Te miro y desnudo eres digno de permanecer inmóvil para siempre, posando, contra mi pecho, que sube y baja manteniendo la respiración cuando te mira. Te acercas con el pecado entre los dientes, te arrastro hasta mi hogar. Aquí eres tú mismo. Aquí soy yo misma y las sábanas cubren todos los silencios. De repente ya no me das miedo, no existe un pasado al que anclarse, solo del que aprender. No me pones las cosas fáciles pero sí haces que supere cualquier cosa que llegue después, y eso me encanta. Mira qué garganta, ahí pienso dejar huella. Y ahí, ahí, ahí y ahí.
No sé dónde te habías escondido antes de encontrarme, pero sin duda has tardado diecinueve inviernos en volver. Estabas guapo en nuestra anterior vida, y sé que esta no va a ser la última vez que te vea,  volverás mil vidas después.
Aquí somos ángeles inmortales.

Aquí somos eternos
así que
por esta noche,
si me lo permites
no seré efímera
seré tuya
seré mía
seré nuestro
aquí
ahora
y después.

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