miércoles, 6 de mayo de 2015

Cómo ibas tú a mirarme...


No sé en qué momento sentí que algo me atraía. 
Que un hilo invisible me hacía girarme para mirarte. 
No sé en qué instante fui imprudente.
Lo suficiente como para dejar que alguien volviera a colarse en mi mente, descolocándolo todo. Con lo que había costado ponerlo todo en orden. Con lo que había costado limpiar el desastre desde que ardió Troya.
No sé qué tienen esas pupilas distantes y frías.
Tan cálidas a veces, solo por un instante.
Pequeños y efímeros momentos en los que parece que esa magia exista.
Aunque solo esté en mi mente.
Cómo ibas tú, apellido de la libertad, a fijarte en alguien como yo.
Si mi torpeza hace balance con mi estúpida manía de ser una romántica dentro de un mundo totalmente realista. Mundo del que tú también formas parte.
Cómo ibas a mirar mis manos teniendo en las tuyas el poder de crear la poesía más bonita del mundo.
Cómo ibas a pensar en unos labios portadores de ilusión si piensas que el amor, siendo joven, es la manera más estúpida de destrozarnos la vida.
Cómo ibas a fijarte en esta loca, que lleva por bandera todo símbolo de autodestrucción.
Cómo ibas tú a ser partícipe de este desastre que se ha instalado conmigo desde que el desequilibro lleva las riendas de mi vida.
Qué ibas a ver tú en mí
si has recorrido medio mundo
mientras yo me he quedado siempre
anclada en esta tierra.
Cómo iba el chico del cigarro en los labios
a fijarse en la niña de la falda corta
el espíritu vacío
y las letras rotas.


Si cualquier persona inteligente sabría 
que dentro de mí solo guardo 
unas ganas tremendas de vivir.
Y a todos les acaba asustando la vida.



martes, 5 de mayo de 2015

Ahora me parezco más a la chica que solía ser.

De veras que creí que jamás tendría que dejarte ir.

Pero llegaron tus miedos, tus prisas, tus temblores, tu mirada gélida que parecía no reconocerme. Llegaron entonces mis dudas, mis lágrimas, y finalmente, mi despedida. Después de la tuya, como siempre.
Creía que jamás volvería a ser fuerte. Creía que no podría hacerte frente. 
Creía, de veras, que volverías. Creí que no tardarías en darte cuenta.
Pero el tiempo le dio la razón a mi cordura y te solté. Como se sueltan las cosas que no quieres soltar. Me arrojé al olvido. Y me olvidé un poco de mí cuando traté de olvidarte a ti. Pero ya sabía qué riesgos corría. Sabía a qué me exponía. Y no me importó perder un trozo de mí si eso significaba dejar de sangrar.
Las noches al principio eran la peor parte del día. El dolor llamaba a mi puerta cada noche, y si no le abría, amenazaba con traerte en forma de recuerdos. Y qué forma más dañina de ir muriendo poco a poco. Creí que me quedaría atrapada en fotos en las que ni si quiera me reconocía. 
Pero aprendí a crearme. A ser, de nuevo. Desde cero.
Tuve que reconstruir cada muro que se había derrumbado. 
Y llené el hueco de tu ausencia con canciones que terminaron por hablar de todo lo que ya no tenía. Me costó, pero poco a poco ya no veía en cada mirada la tuya.
Y llegó el día en el que incluso miré a hombres que no eran tú. 
Ya no me daba miedo que alguien me sonriera.
Me sentía tan sola al principio. 
Creía que estaba mal dejar de estar triste y me castigaba a mí misma echándote de menos. 
Pero entendí que debía avanzar, seguir, y que poco a poco- como todos decían y repetían constantemente- el dolor iría desapareciendo.
No me arrepiento de habértelo dado todo aunque cuando te fueras me quedara sin nada. Y tienes que saber que tampoco he dejado de creer en el amor. Que sé que llegará una sonrisa dispuesta a luchar por la mía.
Que aunque todas tus balas apuntaran a mi pecho nunca llegaste a disparar.
No me mataste. Fui yo quien creyó haber muerto.
Así que jamás te culpes.
Yo fui quien se hundió aunque tú te quedaras callado mirando cómo me sumergía en el dolor. Y del mismo modo en el que me hundí también tuve que salir de ahí yo sola.
Tuve que olvidar muchas cosas buenas, para que la balanza se equilibrara y pesara más el dolor que todo lo que ya no tenía. Cambié las sonrisas por las lágrimas.
Y me recordé a mí misma que ya no eras la persona que me besó un otoño cualquiera.
Tuve que pensar que el chico del que me enamoré ya nunca más estaría.
Y nunca más estuviste.
Te convertiste en alguien parecido, pero ya no eras el mismo.
No te culpo. Todos tenemos que cambiar para poder seguir.
Incluso yo.
Espero de veras que tu vida ahora valga mucho más de lo que valió conmigo, que mereciera la pena dejarme atrás. Espero que avances. Y que yo me convierta también simplemente en alguien que se parece a la persona de la que estuviste enamorado (si es que alguna vez lo estuviste).
Qué suerte que tu maleta ya no lleve el peso de los dos.
Sé que no pudiste con tanto, sé que te fuiste para que yo no tuviera que marcharme.
Sé que nada de lo que diga jamás será suficiente, pero supongo que en cierto modo me alegro de que tomaras las decisión correcta. De que dejaras ir a alguien con quien ya no eras feliz, aunque ese alguien fuera yo, y me resistiera a perderte.
Y espero que cuando tu mundo vuelva a reconstruirse, cuando salgas de esa profunda oscuridad, ya no me necesites. Cuando todas tus piezas vuelvan a estar unidas, ¿Pensarás en la única pieza que ya no está?


Siento haberte hecho feliz durante el tiempo en  que lo hice.
Y siento también que yo nunca haya sido suficiente.
Quizá yo no estaba preparada para ser la mujer de tus días.
O no.
Quizá eras tú el que no estaba preparado para tenerme.
Sea como sea, ha sido lo mejor.
Ahora entiendo tu adiós.
Ahora entiendo que te marcharas.
Todas las respuestas han llegado cuando ya no me quedaban preguntas.
Perdóname por haberte dejado siempre todas mis costuras rotas
por haberte pedido siempre que te quedaras cuando quizá no querías.
De veras, perdóname por haberte regalado la lluvia más bonita del mundo.
Y por dormir esa noche en tu cama, mientras tú me dabas la espalda, mientras me pedías tiempo. Siento haber ido corriendo cada vez que me pedías ayuda.
Siento haber sido tan tonta, siento no haberme dado cuenta de que nunca 
fui
suficiente
para que fueras feliz.
Que siempre habría un pero.
Perdóname por haberme rasgado la voz cantándote todas aquellas canciones
que adorabas 
cuando era la música de mis cuerdas vocales la que les daba vida.
Siento haberte seguido con los ojos cerrados.
Siento no haberme dado cuenta de que la que quería más entre nosotros siempre fui yo.
Siento haberlo sabido des del principio.
Perdóname, por haber vivido siempre esperando que te marcharas.
Por crear los propios precipicios y lanzarme al vacío.
Por no llevar nunca casco cuando soñábamos alto.
Por haber caído y no haberme curado al instante.
Por necesitar meses para dejar de sentir
cuando para ti fue tan fácil como el paso de unos días.
Por haber ido siempre a mil por hora cuando hablábamos de futuro,
y por no aceptar jamás un no por respuesta.
Siento haberte enseñado todo lo que te enseñé.
Siento haberte pedido que no te rindieras nunca.
Siento haber sido más madura, haber pedido tanto de una relación, cuando solo éramos unos críos de dieciséis años. 
Siento haberte hecho sentir vivo.
Y siento haberte visto llorar 
con tanto sentimiento.

Supongo que era tu impotencia, 
tu manera de decirme
'Ya no te quiero y me siento culpable por no estar enamorado de ti'.
He necesitado muchísimos días, infinitas noches, para entenderte, de veras.
No entendía cómo pudiste ser capaz de dejarnos a medias.
De no hacer ni las maletas y ya estar saliendo por la puerta.
Pero he aprendido mucho en este tiempo.
Ahora me hace feliz mi vida. Ahora me siento arropada. 
Y ya no te tengo tanto miedo.
Ahora soy capaz de pensar en la felicidad sin tener que pensar en que no estás.
Y ahora sé que algún día alguien me mirará y verá en mí todo lo que quiera ser.
Me veo capaz de volver a amar.
Me veo capaz de abrazar otro cuerpo desnudo.
Y supongo que por eso he entendido que ya he escalado esa montaña; la que me impedía avanzar.
¿Sabes por qué sé que se ha consumido todo lo que un día tuvimos?
Porque te imagino siendo feliz junto a otra persona y ya no escuece.
¿Sabes por qué sé que soy feliz?
Porque estoy deseando que llegue alguien que me recuerde lo que era salir a la calle en pleno invierno sintiendo que es primavera. Alguien que me muerda el cuerpo sin dejar cicatrices. Estoy deseando ser el lugar en el que alguien quiera quedarse.
Sentirme refugiada en brazos que salven vidas. Que alguien me rescate de esta indiferencia. 


A estas alturas ya no me leerás, ya no necesitarás de mis letras
ni de mi voz
ni de mi manera tonta de decir todo lo que siento
ni de mis directrices.
Al igual que ya no necesito escribirte. Al menos ya no a tu recuerdo.

Ojalá, estés donde estés,
vayas donde vayas,
huyas donde huyas,
nunca renuncies a ti.


Y ojalá te haya dejado algo de mí que valga la pena.
Algo que mirar en el baúl de tus recuerdos.
Algo que te enseñe a afrontar la vida
de ahora en adelante,
y ser realmente un valiente superviviente.
Aunque ya no el mío. 

lunes, 4 de mayo de 2015

Solo humo y sonrisas.

Algún día tal vez vea entre tantas miradas perdidas una en la que encontrarme.
Una que se pose en silencio sobre las cuencas de mis ojos. 
Tal vez un día piense que he conocido a alguien diferente al resto.
Alguien que sepa hacia dónde va.
Alguien que me desabroche algo más que los botones de esta camisa.
Quizá alguien quiera desabrocharme la vida, contemplar la desnudez de mis palabras, encontrar en mi cuerpo algo más. Algo lo suficientemente fuerte para que cuando acabe el placer más humano llegue otro más grande: La sencillez de dos cuerpos que se abracen sin palabras. Solo humo y sonrisas. Y por qué no, unos cuantos besos más.
Alguien que me muerda las zonas de mi vida que aún nadie quiso pisar, tal vez por miedo a descubrir que soy verdadera. 
Tal vez cualquier noche de estas la cama no se abrace a mis recuerdos, sino que sea cómplice del sudor de otro cuerpo que no sea el mío.
Supongo que aunque lo niegue mil veces sigo siendo la de siempre. Esa niña insegura que buscará unos brazos que sostengan los miedos.
La cuestión es si quedará alguien detrás de este vacío dispuesto a tirarse por el precipicio. Dispuesto a aceptar mi pasado sin temerlo ni borrarlo. Capaz de contar sus mayores errores sin miedo a que mi sonrisa pueda juzgarle.

Supongo que ya no quedan de esos,
los hombres que antes de cometer
una insensatez
prefieren cometer
el delito
de perderse siempre
dentro del mismo ombligo.

Y no sé si son más mis ganas
de encontrarlo
que de encontrarme.
No sé si sabré guardar las distancias
la próxima vez que una barba de 7 días me arañe los horizontes.
Si haré un agujero en esta soledad
para que entre el próximo
dispuesto a sentir 
algo más, 
y así deje de estar todo en silencio.

Porque echo de menos sentir
que al abrir los ojos
otros me contemplan.
Y me temo que sí,
que he leído demasiados libros
en los que el amor se lleva
por bandera. 
E imagino que mi insensatez
y mi ingenuidad
esperan que sea la próxima
protagonista
de unos versos que no sepan
acabar
de una forma diferente
al gemido.



Ay, el gemido. 
El único final que me voy a permitir.
El único final feliz que existe.
 

sábado, 2 de mayo de 2015

viernes, 1 de mayo de 2015

Creer en todo es como creer en nada.

Y creo que ya no puedo creer en nada.
Porque nada es suficiente
porque toda confianza se queda corta.
Y entro en la espiral de querer y no poder,
de arañarme la espalda con miedos.
Porque giro, giro y giro
y no sé volver
al lugar de origen.


Supongo que estoy intentando evitar
la próxima caída.
Pero ya he alzado el vuelo
y cualquier persona cuerda
debería saber
que al igual que todo lo que sube baja
si hoy estoy arriba
mañana caeré.



Y qué miedo más tonto le he cogido últimamente a las caídas.
Será porque han dolido tanto
que han dejado cicatrices
que me gritan
que no las abra
otra vez.

miércoles, 29 de abril de 2015

Madrugadas eternas.






Y ya sé lo que la gente suele decir:
Algún día encontrarás a alguien
que en lugar de tocar y abrir tus cicatrices
no te hablará de ellas,
haciendo así que el tiempo
las convierta en tristes huellas
mal borradas
de un pasado al que podrás perdonar.
Pero me pregunto si algún día alguien así
llegará.
Capaz de mirarme la nuca al despertar
y levantarme la piel con versos. 
Capaz de entender mis pupilas 
sobre todo cuando estén calladas.
Me pregunto si alguien será capaz
de ver mucho más allá
de mi (no) belleza,
pudiendo contemplar así
todo aquello que no se ve,
que supongo que es
lo más bello.
Me pregunto realmente si alguien
querrá compartir cervezas conmigo
emborracharnos los sábados,
dormir y perseguir mantas y películas
muchos de los domingos
en los que el día nos invite
a no quitarnos el pijama.
Me pregunto si alguien querrá
jugar a perderse entre mi pecho
y mis porqué.
Entre el pasado
y mil historias que contar,
el misterio de conocer
poco a poco
a alguien
sin dejarte ni un rincón que recorrer.
Me pregunto si alguien me mirará
al milímetro
la piel
detectando,
pero obviando
cada pequeño defecto.
Si alguien se sorprenderá algún día
de todo aquello que jamás
dejo ver
a los demás.
Me pregunto quién estará tan loco,
como para dejarse llevar
y soltar el ancla en estos mares.
Quién estará tan cuerdo
como para definir el amor
sin hacerlo.
Quién besará tan lento
que me haga detener
todos y cada uno de los relojes de mis sueños.
Quién, quién, quién
podrá
siempre
aparcar sus miedos
en la esquina del pasado
y dejar en el presente
el poder
de soñar con un futuro
casi ausente.
Quién creerá antes de ver,
quién verá antes de saber.
Me pregunto si ha nacido alguien
capaz de no huir de mí.
De no chocarse contra los muros de esta locura
de la que jamás he podido deshacerme.
Quién está dispuesto a no creer en nada,
ni si quiera en mí.
Quién podría pronunciar mi nombre
con la suavidad suficiente
con la delicadeza suprema
con la fragilidad que caracteriza
a esas seis letras
que quieren siempre decir tanto
y se mantienen calladas. 
Me pregunto quién estaría dispuesto
a perder el norte
por este sur lleno de mar.
Quién podría dejar atrás el pasado
cerrar los libros ya leídos
comenzar a escribir los versos
de toda una vida
que aún está por llegar.
Quién destrozará todos los tópicos
y escribirá unos nuevos
en los que no necesariamente
tengamos que ser siempre los protagonistas.
Me pregunto si alguien sabrá escribir con arena
palabras eternas.
Si alguien creerá en mis pulsaciones
si se detendrá el mundo de nuevo
en un instante.
Si alguien será lo suficientemente valiente
como para enfrentarse a la muerte
sin matarse.
Como para enfrentarse a mí
sin rendirse.
Como para hablar de amor
sin asustarse.
Como para huir
pero quedándose.


lunes, 27 de abril de 2015

domingo, 26 de abril de 2015

jueves, 23 de abril de 2015

Y esto es lo que entiendo yo por poesía.

Está tumbado, como siempre, con las piernas cruzadas. Mira por encima de sus gafas. Ni si quiera sé por qué las usa. Parpadea cada tres segundos cuando fuerza la vista y su pecho sube y baja al ritmo de su respiración. Tiene poesía en las manos, literalmente.
Y sonríe de vez en cuando, cuando algún verso se le cuela en el corazón.
No se da cuenta de que le estoy mirando, piensa que sigo dormida. Y de vez en cuando levanta la vista y mira al reloj. Yo sonrío y me hago la dormida.
Susurra algún verso que no logro escuchar.
Parece que está leyendo lo más interesante del mundo. Y de repente siento celos de las letras que tocan su corazón.
Se gira, como si algo en mí le estuviera llamando. Me mira y niega con la cabeza. Después sonríe.
Y me estremezco.
'Ven, anda'.
Apoyo la cabeza en su hombro izquierdo y me besa la frente.
'Léeme'.
Niega con la cabeza. Y después ríe tímido. No le gusta leer en voz alta.
Miro suplicante sus pupilas, que acaban cediéndole el paso a las mías.
'Vale.'
Las calles están temblando, y ya ha empezado a oscurecer. Todos recogen las paradas de libros. Aún quedan parejas en la calle, besándose. Y miles de pétalos de rosa en el suelo. Y nosotros tan ajenos y a la vez partícipes del mundo, que siempre acaba girando más y más rápido.
Detenemos los segundos del reloj que nos mira desde la pared.
Parece que haya pasado una hora y ya van tres vidas.
Ni si quiera le escucho, solo veo esos labios moverse al son de las palabras que le queman la lengua y me erizan la piel. Cómo puede quedar tan bien una palabra en unos labios. Cómo puede ser tan melódica una respiración. Cómo se puede decir en voz alta lo que suele leer el corazón.
Siento que no quiero que jamás se acaben esos versos,que parecen unirnos más y más.
A menos tres centímetros. Nuestras cabezas tan juntas como nuestros labios.
Y la poesía quiere quedarse en la mesilla. Y nosotros dejamos que ocupe nuestras cabezas.
De repente, se cuela en la cama. Y nos hacemos poesía.
Y nos vemos siendo dos versos que impactan, la rima más sonora.
Y su métrica me hace enloquecer. Y le enciendo la piel.
Tres caricias por cada letra que derrama.
Somos poesía.
Ya no la fingimos ser.
Sus labios de repente parecen recitar el poema más bonito del mundo, entre los muslos de mi admiración. Y nos hacemos tan fuertes que nos creemos ganadores de una batalla que a penas hemos comenzado. Le arranco la piel. Y nos dejamos ser.
Sus clavículas parecen pedir mis labios..
Y un mordisco da pie a la guerra que ya sabemos cómo terminará.
Fundidos los dos en el mismo verso.
Cambiando la posición de nuestros signos de puntuación.
Sin más señal que la de nuestros huesos impactando.
Se le estremecen los sentidos y le miro sonreír.
De repente enseña esos dientes que acaban marcando mi cuello.
'Para que no te olvides de mí'
Como si pudiera hacerlo.
Tímida le arranco la sonrisa, contraatacando. Le muerdo en los sueños.
'Y que esto supere tus versos'
Ríe tan alto que las calles se callan.Y yo le miro tan fuerte que parece no haber nada más que sus ojos apuntando al cielo de mis gemidos.
Y de repente siento envidia del aire que puede contemplar cómo empezamos el poema que no sabremos terminar.



























Felicísimo día de Sant Jordi.


miércoles, 22 de abril de 2015

martes, 21 de abril de 2015

La cobardía vuelve a ganarme.





Ya debería estar acostumbrada a esto. 
Torpe por naturaleza. Cobarde de serie.
Te miro y se me cruzan los sentidos y de repente no sé qué decir.
Con lo difícil que es dejarme sin palabras.
Y ahí estoy.
Mírame.
Tan perdidamente sola.
Tan perdida solamente.
Queriendo alzar los brazos y agarrar un poco de ilusión.
Como sintiendo que estoy viva.
Aunque ni si quiera sepa estar.
Ya debería saber que cuando bebo, digo tonterías.
Y cuando escribo, también.
Ya sé que con un par de copas de más sería capaz de pedirte que me dejaras conocerte.
Pero siendo solo yo, aquí y ahora, me tiemblan hasta las pulsaciones.
Y tus ojos siguen sin apuntar hacia mí.
Y ahora me tiembla la voz.
Articulo tres palabras sin sentido.
Y creo que ya habrás empezado a pensar que soy tonta.
Y que ni querrías conocer a alguien como yo.
Vuelvo a mis raíces. A tirar al suelo mi esperanza y refugiarme en un pasado en el que yo no tenía miedo.
Y pienso: 'Joder, Noelia. Tú antes te habrías lanzado de cabeza y sin casco. Le habrías arrancado un par de sonrisas, le habrías pedido un baile y un café. Le habrías intentado sonreír más veces. Habrías luchado por ser quien eres.' 
Pero qué voy a decirte, si tengo miedo.
Si me da miedo asustarte.
Si me asusta darte miedo.
Si he comenzado a pensar que tu indiferencia es más grande a medida que pasan los días.
Y te vuelvo a mirar.
Y joder. Te veo tan misteriosamente guapo.
Tan escondido en ti mismo, que me da miedo asomarme.
Y descubrir en ti aún más motivos por los que quedarme.
Cómo voy a proponerte que nos perdamos
si ni si quiera querrías encontrarme.
Cómo te digo que me dejes ser yo misma.
Cómo contarte sin palabras lo que con mis gestos repito.
Cómo no van a delatarme mis mejillas, que se encienden cuando miras. 
Y pienso en qué será eso que te ronda por la mente.
En si serás simpático por compromiso.
En qué sientes cuando sientes.
Me pregunto tantas cosas sin sentido.
Como cuántas veces hace falta hablar para saber que alguien estaría dispuesto a verte con otros ojos que no sean los de un desconocido cosiendo palabras por coser. Hablando por hablar.

¿Cómo averiguo si detrás de esa pose fría existe un abrazo cálido que abrigue estas palabras?
Si ahora todo me sabe a invierno.

Si la primavera parece no haber llegado.
A ver cómo te explico yo que me siento absurda y triste por no poder hacer algo tan simple como hablarte.
Algo tan simple como arrancarte la voz con palabras.
Algo tan simple como mirarte de frente.



Y mañana será otro día.
Un día más en el que no me saldrá la voz.
Y así llegará el verano.
Y así nacerán las flores. Pero ninguna llevará mi nombre.
Y cogerás el primer barco, rumbo a la indiferencia.
Y me equivocaré de puerto, llegaré tarde.
Tan tarde que tendré el tiempo justo para ver cómo te alejas sin mirarme.
Tan tarde que la cobardía le habrá ganado el pulso de nuevo a mis ganas de besarte.


domingo, 19 de abril de 2015

Es fácil. Me refiero al sexo. Es sencillo.
Una, dos, tres noches.
Bloqueando las emociones.
Tiene que ser fácil. Claro que sí.
Lo difícil es despertarse al lado de la persona con la que te acostaste. No tener que huir nunca más de un edredón. 
Ahí está lo verdaderamente difícil.
Los anocheceres son tan fáciles.
Los amaneceres no tanto.
Y te ves a las puertas de los 20 años buscando amor.
Y te ves diferente al resto.
No eres como ellos. 
Por eso piensan que eres tonta cuando les dices que el amor es lo más importante.
Y te ves manchada de nostalgia. Cosiendo heridas. Mirando tus cicatrices como el que mira toda una vida sin sorprenderse.
Vaya.
A ver cuándo alguien es capaz de mirarme a los ojos y ver en mí más que un cuerpo.
A ver cuándo alguien me hace poesía con las manos.
A ver cuándo realmente se descubre la verdadera palabra.
La libertad de besar un cuerpo de la misma forma en que lo amas.
Llámame absurda. 
Llámame ingenua.
Pero si no vas a quererlo, no lo tomes.
Si no vas a quedarte, no vengas.
Para mí es más importante el abrir de unos ojos al despertar
que el alcohol que dé pie a una noche interminable. 
No quiero promesas de sábanas.
Esas no valen nada.
No quiero creerme un cuerpo que después me dirá algo distinto con su mirada.
Que yo no soy como las que no se atan.
Que a mí me gusta echar raíces.
Y ese es el problema.
Que con 20 años nadie quiere amar.
Pero créeme, que es por miedo.
Dicen 'Soy joven'. Pero ¿y qué?
¿Ser joven significa mirar unos ojos distintos cada fin de semana? ¿Conocer mil cuerpos? ¿Emborracharse? ¿No comprometerse con nada ni nadie?
Para mí ser joven es cometer la locura de enamorarse.
De caer.
De levantarse.
De cervezas los sábados noche y películas los domingos.
De bebernos las penas, a medias, que sientan mejor.
Soy de no darle tiempo a los créditos de las películas.
A adelantarme a cualquier movimiento.
Dejar en el sofá la vergüenza y someternos a un interrogatorio de besos. Un juramento con versos hechos poesía. Un cuerpo sobre otro cuerpo. Cosiendo heridas. 
Y ese es el problema,
que el sexo con amor es más difícil.
La delicadeza de tener en tu poder a quien más deseas
se ve envuelta de la locura de saber
que darías la vida por la persona a la que estás desnudando.


Eso es lo que realmente acojona.
El cuerpo es fácil de tapar,
el alma no.
Y una vez que te abres a alguien,
en todos los sentidos,
es difícil que después algo acabe
sin que salgas herido.
 

viernes, 17 de abril de 2015

Solo son trozos de mí que no entiendo ni yo.

He sido el fuego más latente
de todo el infierno.
He bajado y he subido.
Me he hecho la valiente.


He llorado fracasos.
He lamentado victorias.

No he llevado capa,
no he tenido superpoderes.
He sido brújula sin norte.
He sido pérdida sin compasión.
Me he arrojado al olvido,
he masticado nostalgia.
He muerto y revivido más veces
de las que podría contar.
He amado demasiado,
me he hecho demasiado daño
persiguiendo sueños
inalcanzables.
He llorado en porterías.
He besado en ascensores
y he perdido la noción del tiempo
mientras quemaba
la piel morena
de un amor que quiso marcharse.

He sido más guerrera que princesa,
he creído más en finales
que en cuentos,
porque nunca he estado preparada para ellos.
He sido hielo y he jugado a no sentir,
he besado sin querer,
he querido sin besar.
He dejado por hacer todas las cosas
que nunca me atreví a empezar.

He sido la primera en atreverse a querer
y también la última en no querer hacerlo.

.


He cosido heridas
mientras abría las mías.
Y me han llamado amor sin serlo.
Me han mentido en el pecho
me han robado el cuerpo
y lo han enterrado 
en soledad.
He jurado no creer en cosas que aún espero.

He leído versos y no he podido
dejar de pensar
en que hablaban de mí.
Aunque no fuera cierto
y el poeta ni si quiera
supiera quién soy.

He deseado miradas
que jamás volveré
a desear.
Y me he auto-engañado tantas veces
que llegué a no distinguir
si seguía quieta por seguir,
o porque realmente lo quería estar.

He subido en norias infinitas
Me he mareado dando vueltas
en las idas y venidas
de alguien que acabó echándome
de su calendario.




Al final era verdad
eso de que las promesas
cuando eres feliz 
son fáciles. 
Pero cuando llegan los problemas
se vuelven de papel.


Y al final, acabé pinchándome con mis espinas.
Miré los ojos de cien gatos
que sinceros se reían
de esta loca sin consuelo.



Y han tenido que pasar meses y meses
para darme cuenta de que yo jamás tuve miedo a estar sola.
Y que a diferencia de mi primer amor
yo no le temía a sábanas vacías,
le temía a su despedida
por no volver a ver brillar esos ojos bajo el mismo cielo.
Y al final resultó que lo único
y último
que le ataba a mí
era ese miedo infinito 
a no tener con quien pasar las horas.



Y al final me di cuenta
de que no quería ser el 
plan B de nadie.



Ni si quiera del que fue un día mi plan A,B,
y Z.



Porque habrá mil primaveras
pero si a ti te gusta el invierno,
no dejas que se te escape de las manos,
aunque te queme el calor del deseo del verano,
y el cielo te suplique que separes los dedos
para que el frío así muera
sin que quede rastro.
































Hay canciones que hemos escuchado mil veces sin saber qué significan. Yo creo que ya sé por qué me gustaba esta canción: Habla de mí. Y mis demonios.








Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...