Últimamente hablo de ti.

No hablabas en serio, sé que perdiste las coordenadas. En mí te sentías seguro, al cien por cien.
Eras tú mismo, caía tu capa. Reías desconsolado. Y tu esporádico vuelo acompañaba el mío.
Éramos polos parecidos, rebelándonos a cada reto.
Torcidos, como los cuadros mal puestos. Torpes por naturaleza.
Conmigo sentías esa libertad en el pecho,
podías reírte conmigo haciendo que te reías de mí
y eso no puedes hacerlo con cualquiera.
No, hoy no.
Éramos tan sumamente inoportunos, desinteresados, descarados, indiscretos,
que no nos importaba comernos el miedo de vez en cuando
mientras nos dejábamos un poco de él en el bolsillo.
Eso sí, nunca pasaríamos de la fase del juego.
Nunca llamaríamos amor a ese inconcreto e incompleto sentido que empezaba a darnos golpes en la conciencia.
Éramos el mayor reto, situados justo en medio, entre lo que no debíamos sentir, lo que sentíamos, y lo que jamás podríamos ser.
Condenados a ser dos almas impares buscándose en silencio,
mientras nos vemos naufragando en cada intento.
Roce mínimo de mejillas, seguido del aleteo de tus dedos buscando a tientas un lugar en el que no sentir más que placer.
Perdidos en la nostalgia de querer querer sin quererlo, y no querer quererlo más por querer.
Perdida en tus mil brújulas sin que ni una sola señale la dirección que seguir,
adivinándote la mente.
Aceptando las derrotas y el rechazo de la tropa de tus ojos.

Dos contra uno. Tu orgullo te acompañará, eso lo sé.
Y yo vengo totalmente desarmada.
Ante ti ningún arma podría ser buena idea.




Señales de humo. Veo desde el pasado un motivo por el que adorar un presente en el que estés. En formato 'indiferencia', o 'total certeza de que eres algo más de lo que creía'.
Me dejas K.O cada vez que te acercas.
Y sin embargo voy a decir, por lo bajo, que no eres nada. Mintiéndote.
Mintiéndome.
Mintiéndonos.
Al fin y al cabo eres de los pocos que se quedó cuando me desnudé el alma.

Solo tú viste lo bueno que había en mí cuando ni yo me atrevía a mirarme en el espejo.
Te diré mil veces que no, pero tienes mucho que ver con que empezara a salir del pozo en el que me dejaron.
Y te estaré eternamente agradecida.





Aunque tú nunca vayas a leerme
a entender esto
a quedarte
a decirme nada.
Simplemente debías saber que no solo fui yo la que te ayudó a superar algo,
tú me lo devolviste todo en formato esperanza.


Esperanza de volver a vivir siendo la niña que era.
Si yo sacaba el niño que hay en ti,
deberías dar por hecho que la niña que hay en mí
solo se ríe si tu sentido del humor le araña un poco el corazón.



Aunque todo sea en vano.
Aunque el miedo guarde cicatrices.
Y solo seamos un par de desarmados,
en un desierto de hielo, tristes.


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