jueves, 13 de noviembre de 2014

Ojalá no tuvieras los ojos tristes.

El ángel se puso a llorar.
Y yo solo me quedé mirando.
Porque no sabía de qué manera se podían secar las lágrimas de un ángel.
Y me temblaba demasiado el pulso como para averiguarlo.
Así que esperé ahí sentada, sin que nadie apareciera, viendo al ángel fundirse  con sus penas. Y nadie decía nada, no había nada que decir. Pues solo aquel ángel de alas apagadas sabía cómo  volver a encenderlas.

domingo, 2 de noviembre de 2014

No sé ponerle título a lo que hoy quiero decir.



Hoy solo voy a decir que tengo las manos quemadas de tanto ponerlas en el fuego por personas que acabaron yéndose por la puerta de atrás.
Sé que me duele el pasado y que así es más difícil continuar. Pero no puedo hacer nada, es inevitable que un suspiro o una palabra vuelva a echarle alcohol a mis heridas.
Pero ya no sé llorar así que voy a respirar y coger tanto aire como pueda, para poder continuar.
Ojalá no esperen mucho de mí, porque ya no sé cuál es mi lugar. He dejado tanto por el camino que me cuesta creer que mi futuro se le parezca a lo que un día fue mi manera de hacer. De vivir. De sentir. De reír. De creer. 
El drama hecho letras hoy está aquí escrito. Aunque pocos - o nadie- lo entiendan. Aunque pidan- o no lo hagan, pero quieran- explicaciones. Hoy solo sé decir adiós con las palmas de las manos bien abiertas, porque a veces hielan mi ilusión y decide salir corriendo hacia otra dirección.
Hoy no voy a echar a suertes la manera en que quiero vivir, porque simplemente hoy solo siento que estoy delante de cuatro- o mil- caminos y no sé por dónde ir.
Si volverme cruel y despiadada y girarle la palabra a aquellos que un día me giraron la cara,
o sonreír como si nada aunque me duela en el alma. 
Si seguir haciéndome la fuerte o admitir que se me doblan las rodillas cuando a solas me dejo caer ante mi suerte. Si seguir siendo graciosa o volverme misteriosa. Si pensar en escapar a pie o volando- porque ni si quiera sé qué es lo que hace más daño.
Si atarme las alas o liberarlas. Si blanco, o quizá, negro.
Si bien, o quizá, mal.
Si real, o más bien, sueño.
Si llorar, o más bien, suspirar lento. 
Hoy solo voy a decirte que te entiendo. Persona diminuta o tal vez gigante que esté leyendo esto.
Porque yo también tengo la soledad partida en pedazos de tanto arrastarla por el suelo.
Porque yo sé lo que es cuidar a alguien y que después nadie recuerde que eras tú la persona que le lamía las heridas, que eras tú quién cuidó de él mientras los otros se alejaban. Y él sabía que lo hacían. Que huían y que  ni le miraban, y de mientras yo, agachada, cogiéndole por los hombros, cargándolo en mi espalda, fingiendo que no pesaba el dolor que llevaba.





Y entre tú y yo, sí que pesaba. 








viernes, 24 de octubre de 2014

Para el pequeño más grande.

Era apasionante contemplar el balón bajo sus pies. Con un manejo impecable, casi irreal.
Y mira que yo jamás he sido una fanática del fútbol.
Pero él con la agitación de sus piernas al elevar el balón conseguía elevarme también al cielo.
Era como un suspiro. Como una bocanada de aire fresco. Como el parpadeo de una señal que emite la luz más potente.
Nunca había visto nada igual. E incluso cuando el balón no lo tenía él, yo no podía apartar la mirada de esas dos piernas que corrían en busca de aquello que él llamaría felicidad.
Y es que pienso que cuando observas a alguien haciendo lo que más le gusta de repente te sientes la misma persona. Y por un momento he sentido esa pasión por el fútbol, esa intachable sensación de bienestar, esa relevante ocasión de sentir que una victoria no es solo ganar, sino saber que te has esforzado al máximo para llegar donde estás.
A mí nunca me ha gustado el fútbol, pero con él me gusta. Y puedo verlo sin parpadear, porque sé que la persona que está ahí es la persona que me cuida, me protege y me da aliento. Y su fuerza se convierte en mi fuerza, y una mirada des del otro lado del campo se convierte en complicidad.
Porque...¿A ti no te ha pasado nunca que conoces a una persona y de repente su vida también empieza a pertenecerte? Y poco a poco tu vida empieza a ser también suya.
Y entonces sientes el dolor que él siente, la felicidad que él muestra. Porque pasas a ser la otra mitad, el otro peso en la balanza que consigue equilibraros. Empiezas a ser importante y el balón se convierte en una motivación y tú junto a él también te elevas. Y él sonríe. Porque si marca un gol te señala, como diciendo 'Esto va por ti'. Porque si tú estás ahí él se recupera de cualquier caída.
Porque junto a la derrota tus hombros sanarán sus heridas y contra la victoria tus labios alzaran la voz para cantar su melodía.


Y es por eso que te digo, que aunque el fútbol no sea mi pasión sí que se convierte en ella cuando eres tú quien lo juega.

jueves, 23 de octubre de 2014



A veces era otoño, otras tantas fui invierno.
Y siempre nevaba.
Caían los copos con tanta facilidad que parecían
existir solo para ello.
Caer.
Qué ironía tan trágica de la vida,
existir para ser,
y ser para después morir.
Supongo que por eso cada persona tiene su estación favorita.
Porque al igual que unos aman el verano y su calor,
otros la primavera y sus flores,
otros el otoño y su grisácea luz,
yo adoro el frío que un invierno te regala,
porque se hace lento y resbala,
y a mí me gustan las cosas que van lentas.
Me gusta pensar en  cosas a las que no poder escribir un final.
Como por ejemplo, este texto estúpido.
Como por ejemplo, esta frase ilógica.
Como por ejemplo, estas ganas locas que tengo de tenerte aquí. 


martes, 21 de octubre de 2014

No-pensamientos de tardes bohemias.

Cuando tienes tantas cosas que decir ninguna palabra es buena para transmitir lo que llevas dentro.
Es el síndrome del escritor, simplemente decir algo que se le parece. Pero nunca será lo que es.
Por eso hoy voy a decir que te echo de menos, aunque no sea cierto. Porque una parte de mí así lo piensa. Quizá ya no aparezcan cicatrices y no duelas, pero es extraño mirar cómo pasa el tiempo y no das señales de vida, ni de humo, ni de risa.
Quizá un día al encontrarnos finjas que soy una vieja conocida, y que no me pega la palabra amiga, y así puedas saludarme sin la incomodidad de un ' ¿Qué? ¿Cómo te va la vida?'. Porque no apetece saber que alguien puede prescindir de ti y seguir adelante.
Sí, es cierto. Tampoco seremos los mismos. Tampoco serán estos tiempos. Tampoco estará este rencor. Solo el recuerdo precipitándose hacia nuestros gestos, imitando el ligero pensamiento que nos atormenta, y que nos hará decir esas palabras tan increíblemente ingenuas e hipócritas: 'Espero-que-todo-te-vaya-bien'. Y una mierda.
Porque todas las personas de este planeta esperamos que nos necesiten, porque necesitamos sentirnos importantes, y porque no podemos aceptar que alguien pueda echar la vista a un lado y continuar sin derramar ni una lágrima. Ni una lágrima por nosotros.


Es por eso que te echo de menos, ya sabes,no porque lo haga realmente,
sino porque el pasado me dice 'Eh, Noelia, recuérdale que fuiste importante'. 
Y así lo hago, y así lo escribo, y así lo leerías - si lo leyeras-.
Y sí, pensarás, qué puta la vida. Y qué vienes a contarme tú ahora.
Y yo te diré que solo son delirios, porque hoy me siento bohemia, y creo que aún sé esconderme en el humo de tus recuerdos.

Pero no me hagas caso, quizá escribo y no pienso, o lo que pienso no lo escribo.
Y nos quedaremos con la duda de qué quiero decir al decir lo que digo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Tantas son las cosas que dejamos atrás...(Despedida BS)

He pasado toda mi vida creyendo que tenía que ser de cierto modo para encajar en algún lugar. Y me he dado cuenta de que en realidad no hacía falta nada más que ser yo misma. Ahora lo sé.
Me he culpado tantas veces por cosas que no eran mi culpa que solo el cielo sabe las lágrimas injustas que he derramado. Quizá creas en mí como lo que pensaste conocer, pero lo cierto es que tal vez yo era la única que aún no se había conocido.

Os dejé atrás. A vosotras. Mis dos almas alocadas que me acompañaron durante 4, 5...¿6 años?. A vosotras, que creía deberos todo.
Estaba equivocada y no me he dado cuenta hasta que he tenido que labrar mi propio camino. Aquella Noelia de quince años habría llorado y se habría hundido ante todo esto, pero lo cierto es que me he convertido en una persona que asume los golpes y las señales de la vida. Debía dejaros atrás para ser feliz y ahora lo sé.
No podía vivir a vuestro lado, no podía quereros si de vuestra parte faltaban muchas piezas. 

Y claro que os he echado de menos, pero no como quien quiere volver, sino como quien quiere alejarse de aquello que le ahoga el alma.
A ti, B, quizá te vuelva a ver. Dentro de muchos años y de muchas risas, quizá vuelva a saludarte con más que un 'hola'. Quizá algún día me cuentes que alguien te ama de verdad y hayas dejado atrás todas tus inseguridades, tus miedos y sobretodo..tu 'Sé que a veces me dejo llevar...' Quizá encuentres amigas que te aprecien tanto y ayuden de la manera en que lo hice yo. Sabes de sobras que a pesar de estar cabreada, y pensar en lo injusta que has sido, siempre tendrás un hueco en mi corazón. Un hueco que nadie ocupará, porque nadie puede sustituir jamás a las personas que pasan por nuestras vidas, pero un hueco que no tendrá lugar ya en mis noches tristes.
Y a ti, S, qué podría decirte. Hoy sumas un año a tu vida, quizá un año especial, porque los dieciocho no se cumplen todos los días, pero de cierto modo no me arrepiento ni me siento culpable por no estar.
Tú también merecías saber lo que era una vida sin mí. Unas espaldas descubiertas que ya no puedo, ni quiero, ni debo cubrir. Conocerás a otras personas y quizá, o eso espero, esta vez, lo sepas hacer bien. Confío en que mi adiós solo te ha hecho más fuerte. Aprovecha esto, es una oportunidad que te he ofrecido de arreglar el pasado, pero no conmigo, nosotras ya no lo necesitamos, sino de arreglarlo contigo misma y saber perdonarte. La vida te perdonó en el momento en que asumimos que estar juntas ya no era lo correcto, ni lo que ansiábamos. Perdónate tú también. Sé que a veces no lo haces.


Si leéis esto, chicas, que lo dudo,
tenéis que saber que un día dentro de mi mundo fuisteis lo más grande. Y que os he perdonado, ya no doléis. Haceos un hueco en el mundo y creced en él.
Lo haréis bien.
No es un 'Hasta nunca', tampoco un 'Hasta luego', yo solo espero que la vida os lleve por el camino que os haga más felices.

Es un 'Hasta que la vida quiera que nos encontremos'.




Adiós, agridulce pasado.

jueves, 25 de septiembre de 2014

A mí no me importan los rasguños si son tus ganas las que los hacen. Todas esas grietas en el alma que no saben dónde caer. Los agujeros en mis pestañas de la lluvia de tus sueños en forma de gotas que se colaron en mi vida.
A mí no me cambies de tema; que ya sabes que me pierdo si no es contigo. Si es sin ti.
Déjate de tonterías, te estoy hablando de amor.
De agarrarse en las curvas y soltarse en las rampas. De destrozarse a versos y amarrarse a besos.
De dejarse llevar sin quererlo.
De ponerse el cinturón solo a veces.
De amar con todas las letras y sin dejarnos sílabas.
De joder. Pero joder al otro a cosquillas.



No me vengas ahora con que hablo de poesía.
Ya sabes que nunca he podido comparar con nada el sonido de tu risa.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tú eres estación y poesía.




Yo no sé mucho de poesía pero sé de tus brazos rodeando mi mundo y balanceándolo a tu gusto. Sé del polvo que jamás llegó a estar sucio, y de las camisas descosidas y rotas de mi armario.
Yo no sé mucho de versos, pero sé de besos,
de mordiscos prudentes, de caricias inertes,
de sonrisas partidas, de alegrías al verte.
Sé de montañas rusas y de sentirme así a tu lado,
de brotar felices y escapar de la suerte.
Sé de la fortuna que significa tenerte. 
De explicarnos sueños tontos
inexistentes.
De calmarte con dosis de terciopelo
atropellado por mis ganas de quererte.
Llámame loca.
Por no saber, quizá, nada de la poesía.
Pero dime tú si esos ojos no eran melodía.
Dime si al perderte nadie moriría.
Si con tenerte no se necesitan rimas
porque salen solas cuando apareces.
Yo no sé mucho de poesía
pero sé lo que es el invierno
y se parece a sentarnos sin fuego,
ni calor,
más que los roces de dos cuerpos que se buscan
sin encontrarse.
Del lento palpitar de mis versos
cuando se cruzan en tus labios
y pronuncias con dulzura
esas seis letras que forman mi nombre.
Entonces muero
Y tú te haces poesía
y entonces me conozco
y sé que eres hielo
pero fuego,
que eres ceniza,
pero intensa.
Que no desapareces
porque brillas
y que no te marchas
ni suspiras
ni te quedas
ni vacilas
solo esperas
a que un día,
sin venir a cuento
cualquier estación
se convierta en
i n v i e r n o. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014



 Yo creo que con el tiempo nos hacemos más fuertes.
Y que derrumbarse acaba convirtiéndose solo en una opción.
Si de verdad queremos algo no nos daremos por vencidos tan fácilmente.
Y si lo hacemos es porque en el fondo sabemos que en realidad no lo deseábamos tanto.

viernes, 8 de agosto de 2014

(casual)idades.



Casual sería haberse conocido de imprevisto.
Destino se llama aquello que hizo que a pesar de todo, o a pesar de nada, acabáramos chocando con sonrisas. Lamiendo nuestras heridas. Soplando velas que no ardían.
Llámalo casualidad. Pero yo sé que no lo fue. Porque no existen las casualidades bonitas, y tú vestido con esa sudadera gris lo eras. 




jueves, 31 de julio de 2014

Lo cierto es que hay tempestades mucho más fuertes que oleadas inmensas de un calor seco y áspero.
Quizá yo solo sea la diferencia que juguetea y mueve tu mundo entre tanta calor.
Seré tu invierno favorito cuando me dejes entrar. Y los pequeños copos ilusionados te empaparán el corazón. Y entonces llegará el día en que la tempestad se haga contigo y ya no querrás que pase el invierno...
Aunque sea frío.
Aunque se necesite abrigo.
Porque estarás conmigo.

martes, 29 de julio de 2014

Desechos de una noche nublada.

Ya no me dan miedo esas pequeñas cosas que antes sí; como el olvido y sus paradójicos recuerdos, que acechaban cada vez que veían en mí la oportunidad de hacerlo.
Supongo que estiré los brazos y me dejé llevar. Caí hacia la libertad precipitadamente.
Me dejé sentir. Y me dejé rodar.
Si me vieras ahora estarías orgullosa de mí. O no. Quizá nunca lo estuvieras.
El caso es que aprendí a hacerte invisible y arrinconar los más oscuros detalles de ti. A la luz ya no sé verte y eso me alivia. Porque he dejado de molestarme en ocultar lo que soy y he pasado a ser lo que nunca me dejaste ser. Ahora no podrías reconocerme. Piensas que cambié pero en realidad esta es la que he sido siempre, el caso es que tú no me quisiste conocer.
Creo, por eso, que la que salió ganando fui yo. Porque conseguí saber quién eras aunque tú no pudieras ver quién fui.
Al fin y al cabo no somos tan distintas, tú querías todo lo que yo tenía y yo nunca ansié todo lo que me robaste. Ni mi tiempo, ni consejos, ni la velocidad imparable de los años y momentos que nos separaron al final. No me arrepiento ni de las cosas malas. Y quizá tú sí lo hagas. Pero yo me he cansado de echar de menos a alguien que nunca ha existido, y de adorar algo que en realidad detesto. De hacerle creer a todo el mundo que yo podía salvarte. Salvarnos. Estábamos perdidas. La palabra amistad se nos fue, se nos fue bien lejos, de las manos. Y ninguna hizo nada para evitarlo porque ya ninguna quería seguir así.
A diferencia de ti yo no atrincheré a nadie.
Pero tus palabras hicieron prisioneros a muchos que antes también adoraban mi forma de reír. 

Con el tiempo todos aquellos que hayan creído que cambiaste sabrán que es un nuevo disfraz con el que acomplejar. Lo bueno es que yo ya estoy en la tierra y jamás tendré que fingir echarte de menos. Porque en realidad ahora no tengo que molestarme en ver si soy feliz o no, porque eso no dependerá de tu estado de ánimo o de lo que teníamos.
Se acabó el sentirme culpable porque las cosas me vayan bien, y se acabó el sentir que te debo la vida solo porque me sentía triste y estuviste ahí.
Tienes razón, fuiste importante.
Pero si el verbo está en pasado no es cosa de la casualidad.
Cada una partirá en direcciones contrarias y si el mundo en realidad es redondo nos volveremos a encontrar. Si lo hacemos espero que en tu vida haya habido suerte, y sino, desde la distancia, algún día te nombraré y explicaré quién fuiste y quién fui.
No habrá rencor en mis palabras solo rabia de no haber sido capaz de decir mucho antes lo triste que me sentí esas tardes en que la culpa parecía ser mi apellido y parecía dispararte a ti.  

viernes, 18 de julio de 2014

Yo soy una tormenta. Llego, solo a veces, y revoluciono tu vida, escondiéndote los miedos y dándote motivos para seguir. Y en cambio, a veces, el sol me echa y sin saber adónde ir, juego a desaparecer de tus días, por si un día te cansas de lluvia, y de mí. 

miércoles, 2 de julio de 2014

En ese preciso momento solté el papel y el corazón se me hizo pedazos. En un rincón oscuro y perdido de mi mente yo sabía aquello desde hacía muchísimo tiempo, porque la intuición femenina siempre recorre lugares insospechados. Pero...ver que algo es real hace al dolor real consigo. 
No puedo explicar qué se siente cuando te quedas sin oxígeno, y se te olvida cómo respirar. Cuando no puedes fijar la mirada en nada, porque todo lo ves borroso, o incluso explicaros por qué te pones a temblar.
En esos momentos uno solo quiere que la tierra se lo trague, y luego lo escupa.
Pierdes la razón y el corazón, y la noción del ritmo de tu vida, que de repente se para y te mira, como pidiendo explicaciones. Y tú te quedas callado, sin saber responder. Sin saber responderle. Y piensas que quizá exageres. Pero no lo haces, porque el dolor está ahí. Y no es algo que hayas imaginado, es algo que está vivo y que vive contigo.
Es cierto que aquello malo trajo algo bueno.
Pero aún se me encoge el alma si pienso en ello.

Ya me gustaría

 Es casi inconsciente este pensamiento recurrente que me atraviesa. Me cuento y les cuento que no es para tanto y lo cierto es que soy dos p...