lunes, 7 de diciembre de 2015

364.


Escribo esto un día antes de que se cumpla un año de tu partida, porque mañana será demasiado evidente. Supongo que sobreviví. Recuerdo aquel día a la perfección, por aquel entonces tú estabas conmigo porque no querías estar sin mí, pero no podías quererme como yo a ti sí. Me conformaba con tus llamadas a destiempo, llorando, atemorizada, esperando el inevitable final. Confieso que esperaba algo más triunfal y dramático, no fue un final justo para nuestra historia. Me sentaste en un banco, a dos minutos de mi casa. Empezaste el discurso sin mirarme a la cara, habías ensayado cada una de las palabras que en forma de monólogo interno se deslizaban hasta mi oído.
Parecía que habíamos planificado aquel final, como si lo mereciéramos, o fuera lo que debíamos hacer.
Yo me recuerdo inmóvil, con la lengua rozando mi paladar, sin creer tus palabras, esperando el final del diálogo que mantenías solo.
Lo primero que dije fue algo asi como que yo no podía obligarle a seguir en un sitio donde ya no era feliz, pero que lo pensara bien, que si escribía la palabra fin jamás volvería a escribirse la historia.
Aquella tarde cogí mi cámara y me grabé montando el árbol de navidad. Me negué a llorar durante toda la tarde, hasta que me metí en la ducha. El agua caía al compás de mis lágrimas. Sabía que era el principio del fin.
Aquel día no solo te perdí a ti,
perdí algo que jamás volveré a tener: Fe infantil, mirada de niña, inocencia.
Parece mentira que hayan pasado 364 días, que yo siga teniendo las mismas manos, los mismos ojos, la misma habitación, los mismos amigos, y todo haya cambiado tanto.
Pareció tan fácil en aquel entonces abandonarme. Fueron las navidades más infelices del mundo.
Lloraba porque no encontraba el modo de encontrarme.
Hasta que me encontré.
Sé que ambos hemos cambiado mucho, yo he vuelto a ser la chica de los sueños y las luciérnagas insensatas, y me he enterado -sin querer- de que vuelves a sonreír. Me alegro de que así sea. Renace, vuelve a ser el chico del que me enamoré para que otra mujer pueda hacerlo como hice yo. Ojalá no te equivoques como yo, que no tengas que pasar por la humillación y todos los errores que cometí en tu ausencia. Ojalá no tengas que abandonarte a ti mismo para reencontrarte. Ojalá no enciendas un cigarro ni te abandones al sexo sin amor. Porque la caída es peor.

A veces me preguntaba que por qué recibía el castigo de verte marchar. Con el tiempo descubrí que era solo una manera de ser más fuerte. De entender qué era lo que merecía. Qué jamás volvería a soportar de nadie.
Ojalá tú te quedaras con lo mejor de mí
lo hice lo mejor que supe
hasta que te fuiste.

Sé feliz como no fuiste conmigo,
ya va siendo hora de que no te conformes.

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