martes, 8 de diciembre de 2015

Comes de mis guerras.

Y así es como tu saludo
cayó sobre mi tristeza,
abriéndose fuerte
haciéndose un hueco entre la
melancolía.
Tapaste mi boca con tus labios
para que no conjugara mi vida en pasado,
yo fabriqué risas y te las dejé en la puerta
por si te volvían las ganas de ser feliz.
Después de aquello no hubo mejor apuesta,
te reté a sentir sin coherencia,
y acabamos por sentir.
No les di tiempo a aparecer,
no hubo etiquetas
y le puse tu nombre al presente.
Nunca te haré una promesa,
y es cierto
paso de sentenciar nuestras prosas
con versos siniestros.

Esta noche voy a sacudir tus miedos
centrifugar tu voz
y si queda tiempo
ponerle tu nombre al colchón
por si hoy también nos da
por querernos.

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