Confesiones de papel.

Y entre tanta gente,
entre el sonido de aquella mítica voz,
te miraba.
Eras tan niño cantando, tan inocente,
con los ojos clavados en ese momento,
que te habría abrazado hasta consumirte.
Eras la única persona del mundo
con la que habría pisado aquella sala,
no podría haber sido feliz de otro modo.

Es tan justo que estés ahora,
después de tanto,
y me mires asombrado,
recojas mis silencios,
que me llames torpe,
y te hagas poeta entre
los versos de mis piernas.

Magia es la palabra que llevas entre
los dientes
y no valen trucos baratos
contigo es verdad,
no hay otro modo
de mirar.

Me das tanto miedo, le temo tanto
a ese momento,
que no querré que te vayas nunca
ahora que quedarte es la derrota
que he convertido en victoria,
hazte mío y no te caerás nunca,
porque te sujetaría incluso cuando
no lo merecieras.

Hazme lo que quieras,
menos daño.
De verdad que siempre he creído
que estábamos cortados por el mismo
patrón.
Y ahora sé que era inevitable
chocarnos en aquellas vías,
volver a conocernos después del dolor,
hacernos un hueco, lentos,
en todos los inviernos que huelen
a color.

Dijiste: "Tratando de enamorarte he acabado enamorándome yo".
Y yo hoy te digo: "Admitir lo que sentía ha sido lo más difícil, creía que estaba mal quererte, y aun así lo hacía".

Qué torpes silencios tropezando con nuestras verdades.
Ahora que estás aquí lo más difícil es pasado.
Y sólo voy a taparte la boca con besos,
partirte los miedos con sueños.
Sólo sé agradecerte que vinieras
cuando no sabía ni yo que necesitaba
que volvieras.
Porque ha sido difícil asumir que empezaba a quererte, pero dicen que las mejores historias nunca empiezan
con facilidad.

Gracias
por quedarte
y perdonar
esta locura
que nos envuelve.
Tendría que darme tanto
vértigo tenerte
y sin embargo



te quiero.

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