martes, 19 de enero de 2016


Me han partido las alas tantas veces que ya no las necesito para volar.

Y qué suerte que sigas llevando mi rumbo.

martes, 12 de enero de 2016

Dolor en el tórax. Punzada aguda en el estómago. Miedo. ¿Y si vuelven a romperme? ¿Y si vuelvo a ser cobarde? ¿Qué pasará si le doy a alguien más el poder de destruirme? ¿Qué pasará si esta vez no salgo entera? Una vez estuve al borde de perderme a mí misma. Una vez casi muero en el intento de volver a ser quien era. Me da miedo volver a morir.
Te tengo miedo, te he dado el poder de acabar conmigo. Me da miedo que algún día acabes conmigo.
Porque podrías hacerlo.
Dolor en la espalda. Salen mis alas.
A veces susurran que vuele.
No quiero, no quiero estar sola. No quiero estar sin ti. Llevo demasiado tiempo esperando a que alguien como tú se volviera loco por mí.
Tú no vas a matarme.
Tú no vas a acabar conmigo.
Tú no puedes romper tu tejado, no vas a acabar conmigo, porque al tratar de acabar conmigo terminarías contigo también.
Esta no es como las batallas que hemos tenido en nuestras vidas, no, esta vez la batalla no es contra nosotros, es contra el mundo.
Esta vez no estoy herida, ahora puedo protegerte.

Yo puedo salvarte
¿Me salvarás tú también?

lunes, 28 de diciembre de 2015

Me pregunta que qué tal estoy y yo solo sé mirarle con delicadeza, como el que admite que está mejor de lo que esperaba estar para estas fechas. Él sonríe algo ilógico, comenta que la vida le va mejor, que aún no tiene lo que ansía pero solo porque aún no sabe qué quiere exactamente. Y yo le miro desafiante, le reprocho que nunca sabe nada, que así cómo espera decidir. Sonríe, como el que recuerda algo gracioso, y yo sé que lo hace porque como ahora, ya le había dado la chapa tiempo atrás con estas cosas. Es una sonrisa de nostalgia. Una sonrisa de echaba de menos que me echaras la bronca por las decisiones que decido no tomar en mi vida. Y yo le devuelvo la sonrisa, como diciendo que sí, que yo también lo recuerdo, que debería cambiar. Pero niega con la cabeza, sigue siendo feliz en esa inocencia pura que quise tanto un día. Levanta los hombros y con una risa fingida me pregunta que cómo le va a mi corazón. No le contesto, aunque me encantaría decirle que por fin lo he amueblado, que ahora tiene vistas al mar y que alguien lo protege de las cosas externas que tiempo atrás llegaron a matarlo. En cambio le digo que no sé, que eso va a etapas, que estoy ilusionada, que vuelvo a creer en cosas que había abandonado. Que vuelvo a creer en mí aunque me había abandonado. Y él se muere un poco, lo veo en sus ojos, pero me dice que está enamorado y yo le creo, porque él nunca suele decir esas cosas y sin embargo, lo está admitiendo. Suspiro y sin templanza alguna, con el alma encogida le susurro que seguro que esta vez es la buena, que va a hacer las cosas bien. Él no lo tiene tan claro porque frunce el ceño y me responde que no, que ya no es el mismo, que ya no sabe luchar, que perdió en batalla. Me doy por aludida y le contesto que las únicas batallas que existen son las que se conforman de contrincantes, y que nosotros estábamos del mismo lado. Que éramos un equipo. Su risa ahora suena ligera, parece haberse quitado un peso de encima. Quizá solo necesitaba verme para saber que el río había pasado, que todo había fluido, que sabía vivir sin mí, que quería hacerlo. Quizá solo necesita eso. Nos despedimos con dos besos -aunque él se acerca mucho a mis labios- y siento cómo hace ademán de olerme el pelo. Recuerdos. Pasado. Pero ya no amor. No nos pudimos salvar, no nos quisimos salvar juntos. Él hundió mi barco, yo hice crecer su mar y separados , uno en cada punta del mundo, nos ahogamos. 
Dice que se alegra de haberme visto, que echa de menos reírse como lo hacía conmigo, yo le digo que ya nadie habla de los planetas y de la sinfonía de la ciencia,que avanza rápidamente. Me mira unos instantes, como el que quiere guardar un recuerdo inmortalizado para siempre. Sonrío y digo que sí, que quizá un día volveremos a vernos. Y a él le cambia el rostro, sé que va a ser la última vez que me mire así, sé que en su cabeza está la idea de borrarme, desde los cimientos más fuertes, hasta la nube que adorna su vida con mi olor.
Y está bien así.
Él no se despide, no se despide porque sabe que bañaremos un adiós con otro fingido hasta luego. 
En Barcelona el sol empieza a caer y la lluvia nos moja las pestañas. Sé que nunca más sabré de él y sin embargo siento que no me voy con un sabor amargo, sé que estamos en paz, que la guerra ha terminado. Sé que sabe que amo a alguien ya, sabe que sé que su camino está en otra parte.
Ya no nos hemos esforzado por mantenernos cerca, ya no nos hemos enganchado a esas excusas para vernos, ya no nos ahogamos en el mar ilógico de un amor que negamos que había empezado a morir hacía ya mucho tiempo.
A él le costará algo dormir esta noche. Yo quizá miro alguna foto y recuerdo las cosas buenas.
Los dos recordaremos por qué se acabó, los dos daremos respuesta a la pregunta de por qué si nos quisimos pasó lo que pasó.
Y yo responderé que él decidió por los dos cuando marchó. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

(versos) cualquiera.



Niña de mirada gélida
que consigue deshacer
mis hielos
paralelos al miedo
que me da crecer.
Niña de pasos sinceros
que endulzas hasta el viento
con tu forma de reír.
Contéstame sincera,
déjame la puerta abierta
por si vuelvo por aquí,
y me da por recitarte
todo lo que no te dije
cuando no me debí ir.
Niña de terciopelo
que eres suave
y raspas a la vez,
siempre con tu verdad por delante
dejándome sin aire
cada dos por tres.
Que sonríes a los extraños
y abres tu mundo a cualquiera,
dejas que se asomen
y nunca que se queden en él.
Niña, tú que ríes
alto y no hay música que iguale
la melodía de tu fin.
Niña, que te pienso
desde aquel noviembre gris
que aún estás aquí
y no te cansas.
Que me dejas tierno 
y te resbalas,
que no te quedas
hasta el último baile.
Que eres libre
y no te entendí.
Perdóname, niña,
por no haberte conocido
cuando pude
por no haberme dado a mí mismo
el valor
de seguir ahí,
cuando rompí las promesas
que meses atrás cosí en mis labios,
cuando por perderme
te perdí.
Niña, que llevas el invierno tatuado en la espalda
y juegas a ser escritora, una noche cualquiera,
qué tendría que hacer yo para que supieras
que el invierno es solo primavera
si no estás aquí.






Qué frío más cobarde,
que se queda en dieciséis (grados)
cuando podría estar a menos tres.
Se parece a mí. 







jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad.

Porque no ha sido el año más fácil de mi vida,
porque he tenido que dejarme la piel
asumir el cambio
y perder el miedo.
Porque he conocido y desconocido,
recuperado y desvanecido,
por mí
por el coraje y el valor
la fortaleza,
saber decir 'no', aunque duela.
Por la amistad, infinita y severa
que sigue sumando meses 
a pesar de mis tormentas.
Por el amor, que traicionero, me regaló un diciembre lleno de tristeza
y me ha devuelto un diciembre lleno de ilusiones.
Por la esperanza, que nunca se dejaba perder
hasta que decidí perderla.
Por renacer, por aquellos diecinueve inviernos que cumplí
algo sola y sin recuerdos.
Por los veinte que se acercan con promesas,
un contrato indefinido,
un nuevo trabajo
y esperanzas en un curso que ya va por la mitad.
Por esos amigos que se van sumando y 
la construcción de una amistad imperfecta
y esas birras los jueves noche
con sabor a sal.
Por mi gente, mi familia, los que quedan,
que no son muchos
pero son los justos para hacerme feliz. 
Por él, que resbaló entre la gente y se coló entre mis redes
con promesas que no quise creer aunque crea.
Por el coraje y la dificultad, por negar lo evidente
coger el timón con los dientes y no querernos anclar.
Por mí, por ese cava frío
que serviré en honor de los que se fueron
sin explicación
aquellos llamados amigos
que resultaron regalarme un quemazón
en las costillas. 
Por renacer sin miedo, por esas pautas rotas
por romper esos esquemas que encendían mi dolor.
Por darle una oportunidad a mi instinto
y recorrer el camino que antes pudo llevarme al dolor.
Por creer, después de todo, 
en el amor
y no rendirme
con nadie.
Por haber luchado siempre hasta el final
de cada historia,
por no haber abandonado
por haber sido la fuerte
y haberme armado de valor
para irme cuando sentí
humillarme ante su voz.

Por mí
por haber ayudado
por salvar sin conseguirlo
por llorar
y llorarme.
Por la verdad
aunque doliese
por haberme hecho ver
que merezco que me quieran
tanto como yo quiera.



Por mí,
por un nuevo año
en el que al fin
todo vaya sobre ruedas.
En el que haya dolor
pero lo venza su risa
que llega angelical entre las prisas.
Por todo,
para que al fin 
seamos libres
y resurja la emoción
de un bar y el olor
de los comienzos.
Por ellos que no se han ido,
por mí que sigo aquí,
por él que ha llegado
y dice que no se quiere ir.






Feliz navidad, feliz santo a todas las chicas Noelias y Natalias.
Sed felices.

lunes, 14 de diciembre de 2015

domingo, 13 de diciembre de 2015

Rota. Y por qué no.

Tiemblo.
Me trago las lágrimas y tiemblo.
Me agarro el corazón y tiemblo.
Me miro en el reflejo y tiemblo.
Todos los miedos afloran, se deshace el silencio y un gemido de dolor me rompe la garganta. Hacía mucho tiempo que no temblaba así.
Me da miedo supongo, porque si volvieran a atravesarme no podría renacer.
Porque prometí que nadie más podría romperme y me he roto.
Porque ya no tengo las cosas tan claras.
Porque este momento es precisamente el que me recuerda por qué no quería volver a darle a nadie el poder de destruirme.
Porque me caigo otra vez y ya no hay alas que salven la distancia de mi cuerpo y el infierno.
Porque estoy siendo sincera, y sinceramente muero.
Ya no recordaba lo que es sentirse hundido. Ya no recordaba lo que era temer perder. Ya no me recordaba débil.
No me recordaba desnuda arañándome la piel.
No me recordaba sangrando.

Siempre he perdido en todos los juegos, esta vez no iba a ser menos.
Me destierro de este silencio
y vuelvo a la botella de siempre
para volcarla
y tirar encima de mí
todas las culpas.

Me siento sin ganas
ya no creo en el tiempo
siento haber descubierto
lo que sabía desde un principio,
que no era solo mía la batalla.
Que aún quedaba el recuerdo
y las ansias,
que amenazaban firmemente
con romperle todos los mapas.


Qué injusta tu balanza
cuando pasas por alto
todo lo que siempre
he dado
y equilibras nuestro presente
con tu pasado.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Hoy tu madre me ha preguntado que qué tal y no he sabido preguntarle por ti.
Espero que estés bien y la tormenta al fin te haya traído la calma que esperabas.
Y si es así jamás leerás esto.
Es lo que debe ser.

Y me alegro.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Un clásico. Como nosotros. Como lo nuestro. Que pasa pocas veces. Un partido en el que ninguno suele ganar. Un clásico.  Que cuando se da consigue hacer estallar al mismo cielo.
Condenados al fracaso de empatar
matarnos
y renacer.
Todos nos conocen
todos saben qué somos
quiénes somos.
Todos saben que hay uniones imposibles,
que ahora tú eres ese corazón azul y rojo y yo me he convertido en una pálida bandera, que por primera vez en la historia, no tiene nada que ver con la paz.
Esta es nuestra guerra
y se ha vuelto
todo un clásico
batallarla.

Ojo al marcador.
Veintiséis en mi contra.
Y yo sólo te he metido doce.
Vuelves a ganar en este imposible.
Vuelvo a perder sin intentar,
clásico sin empates esta vez.
Fracaso en la espalda
ya no sé ni renacer.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Necesito que me salven.
Nunca he sabido pedir ayuda.
Ahora mi silencio no para de gritar.

Rota.
Rota.
Rota.

sábado, 14 de noviembre de 2015

No sé por qué escribo.

Admito que espero que vuelvas, no he querido nunca perderte. Admito que espero que rompas este pacto de silencio absoluto y me cuentes si ya te has topado con la felicidad. Admito que no dejé de echar de menos lo que eras, aunque haya sabido en cada momento que vivía anhelando algo que ya no existía.
Admito que esperaba tu regreso mucho antes, pensaba que yo había sido esa chica a la que querías dar siempre las buenas noches, la misma a la que mimar todos los días de nuestras vidas. Creía de veras que cuando me llamabas familia era de verdad. Creía que estaría contigo, con vosotros, para siempre.
Suena egoísta, pero eres de las pocas personas a las que he podido llamar amigo. Y te echo de menos.
Sin más. A ti.
Da igual si ya no soy tu otra mitad, da igual si ya no nos importa lo que tuvimos. A veces me gustaría saber si estarías ahí si algo grave me pasara. Si vendrías esta vez a salvarme. Si me recogerías. Has sido una de las personas más importantes de mis ya casi veinte años de vida. Y se me rompe el corazón si pienso que no estarás en mi celebración. Como el año pasado, ausente.
Quizá sea injusto, sé lo que sientes porque yo también lo he sentido. Y sí, ya no estoy enamorada de ti. Pero te querré siempre por todo lo que hemos sido. Te querré aun cuando tú ya no quieras saber nada de la chica que te rompió el corazón después de que tú se lo rompieras.
En dos horas anochecerá. Será otra fría noche de otoño en la que ya no estés. Antes solíamos refugiarnos del mundo, bajo una manta, jugando, viendo la tele o hablando de nada. Aún me cuesta entender por qué renunciaste a eso.
¿Te habías cansado de mí?
Supongo que quererme no había sido fácil ni suficiente, o quizá nunca estuvieras seguro de haberte enamorado de mí. ¿Estás enamorado de mí?
Aún me duele pensar en las dudas que siempre tenías. Lo único bueno de haberte marchado es que ya no tengo que lidiar con ellas. Lo malo es que soy incapaz de perder el miedo a vivir ahora.
Me gustaba que estuvieras siempre, que me apoyaras. Que me dejaras estar ahí cuando todo te salía mal, y que me creyeras cuando te decía que al final sobrevivirías, que podrías con todo. Aunque al final no pudieras. Aunque me dejaras en el camino.
Me imagino cómo serían las cosas si siguieras aquí. Qué pasaría cuando te marcharas a estudiar a Valencia. Cómo llevaríamos la distancia. Lo libres que nos sentiríamos yendo en coche a cualquier lugar, sin tener que molestar a nadie para viajar.
Me pregunto qué habría pasado si hubiéramos dejado de lado todo, si hubiéramos conseguido aquello que siempre quisimos y jamás logramos.
Qué habría pasado si no me hubieras dejado. Habrías estado aquí. Como estabas siempre. Tendríamos un álbum más de fotos. Tres cientos recuerdos nuevos. Un futuro aún más cerca. Mis ahorros del trabajo para irnos un fin de semana fuera. Venecia a sólo seis meses de distancia.
Me pregunto qué habría pasado si hubieras estado seguro de quererme.

Pero es inútil pensar en eso, cambiaste todas las cartas cuando hace casi un año optaste por un adiós.
Ni siquiera sé por qué escribo.

Quizá es el frío, que siempre llega con nostalgia y demasiada memoria.
Qué difícil olvidar el año y los ocho meses más felices de mi vida.

Fue demasiado grande, por eso no hemos salido enteros de algo así.
Bienvenido noviembre, que llegas para partirme el pecho otra vez.

Black.

viernes, 13 de noviembre de 2015

One year ago.

Hace un año exactamente que pasó.
Tu sorprendente frustración, esa llamada telefónica que lo cambió todo.  Hace un año que algo en mí murió. Y desde entonces no ha pasado un día en el que no recuerde cómo empecé a desmontarme poco a poco. Un mes. Un mes de idas y venidas, en el que tus llamadas se hacían presentes cada noche. Hablábamos porque te hacía sentir mejor, pero ya no querías verme. De vernos casi a diario pasamos a vernos una vez a la semana. A veces ni eso. Siempre estabas triste, nunca parecía satisfacerte ninguna de las cosas que te decía. No salías del agujero. Lloré cada noche, tras colgar el teléfono. Lloraba porque sabía que había empezado el camino hacia el final. Comenzó el duelo.
Hoy hace un año que nuestra historia cambió. Pronto hará un año de aquella noche en la que dormimos juntos, pero más lejos que nunca.

Hace un año que cortaste el cable, que me apartaste. Hace un año del desastre, y si lo recuerdo hasta escuece.
Te lloro porque echo de menos lo que eras antes de convertirte en el chico que decidió que lo mejor era seguir, pero por separado.
Ahora ni tú eres el chico del que me enamoré ni yo soy la chica que lo daba todo por tu risa.

No duele la pérdida, duele el cambio. En tan poco ha pasado tanto que ni nos reconozco. Con lo que me gustaba mirarnos en esas fotografías.
Hoy no nos veo aunque nos esté mirando.
Te perdono por marcharte, pero yo nunca me perdonaré por haberte esperado tanto tiempo. Y fíjate, aun así llegaste tarde.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Ya hemos estado aquí antes, en medio del recuerdo, justo en el desastre.






Nos hemos buscado antes
entre el sonido fino de tus cuerdas
y la línea que separa mi sonrisa de tu caos.
Ya nos hemos matado antes,
dos veranos después del accidente mortal
de tu boca mordiendo mi pecho.
Ya no sé servirme copas
siempre acaban en el suelo.
Y me pregunto qué habrá sido de nosotros,
ahora que ya no somos uno,
ahora que me pinto los labios de rojo
-porque a ti no te gustaba-
y siento que rompo tus normas.
Soy una niña
en el fondo
no he cambiado tanto
pero me gusta pensar
que al menos,
perderte me hizo más fuerte
aunque sea mentira.
Pero algo tenía que ganar tras tu partida,
ya que lo perdí todo
apostando por nosotros.



Si te sirve de consuelo nunca he sido tan cobarde como ahora.
Y si no, que le pregunten a mis ganas de querer
y mi miedo por hacerlo fuerte.
Ya no recuerdo cómo se cogía con cariño una mano,
cómo se ilusionaban las pupilas
cómo se hace el amor sin una guerra previa
más que la de dos risas batallando por el primer puesto.


Todas las camas están frías,
lo sé,
y mira que solo duermo en la mía.
Pero imagino que el invierno les ha pillado a todos por sorpresa.
Aunque ahí fuera aún lleguemos a los veinte grados
y mi corazón sea puro hielo
estoy segura que este otoño
sólo está cogiendo carrerilla.





Ya verás el susto que se pegan todos cuando empiece a nevar por todas partes
y nadie sepa que son nuestros recuerdos los que caen del cielo, en forma de rechazo.
Reivindicándose. Haciéndose un hueco en este mundo.
Haciéndose dueños del papel protagonista de nuestras vidas.
Actores
malos actores
que se juegan la vida
cada vez que aparecen en nuestros corazones.
Yo ya he intentado matar a diez. ¿Y tú, a cuántos recuerdos has intentado matar hoy?








No sé si quiero respuestas
aún me torturan preguntas.
Aún le grito al cielo
'por qué'
como si ahora, después de tanto,
tuviera las respuestas.







Puedes coger tu -nueva-guitarra e irte.
Yo me pintaré los labios.
Haremos como si no nos conociéramos,
como si fueras el vecino al que nunca saludo,
o yo fuera la chica a la que nunca viste,
aunque pasara cada día por tu lado.
Pagaremos la cuenta
y dejaremos nuestros recuerdos
en la mesa, junto las tapas que nunca comimos
y las bebidas que nunca tomamos.



Me marcho, no quiero molestarte
ya no quiero ser tu pesadilla
ni quiero que te sientas culpable
por haberme dejado en medio de un diciembre
que me supo a lastre hasta que llegó la primavera.
Ya no voy a ser más tu castigo,
puedes olvidarme si quieres,
ya lo hiciste hace tiempo
y no fue tan difícil.







Ojalá hubieras tocado para mí
ojalá hubiera brindado por ti
ojalá hubieras sido tú
o hubiera sido yo
y no un nosotros roto.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Humo.








A veces consigues rasgarme, como hoy. Me atraviesas la piel, rascas mis cicatrices, me haces sangrar. A veces puedes conmigo. A veces es contra mí. Ojalá no tuviera que haberte visto antes, ojalá no hubiera mirado esas pupilas en el momento preciso. Ojalá no te hubiera quemado la piel jamás. Ojalá no tuviera que enfrentarme a mí misma cada vez que pienso en ti. Estoy acojonada. Y es que cuando quieres decir tanto que nada te parece suficiente, de repente, ocurre esto. Colapso. Caos. Versos. Letras desordenadas que se resbalan. Se me caen de las manos.
Ahora vivo con miedo.
Enciendo mi cigarro y sé que tardará lo mismo en consumirse que tú en marcharte. Es cuestión de minutos. Como tu olvido, que fue tan repentino, que me golpeó la espalda. 
Me dejaste con lo puesto, lo demás te lo llevaste.
Me quedé muerta de frío en un diciembre que no he vuelto a mirar con los mismos ojos. Fueron las peores navidades del mundo. Tuve que sobrevivir sin tu paracaídas. Dime cómo puedo asumir en tan poco tiempo que ya nunca más vayas a volver.
Nos echo de menos.
Supongo que esto es la vida real. No será una blanca Navidad. Será una Navidad real. Con la mesa llena de espacios en los que la gente que un día fue la más importante ya no estará. Sólo queda esperar a que esos huecos dejen de doler, aprender a respirar.
Podríamos habernos conocido de nuevo. Pero te adelanto, no soy esa persona a la que amaste.
Sabía que esta nueva yo no iba a gustarte.
He tomado la decisión por ti, como tú la tomaste por mí. Mereces el amor de alguien que no se haya manchado las manos con recuerdos, que no se haya lanzado al vacío.
Mereces que te adoren
y adorar.
No rendirte.
Encontrar algo bueno ahí fuera.
Encuentra a la mejor chica, de veras, y hazla tuya.  Y no, nunca más vuelvas a decirme que jamás conocerás a alguien como yo, ni que he sido la mejor para ti, porque si me dejaste marchar supongo que fue porque yo tampoco era la mejor opción.
Así lo sentí
Así lo asumí.
Así lo superé.


Deberías verme ahora, llenándome de escudos para no volver a querer.
Me da miedo todo lo que antes hacía a modo de locura. Ya no arriesgo.
Y es tan triste no creer en nada.
Cuando me dejaste marchar descubrí que en realidad el mundo es cruel. Me vi haciéndome grande,de repente. La última vez que te besé tenía dieciocho años. Y en poco más de dos meses los veinte me atraparán. 
Ya no soy esa niña, ya nadie consigue de mí algo más de lo que yo quiera.
No creo en los hombres- y sé que hago mal, de veras que lo sé, porque aún quedan buenos, como tú- y ellos tampoco creen en mí.
Me alejo de todo en cuanto tengo un segundo, porque desde que me he perdido siento la necesidad de esconder bien mis coordenadas, para que nadie pueda salvarme.

No quiero salvarme, y eso es lo peor.
Que voy a la deriva y quiero romperme. Quizá para así aprender la lección
Tal vez para comprender que nadie va a venir a salvarme.
Que tengo que mover yo sola las caderas en medio de esa pista de baile, que no me verás graduada en  mi ansiada universidad, que ya no conocerás a mis nuevos amigos, que no habrá más regalos de navidad, ni más fotografías en esa ciudad que nos vio ser los más grandes. Ya no existirá jamás ese vínculo inocente que unía nuestros cuerpos, esa inexperiencia torpe que tropezaba en nuestras manos y caía hasta lo más profundo de mis recuerdos. Has sido lo mejor que me he pasado y también lo más doloroso. Por eso sé que una parte de mí siempre te echará de menos.
Y espero que algún día puedas hablarme. De veras espero que un día puedas abrazarme y decirme que lo tienes todo, que ya eres feliz. Ojalá necesites hablarme algún día, aunque sea para decirme que sin mí tu vida es muchísimo mejor.
Ojalá vuelvas a tener el coraje que tenías antes de mirarme a los ojos. Ojalá pudiera saber si estás bien, si estás a salvo.
Siempre nos recordaré. Algo tan puro no muere. Has sido la primera verdad de mi vida. Y aunque mi corazón se empeñara en retenerte, sé que lo mejor es que tomaras aquella decisión que te llevó tan lejos de aquí. Si no podías sostener mi mano prefería que no hubiera mentiras.






Qué difícil para ti, quererme.
Y qué fácil resultó perderme. 
Y qué tormenta mas ilógica acabó con mis versos.
La misma que no me deja acabar esto.
La misma.














Malditas despedidas. 






Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...