Desconchada la pared de mi silencio.

Terciopelo rasgado, me atropellan tus preguntas, no sé decirte nada.
Me apunto al ejército de hombres que te siguen cuando te haces llamar justicia.
Y te quiero porque te admiro,
no al revés.
Aunque sigas creyendo que no has sido mi ángel, cuando el único que apareció eres tú, después de mí.
Estos versos solo dicen tonterías,
pero pocas veces he dicho algo tan cierto,
como lo poco que cabe en este poema.

Tú nunca me verás y yo siempre estaré mirando, ese es el resumen.
Y que te mueres por oír a mi boca decir lo que mis ojos le contaron a tus párpados hace tiempo.
Que volví sin miedo a por ti,
y eso hasta un ciego podría verlo.

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