Me han partido las alas tantas veces que ya no las necesito para volar.
Y qué suerte que sigas llevando mi rumbo.
Dolor en el tórax. Punzada aguda en el estómago. Miedo. ¿Y si vuelven a romperme? ¿Y si vuelvo a ser cobarde? ¿Qué pasará si le doy a alguien más el poder de destruirme? ¿Qué pasará si esta vez no salgo entera? Una vez estuve al borde de perderme a mí misma. Una vez casi muero en el intento de volver a ser quien era. Me da miedo volver a morir.
Te tengo miedo, te he dado el poder de acabar conmigo. Me da miedo que algún día acabes conmigo.
Porque podrías hacerlo.
Dolor en la espalda. Salen mis alas.
A veces susurran que vuele.
No quiero, no quiero estar sola. No quiero estar sin ti. Llevo demasiado tiempo esperando a que alguien como tú se volviera loco por mí.
Tú no vas a matarme.
Tú no vas a acabar conmigo.
Tú no puedes romper tu tejado, no vas a acabar conmigo, porque al tratar de acabar conmigo terminarías contigo también.
Esta no es como las batallas que hemos tenido en nuestras vidas, no, esta vez la batalla no es contra nosotros, es contra el mundo.
Esta vez no estoy herida, ahora puedo protegerte.
Yo puedo salvarte
¿Me salvarás tú también?
Tiemblo.
Me trago las lágrimas y tiemblo.
Me agarro el corazón y tiemblo.
Me miro en el reflejo y tiemblo.
Todos los miedos afloran, se deshace el silencio y un gemido de dolor me rompe la garganta. Hacía mucho tiempo que no temblaba así.
Me da miedo supongo, porque si volvieran a atravesarme no podría renacer.
Porque prometí que nadie más podría romperme y me he roto.
Porque ya no tengo las cosas tan claras.
Porque este momento es precisamente el que me recuerda por qué no quería volver a darle a nadie el poder de destruirme.
Porque me caigo otra vez y ya no hay alas que salven la distancia de mi cuerpo y el infierno.
Porque estoy siendo sincera, y sinceramente muero.
Ya no recordaba lo que es sentirse hundido. Ya no recordaba lo que era temer perder. Ya no me recordaba débil.
No me recordaba desnuda arañándome la piel.
No me recordaba sangrando.
Siempre he perdido en todos los juegos, esta vez no iba a ser menos.
Me destierro de este silencio
y vuelvo a la botella de siempre
para volcarla
y tirar encima de mí
todas las culpas.
Me siento sin ganas
ya no creo en el tiempo
siento haber descubierto
lo que sabía desde un principio,
que no era solo mía la batalla.
Que aún quedaba el recuerdo
y las ansias,
que amenazaban firmemente
con romperle todos los mapas.
Qué injusta tu balanza
cuando pasas por alto
todo lo que siempre
he dado
y equilibras nuestro presente
con tu pasado.
Un clásico. Como nosotros. Como lo nuestro. Que pasa pocas veces. Un partido en el que ninguno suele ganar. Un clásico. Que cuando se da consigue hacer estallar al mismo cielo.
Condenados al fracaso de empatar
matarnos
y renacer.
Todos nos conocen
todos saben qué somos
quiénes somos.
Todos saben que hay uniones imposibles,
que ahora tú eres ese corazón azul y rojo y yo me he convertido en una pálida bandera, que por primera vez en la historia, no tiene nada que ver con la paz.
Esta es nuestra guerra
y se ha vuelto
todo un clásico
batallarla.
Ojo al marcador.
Veintiséis en mi contra.
Y yo sólo te he metido doce.
Vuelves a ganar en este imposible.
Vuelvo a perder sin intentar,
clásico sin empates esta vez.
Fracaso en la espalda
ya no sé ni renacer.
Admito que espero que vuelvas, no he querido nunca perderte. Admito que espero que rompas este pacto de silencio absoluto y me cuentes si ya te has topado con la felicidad. Admito que no dejé de echar de menos lo que eras, aunque haya sabido en cada momento que vivía anhelando algo que ya no existía.
Admito que esperaba tu regreso mucho antes, pensaba que yo había sido esa chica a la que querías dar siempre las buenas noches, la misma a la que mimar todos los días de nuestras vidas. Creía de veras que cuando me llamabas familia era de verdad. Creía que estaría contigo, con vosotros, para siempre.
Suena egoísta, pero eres de las pocas personas a las que he podido llamar amigo. Y te echo de menos.
Sin más. A ti.
Da igual si ya no soy tu otra mitad, da igual si ya no nos importa lo que tuvimos. A veces me gustaría saber si estarías ahí si algo grave me pasara. Si vendrías esta vez a salvarme. Si me recogerías. Has sido una de las personas más importantes de mis ya casi veinte años de vida. Y se me rompe el corazón si pienso que no estarás en mi celebración. Como el año pasado, ausente.
Quizá sea injusto, sé lo que sientes porque yo también lo he sentido. Y sí, ya no estoy enamorada de ti. Pero te querré siempre por todo lo que hemos sido. Te querré aun cuando tú ya no quieras saber nada de la chica que te rompió el corazón después de que tú se lo rompieras.
En dos horas anochecerá. Será otra fría noche de otoño en la que ya no estés. Antes solíamos refugiarnos del mundo, bajo una manta, jugando, viendo la tele o hablando de nada. Aún me cuesta entender por qué renunciaste a eso.
¿Te habías cansado de mí?
Supongo que quererme no había sido fácil ni suficiente, o quizá nunca estuvieras seguro de haberte enamorado de mí. ¿Estás enamorado de mí?
Aún me duele pensar en las dudas que siempre tenías. Lo único bueno de haberte marchado es que ya no tengo que lidiar con ellas. Lo malo es que soy incapaz de perder el miedo a vivir ahora.
Me gustaba que estuvieras siempre, que me apoyaras. Que me dejaras estar ahí cuando todo te salía mal, y que me creyeras cuando te decía que al final sobrevivirías, que podrías con todo. Aunque al final no pudieras. Aunque me dejaras en el camino.
Me imagino cómo serían las cosas si siguieras aquí. Qué pasaría cuando te marcharas a estudiar a Valencia. Cómo llevaríamos la distancia. Lo libres que nos sentiríamos yendo en coche a cualquier lugar, sin tener que molestar a nadie para viajar.
Me pregunto qué habría pasado si hubiéramos dejado de lado todo, si hubiéramos conseguido aquello que siempre quisimos y jamás logramos.
Qué habría pasado si no me hubieras dejado. Habrías estado aquí. Como estabas siempre. Tendríamos un álbum más de fotos. Tres cientos recuerdos nuevos. Un futuro aún más cerca. Mis ahorros del trabajo para irnos un fin de semana fuera. Venecia a sólo seis meses de distancia.
Me pregunto qué habría pasado si hubieras estado seguro de quererme.
Pero es inútil pensar en eso, cambiaste todas las cartas cuando hace casi un año optaste por un adiós.
Ni siquiera sé por qué escribo.
Quizá es el frío, que siempre llega con nostalgia y demasiada memoria.
Qué difícil olvidar el año y los ocho meses más felices de mi vida.
Fue demasiado grande, por eso no hemos salido enteros de algo así.
Bienvenido noviembre, que llegas para partirme el pecho otra vez.
Hace un año exactamente que pasó.
Tu sorprendente frustración, esa llamada telefónica que lo cambió todo. Hace un año que algo en mí murió. Y desde entonces no ha pasado un día en el que no recuerde cómo empecé a desmontarme poco a poco. Un mes. Un mes de idas y venidas, en el que tus llamadas se hacían presentes cada noche. Hablábamos porque te hacía sentir mejor, pero ya no querías verme. De vernos casi a diario pasamos a vernos una vez a la semana. A veces ni eso. Siempre estabas triste, nunca parecía satisfacerte ninguna de las cosas que te decía. No salías del agujero. Lloré cada noche, tras colgar el teléfono. Lloraba porque sabía que había empezado el camino hacia el final. Comenzó el duelo.
Hoy hace un año que nuestra historia cambió. Pronto hará un año de aquella noche en la que dormimos juntos, pero más lejos que nunca.
Hace un año que cortaste el cable, que me apartaste. Hace un año del desastre, y si lo recuerdo hasta escuece.
Te lloro porque echo de menos lo que eras antes de convertirte en el chico que decidió que lo mejor era seguir, pero por separado.
Ahora ni tú eres el chico del que me enamoré ni yo soy la chica que lo daba todo por tu risa.
No duele la pérdida, duele el cambio. En tan poco ha pasado tanto que ni nos reconozco. Con lo que me gustaba mirarnos en esas fotografías.
Hoy no nos veo aunque nos esté mirando.
Te perdono por marcharte, pero yo nunca me perdonaré por haberte esperado tanto tiempo. Y fíjate, aun así llegaste tarde.
Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...