te quiero" medidos a instantes.
Y quién dijo que la felicidad existe,
si estás muerta.

viernes, 19 de mayo de 2017

Brasas.

Con los ojos del tamaño de dos lunas se puso a escribir. Primero se recogió el pelo, pues le estorbaba la vitalidad con la que se movía a su alrededor; sus hombros ya no estaban preparados para soportar el peso. Después se estuvo mordiendo las uñas durante minutos, pensando qué era lo que realmente quería escribir.
Lo tenía demasiado claro y le daba suficiente miedo ponerse a escribir algo así:
''No me salen las cuentas de las veces que soy feliz''. Quizá, al principio, no se entendió ni ella. Escribió, después, una especie de metáfora que se le agarró al corazón y de la que ya no se supo librar: ''El sol sincero ha empezado a quemarme las razones y ya no anochezco''. 
Después cayó rendida. Era lo más fuerte que había escrito hasta entonces y solo ella podía comprender lo que eso significaba. El paso que había dado, lo mucho que había conseguido avanzar.
En su cabeza solo una pregunta quemaba los silencios: ¿Qué ha pasado?
Se revolvió durante horas en la cama. No encontraba respuestas, y es que ni siquiera se molestaba ya en plantear pregunta alguna.
''Cómo duele saber que sigo viva en un mundo que hace años que está muerto''. Cada letra tecleada se volvía testigo del drama confuso que estaba viviendo: ''Cada vez soportas menos peso, cada vez estás más muerta''. 
Cómo salir de ahí,
de aquí,
de ella,
de mí.

Una casa con paredes de cartón, mentiras en el aire que se pegan a su pelo, un dolor clavado en las costillas, que ya no se calma ni durmiendo. 
''Les importo tan poco que ni siquiera han visto que el silencio que enseño es lo único que me atrevo a pronunciar''. 
Podría haber mentido muchas veces durante su efímera e intensa vida, pero ya puedo afirmar que yo que escribiendo no había probado jamás la mentira.
''Veneno partido, escupo cristales''.
Y sigue leyéndose a sí misma:
'' No te ha dado tiempo a girarte
y ya te has consumido.
Un instante,
es lo que hacía falta
para morir quemada
entre las brasas 
y las balas''.

Yo aún no lo he entendido. 
Pero supongo que lo crudo reside en la verdad,
y qué lástima que esto no sea mentira,
así no tendría que limpiar sus lágrimas,
levantar la vista
y decirle a sus padres, que acaban de entrar:
''Claro, como siempre, genial''.

Ya os lo he dicho antes,
aquí es donde aún sigue(o) siendo verdad.

lunes, 1 de mayo de 2017

Cuando la piedra esconda la mano,
cuando la mano se coma a la serpiente,
cuando el silencio grite sin remedio,
cuando el mundo no gire
y el mar se reseque;
cuando los pies ya no rueden
y el río se pare.
Cuando el vértigo sea valiente
y la sangre no recorra mi cuello,
cuando muera viviendo,
cuando viva sin respirar.
Cuando el viento me arrastre 
y la corriente ya no se llame aire,
cuando las tripas no suenen
cuando sacie mi sed 
cuando la tortura se vuelva paz.

Cuándo.
Cuándo.
Cuándo será.
Cuándo.
Cuándo.

Ahora.
Nunca.

Ahora.

sábado, 22 de abril de 2017

No se asusten. Lo de las luces fundidas suele ser lo normal. Ya no cabe tanta luz en este escenario.
Ya no aplaude el público porque no lo hay.
Vuelvo a ser la protagonista, pero no se asusten.
Solía ser lo normal: yo contra todo. Y todo no está.
Así que no, no se asusten. Si queda alguien escondido tras las butacas que hable ahora o calle y se marche para siempre.
Que una ya no lee mentiras.
Que una no se puede pasar la vida cuidando de los demás.
Existo.
Hola.
Estoy aquí.
El cariño también me necesita a mí.

Ya nadie se molesta en dar,
porque para qué
si es más fácil morir.

Esta noche no hay nadie, pero no,
no se asusten.
El que ladra mucho muerde poco
y suele morir de rabia.


Un aplauso. Dos.
Tímido público retorcido.

Ni siquiera os quedan lágrimas para llorar,
así que no se asusten.

miércoles, 12 de abril de 2017

Yo contra mí (enlace a Youtube)



Hay dos Noelias: una está muerta de miedo, a la otra le falta tiempo para ir detrás de cualquier sueño y jugársela.  A las dos alguna vez les rompieron al corazón: una se negó a volver a soñar, la otra cogió impulso y se enamoró, esta vez pisando tierra firme, saboreando la realidad. 

Hay dos yo: una cree que nunca llegará a ser la que siempre ha querido ser, la otra ya lo consiguió hace tiempo. 

Una se encoge algunas noches y se pregunta dónde está esa fe que abandonó, esa fe que le hacía creer que había esperanza. En la tierra, en las personas. La otra se come las lágrimas, las traga y las digiere y se hace llamar fuerte, porque puede hacerlo, porque a veces lo ha sido. 
Una ve películas románticas cuando tiene ganas de llorar, la otra ve alguna de terror para que el miedo supere cualquier problema. 

Una no sale de casa sin haberse mirado al espejo, la otra a penas se mira cuando se lava los dientes. 
Una toma café, tostadas con mermelada o algún capricho de chocolate. La otra toma zumo de naranja y se hace tostadas, porque le gusta sentarse, porque le gusta disfrutar de esos diez minutos de desayuno. Una odia los principios y la otra detesta detesta los finales. 

Una aún se emociona cuando le hablan de alguna enfermedad irremediable, porque quizá le tiene miedo a la muerte. La otra piense que ojalá el tiempo que le quede sea suficiente, pero no teme, no puede, porque está viviendo al límite. 
Una se mira al espejo y no se gusta, la otra no sale de casa sin recordarse lo mucho que valen sus curvas. 

Hay una de ellas que se siente sola, tan sola que a veces busca, busca y busca entre los libros unas líneas de compañía, de compasión, de ternura, de magia. La otra ha sabido escabullirse, escaparse de esos momentos de soledad entreteniéndose con cualquier cosa que le haga olvidar.

Una es más de cervezas, otra es más de coca-cola, una de baladas tiernas y otra de canciones de los ochenta que le hacen brincar, bailar, soñar, despertar. 

Una apuesta por las faldas cortas, la otra se ciñe al pantalón. Una se pinta los labios de rosa, la otra de rojo pasión. 

Hay dos Noelias: una está domesticada, la otra no. Una cree en el infinito triángulo de la suerte, la otra ha dejado de esperar fortunas.

Hay una que ama por encima de cualquier otra cosa material, las letras. La otra se abandona a la música, al ritmo, al son de cualquier canción.

Una se enciende las luces pequeñas del espejo por las noches y las mira con los ojos entrecerrados, mientras escucha alguna bonita, lenta y pacífica canción. La otra apaga todas las luces y piensa, piensa, piensa y escribe mentalmente todo lo que tiene que decir, todo lo que aún no ha dicho. 

Una de esas Noelias sigue entristeciéndose a veces cuando piensa en todas esas personas que se marcharon, la otra ya no mira hacia atrás, piensa que para qué, que para qué pensar en personas que prometían, prometían y prometían y resultaron ser todo lo que dijeron, sí, todo, menos amigos. 

Hay una que no deja de pensar que algún día va a poder volar, la otra ya no sabe qué poder elegiría si pudiera escoger uno. Una aún se ve una niña cuando se mira al espejo, la otra se ha convertido en una versión arrugada de sí misma, en una mujer de veintiuno que parece haber vivido cuarenta años.

Una ya no se ve infeliz, la otra no se plantea la felicidad. Hay una que es una fiera, que se implacable, salvaje, estrictamente libre, y araña, araña mucho. La otra se calma enseguida, disfraza la duda con parsimonia y no levanta jamás la voz.

Una canta con todas sus ganas, la otra solo escribe baladas sin sentido. Una ha dejado de reírse como una loca, la otra sobrevive a base de ataques de locura.

Hay dos Noelias: las dos forman parte de mí. Han aprendido a convivir, aun sin respetarse. A veces se arañan, se estropean, se empañan, se envenenan, se cansan, se pegan, se rompen, no encajan, se quedan sin voz ni nombre. Hay dos versiones de mí, opuestas, opacamente visibles, antítesis entre ellas, sinónimas de mí misma.

Hay dos fieras que luchan por salir. Una me da la espalda y golpea mi estómago, la otra me suplica mirándome a los ojos que la deje ir.

Hay dos versiones de mí que me asustan y encierran: una siempre me recuerda que quiere matarme y la otra ya no puede vivir sin mí.





Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...