miércoles, 23 de mayo de 2018

"...diría que dentro de muchos años"


He estado leyendo antiguas entradas del blog; muy antiguas. Y sí, he terminado llorando. No por nada, sé que esas letras forman parte del pasado, pero he sentido que sigo siendo la misma chica que era, después de tanto tiempo. A pesar de todo lo que me ha pasado estos años.
Recuerdo que este blog lo comencé- más o menos- en primero de bachillerato. Casi seis años después sigo tecleando en esta página en blanco. ¿No es increíble?
Tenía dieciséis y ahora tengo veintidós. Sin embargo, parezco la misma. Me miro en el espejo y me reconozco tan bien...

He leído una frase que me ha hecho sonreír. Hace unos años escribí: Si ahora me preguntaran cuándo me gustaría conocerte, diría que dentro de muchos años. Ni siquiera lees estas líneas ya, ni siquiera sabes que estaba hablando de ti en aquel texto de hace -probablemente- tres años, pero me resulta impresionante que después de tanto tiempo mi yo pasado ya pensara eso. Que quizá el momento de volver a conocernos estaba en un futuro remoto e impreciso. Conocernos, sí. Porque aunque nos conozcamos de siempre, y seamos en el fondo aquellos que éramos, han pasado tantos ríos por nuestras vidas que es imposible que hayamos permanecido intactos: Probablemente seamos más fuertes, más maduros, más auténticos, menos torpes y estemos más locos. Puede ser que sigamos teniendo miedos, pero ya no baches, ni tropiezos. 
Te he mirado a los ojos y sigues siendo el mismo. Me he mirado en el espejo y sigo pareciendo yo.
Y lo más importante es que me siento bien cuando te escucho hablar sobre cualquier cosa. 
No ha pasado tanto tiempo, ¿no? Ahora ya no parecen tantas vidas. Ahora ya no parece que estés tan lejos, ahora parecemos adultos con cabeza de niños, personas que no han cambiado mucho aunque su entorno haya girado demasiado.

Me hizo gracia que me preguntaras si me molestaban los abrazos. ¿Cómo me va a molestar un abrazo? ¿Cómo va a hacerme sentir incómoda el apoyo de alguien que necesité y en el que pensé tanto durante tanto tiempo? Estás loco si crees que fue fácil acostumbrarme a no tener tus locuras, tus idas y venidas, tus manías y tus aventuras. Que me acostumbrara a vivir sin ti - como también hiciste tú- no significa que fuera fácil, ni tampoco que olvidara tu nombre. Siempre has estado ahí, en el rincón más oculto, sombrío y cálido de mí. En esa chica que pedía a gritos volver a salir de mi cuerpo y volver a volar. 

Qué locura, escribir esto a estas horas, y a ti. Si ni siquiera recordabas el nombre de este blog cuando hablamos el otro día. Madre mía, cuánto tiempo hace que no me lees. Cuánto te perdiste de mí. Me imagino que te escribo porque es la forma de decir lo que pienso sabiendo que posiblemente nunca vuelvas a leerme aquí.
¿Cómo ibas a recordar este link si nos empeñamos en borrarnos del mapa? 
¿Cómo ibas a querer leer a alguien que había sido cómplice de tu desengaño? A esa chica que ya no podías ver más, ni querer más, ni hablar más.

Me alegro de haberte podido ver, hablar contigo. 
Me alegro de volver a reír.
De contarte lo que soy y que me apoyes. 
Aún tenemos sueños parecidos a los que proclamábamos a los dieciséis (bueno, tú diecisiete). 

Me ha hecho ilusión volver a escuchar tu voz,
por suerte ya no eres un recuerdo oxidado y perdido en mí,
eres la viva imagen de esas pequeñas cosas que vuelan,
la sinfonía de un mayo que parece no ir mal del todo,
eres el compañero que me dio alas hace ya mucho tiempo,
el que vuelve a sonreír desde el otro lado. 


Hice bien en salir a buscarte,
piensen lo que piensen, 
diga lo que diga esta loca con dos copas de más,
hice bien en volver a preguntarte,
en perdonarme a mí misma,
en atreverme a sonreírte sabiendo que podías pensar mal- fatal- de mí.

Me alegra que sigas pensando que vale la pena ser mi amigo,
me alegra que sigas sintiendo que merece la pena volver a escribirme,
a divagar, a charlar sobre mil locuras.

Me alegra que sigas siendo tan tú,
dentro de ese chico que por fin es feliz y ha conseguido todo lo que quería.
Te lo dije una vez, pero no sabes lo orgullosa que me siento de que por fin estés donde querías
y que yo, además, pueda verlo. 



Al final comprendiste que no te mentí
al llamarte superviviente,
porque ahora sonríes 
y vives,
estudias,
sales,
vuelas,
juegas
y sientes.
Sobreviviste al dolor, al caos, a la desesperanza, 
a nuestra lejanía.


Y por fin veo cómo has crecido,
aunque estuvieras distante, lejos, borroso, mientras lo hacías;
por fin veo cómo te has convertido
en la proyección de todo lo que anhelabas. 


Ha llegado ese dentro de muchos años y me has acogido en tu abrazo.

Ya es más de lo que jamás podría haber imaginado después de ese Apocalipsis que fue tan mío como  tuyo. 


Ojalá nunca nada pueda echarnos de nuevo
de nuestras vidas. 











viernes, 18 de mayo de 2018

Corto, el tiempo.

Te vi y no parecía que hubiésemos pasado tres vidas sin mirarnos.
Parecía que justo todo empezaba en el punto en que se quedó:
A la espera del todo.
Te he sentido como siempre
y eso es lo que más me gusta;
que vuelves a estar cerca,
que vuelvo a ser yo.

No te voy a mentir,
no a ti;
Esperaba que esto pasara algún día.
Solo tenerte justo delante
para poder oírte
contar historias
inacabables.
Para que se nos quedara corto el tiempo;
tenerte delante
y sentir que somos los de siempre
en un mundo que ahora es totalmente diferente.


¿Y tú? ¿Cómo te sientes?


¿En qué piensas tú?

Un huracán lo revuelve todo mientras me miro las manos, nerviosa. ¿Que en qué pienso?  Difícil pregunta. Pienso en que sigues camina...